EN TORNO AL IV CENTENARIO DEL GRECO (1541-1614). LAS ARTES EN NAVARRA EN LA ÉPOCA DEL GRECO

4 de septiembre 2013

De mecenas y artistas
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

El desarrollo y evolución de las artes en Navarra durante la presencia del Greco en España (1577-1614), al igual que en otros focos periféricos peninsulares, fueron de una gran intensidad, merced a la actuación de unos promotores y mecenas con nuevos gustos y a la presencia de artistas de primera talla que dejaron una impronta y gran influencia en las artes a lo largo del tiempo. Si a ello sumamos la aplicación del decreto de imágenes del Concilio de Trento a través de la publicación de las Constituciones Sinodales del obispado de Pamplona (1590-1591) y de las visitas pastorales por los prelados de Pamplona, Tarazona, Zaragoza y Calahorra, nos encontramos con un auténtico frenesí constructivo de obras de todo género y tipología, que difícilmente tiene parangón en otros momentos históricos. Retablos de escultura y pintura, piezas de orfebrería, bordados, cajoneras y sillerías de coro, son protagonistas de numerosas licencias y contratos para su ejecución a lo largo de toda Navarra. 

Retablo de San Martín. Catedral de Tudela
Costeado por el canónigo Pedro Mezquita

Capa pluvial del terno Cruzat
Costeada por Francisco Cruzat (+ 1589)
Catedral de Pamplona

 

Poco antes de la llegada de El Greco a España, en 1575 fallecía Ramón Oscáriz, cabeza de una familia de pintores que había mantenido un fecundísimo taller en la capital navarra y en el mismo año de 1577 moría Martín Gumet, representante de un modo de trabajar la madera ya trasnochado para aquellos momentos, a la par que se comenzaba el retablo mayor de Valtierra, obra de otra estética y con un largo proceso constructivo que iría incorporando importantes novedades en el diseño de sus cuerpos y calles. Prácticamente a la par que El Greco arribaba, Anchieta llegaba a Pamplona con las novedades muy ad hoc de los nuevos tiempos y se hacía con los grandes encargos en la diócesis pamplonesa. Si tomamos como referencia la muerte del Greco, otros dos hechos singulares se producen en las artes en Navarra. Por un lado, en 1613, fallece Juan de Landa, entre cuyas pinturas había bodegones “de cosas naturales”, pinturas mitológicas y paisajes, novedades extraordinarias en la Pamplona del momento, y en el mismo año finalizaban las obras del sobreclaustro del monasterio de Fitero, obra proyectada años atrás por Juan de Nates, "el arquitecto más descollante del período inicial postescurialense” en tierras castellanas, en palabras de Martín González.

Entre los grandes orientadores destacan dos figuras, ambas relacionadas con la Corte y el arte herreriano, el obispo de Pamplona y el abad del monasterio de Fitero. El primero de ellos, como estudió la prof. García Gainza, fue el gran mecenas de obras singulares de la catedral de Pamplona (sacristía, retablo mayor catedralicio y andas del Corpus) pero toda aquella actividad hay que entenderla en un contexto más amplio en la seo pamplonesa, que es el de la aplicación de una nueva liturgia, emanada de las disposiciones tridentinas que hicieron que se abandonasen los antiguos breviarios en beneficio el Ritual romano de San Pío V, algo que sucedió hacia 1585, y que las antiguas reglas de coro, codificadas en la primera mitad del siglo XV, en base a unas prácticas habituales en la seo desde al menos el siglo XIV, se sustituyesen por otras nuevas, redactadas en 1598, siguiendo a las de la catedral primada de Toledo. El responsable de esta última mutación fue nada menos que el obispo don Antonio Zapata que rigió los destinos del obispado entre 1596 y 1600, dejando huella imperecedera en los proyectos artísticos citados. El hecho de haber sido Zapata canónigo de Toledo resultó fundamental, tanto en la elección de algunos temas del retablo mayor relacionados con San Ildefonso, como en la instauración del nuevo reglamento de coro. En el caso del abad de Fitero, fray Marcos de Villalba, ocurrió otro tanto, ya que la construcción del coro alto al modo escurialense, el sobreclaustro o el contrato de la pintura del retablo mayor con Rolan Mois se deben de contextualizar en un gran proyecto de reconstrucción espiritual y temporal de la abadía. Fray Marcos de Villalba fue uno de los abades más importantes del monasterio en el periodo del Antiguo Régimen. Era natural de Cebreros (Ávila), se había formado en el Císter en el monasterio de Montesión, cerca de Toledo. Desempeñó los cargos de rector de los colegios de Alcalá y Salamanca, visitador, consiliario, dos veces definidor general y general de la congregación de Castilla (1581-1584). En 1580 se le ordenó que se presentase a oposiciones para la cátedra de Escritura de la Universidad de Alcalá y el 5 de febrero de 1590 el papa Sixto V, ante la presentación de Felipe II, lo nombró abad perpetuo de Fitero, donde falleció al año siguiente. 

El caso del monasterio de Fitero no fue algo excepcional. Téngase en cuenta el caso de la abadía benedictina de Irache, en el que se sucedieron obras notables desde el inicio de la centuria hasta comienzos del siglo XVII. El famoso Padre Yepes, cronista de su Orden, que permaneció en el citado monasterio, entre 1608 y 1610, pondera la obra de la torre de factura herreriana, consciente de que se trataba de una nueva arquitectura, con estas significativas palabras: “de cuarenta años a esta parte se han hecho en esta casa, dormitorios, escaleras, claustros, patios, fuentes y una torre a los pies de la iglesia, que pueden estas cosas ser comparadas con los de cualquier buen convento”

Por lo que respecta a los artistas que renuevan el panorama artístico, hay que destacar la presencia en Pamplona de Juan de Anchieta a partir de 1576, con la adquisición de una casa-taller en la Navarrería, desde donde trabajó para los obispos de Pamplona que le encargaron piezas para las Huelgas y la parroquia de Moneo (Antonio Manrique y Pedro Lafuente). Sus obras en Navarra serán especiales hasta su muerte en 1588 y desde la capital Navarra viajó en 1583 al Escorial para tasar la escultura de San Lorenzo realizada por Monegro, con lo que eso significa de fama y de conocer las últimas tendencias de las artes del momento. El estudio de los patronatos de las diferentes parroquias y conventos nos puede ayudar a comprender la relación entre corrientes artísticas e intervención de determinados maestros en otros tantos lugares. Sirva de ejemplo la presencia de Juan de Anchieta en Allo, Cáseda o Santa María de Tafalla, templos cuyo patronato ostentaban dignidades del cabildo pamplonés, concretamente el arcediano de Eguiarte, el hospitalero y el arcediano de la Cámara, respectivamente.

El otro gran maestro activo en Navarra y con aires de artista, en el despertar hacia la consideración de la pintura como un arte liberal y en sintonía con otras actitudes del Greco, fue Rolan Mois, autor de los retablos de los monasterios cistercienses de La Oliva (a partir de 1572) y Fitero (1590-91). Maestro de altos vuelos y fundamental en la introducción de la gran maniera y el venecianismo, era recordado por Julepe Martínez como orgulloso pintor, consciente de su valía y de estar practicando un arte y no un oficio, con palabras como éstas: “No se dignó de hacer retratos a gente ordinaria, teniéndose a menos de emplear sus manos en semejante gente, aunque le repagasen, ni tampoco ir a casa de ningún caballero por principal que fuese, sino sólo en su casa lo retrataba; a las damas solamente iba con mucha cortesía a hacerlos a sus palacios y casas; tratóse como caballero, teniendo siempre caballo a la estaca y su casa con la ostentación que merecía su ingenio”. Su fama de gran artista venía avalada por el hecho de haber trabajado para el mismísimo Felipe II (1584) y las más altas familias nobles de Aragón. El nuevo estilo era definido en distintas cláusulas del contrato de Fitero con expresiones como que todas las figuras “sean como naturales” o que “toda la pintura a de ser al óleo y de muy perfectos y finos colores y todo de buena gracia”. Las reticencias a pagar una alta cantidad por parte del mencionado fray Marcos de Villalva quedarán harto patentes en otra de las cláusulas del contrato, en donde a modo de descarga de conciencia de religioso se dice: “Iten que atendido por el hacer deste retablo se le señalan de precio dos mil y doscientos ducados como abajo se verá, y es muy excesivo precio y sólo se hace por la buena opinión que el dicho Rolan Moys tiene en la pintura, se pone condición que todo lo principal de pintura del dicho retablo el dicho Moys lo aya de hacer por su propia mano y para todo lo que es dorar y estofar traiga personas muy inteligentes del arte y con asistencia suya se haga y con colores muy vivos y perfectos como queda capitulado”.

Por su carácter excepcional en el campo de la arquitectura, no podemos dejar de mencionar la ciudadela de Pamplona que se fue haciendo realidad en aquellos momentos por la conjunción de algunos promotores singulares y destacados maestros. Iniciada en 1571, a instancias de Felipe II, dentro de una vasta red de fortificaciones en puntos estratégicos de la Península. Fueron sus artífices Jacobo Palear "Fratín", autor del proyecto y primer director de sus obras, Vespasiano Gonzaga y Colonna, quien en su doble condición de virrey e ingeniero fue su alma y "fundador" y, finalmente, los ingenieros italianos que se sucedieron en la dirección de la fábrica desde 1587 hasta 1608 como el hermano del tracista, Jorge Fratín, Jerónimo Marqui, Espanochi y el joven Francisco Fratín, quien cierra esta primera fase constructiva. El capitán Jacobo Palear, autor del proyecto, fue el ingeniero más famoso de la época del rey prudente, cobrando como sueldo la fabulosa cifra de 2.000 ducados. De su capacidad nos dan una idea sus intervenciones en la red de fortificaciones de media España en los Pirineos desde San Sebastián a Monzón, en Baleares y Levante, así como en Orán en el norte de África. 

Pinturas murales de la capilla de los Enríquez y Cervantes de Navarra.
Convento de los Mínimos. Cascante

PROGRAMA

Martes, 3 de septiembre 
El Greco en su IV Centenario
Dña. Ana Carmen Lavín Berdonces. Directora del Museo del Greco

El Greco y Toledo
Dña. Ana Carmen Lavín Berdonces. Directora del Museo del Greco

Miércoles, 4 de septiembre
De mecenas y artistas
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Juan de Anchieta: un genio de la escultura
Dña. María Concepción García Gainza. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Jueves, 5 de septiembre
Rolan Mois y los inicios de la pintura contrarreformista en Navarra
D. Jesús Criado Mainar. Universidad de Zaragoza

El platero Velázquez de Medrano y la microarquitectura en plata
D. Ignacio Miguéliz Valcarlos. UNED Pamplona