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ACERCAR EL PATRIMONIO. CORELLA

24 de agosto 2010

Corella en la cultura y el arte del Barroco
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Si algo caracterizó a las artes en Corella en los siglos del Barroco fue el carácter de auténtico foco receptor y emisor. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, maestros de distintas especialidades y procedentes de lugares dispares de la geografía peninsular se asentaron en la localidad de Corella que había obtenido el título de ciudad en 1630. Asimismo piezas de arte mueble importadas desde la Corte, Italia y tierras americanas junto a proyectos arquitectónicos dibujados llegaron a lo largo de las dos centurias enriqueciendo el ambiente artístico de toda la comarca. Otro tanto se puede afirmar de la expansión de los talleres establecidos allí, de modo muy especial entre algunos maestros constructores como Pedro Aguirre o Juan Antonio Jiménez que trabajaron en obras fuera de Navarra, algunas tan significativas como el palacio del marqués de Casatorre en Igea en La Rioja. No deja de ser significativa la presencia de un gremio activo de carpinteros y albañiles que contaron con capilla propia en la parroquia de San Miguel, bajo la advocación de los Desposorios. La cofradía data de 1645 y el primitivo altar constaba de un lienzo. Más tarde, entre 1729 y 1732 se levantó el actual retablo que llevaron a cabo Domingo romero, Martín de Tovar y el pintor José Roldán. 

Una consideración que hay que tener en cuenta a la hora de analizar los bienes culturales de aquellos siglos es que el Barroco es algo más que todas esas manifestaciones, ya que constituye toda una cultura impregnada en las entrañas del Antiguo Régimen que participa de las características generales del arte europeo, pero que a su vez presenta innumerables peculiaridades dentro del contexto hispano.
La ciudad, gracias a destacados y emergentes linajes estudiados por Arrese y con el empuje de algunas instituciones, se vio enriquecida con destacados palacios, conventos e iglesias que lucieron en sus interiores ricos muebles, pinturas y objetos de piezas suntuarias de diferentes procedencia. Es de anotar que aunque conocemos muy bien el patrimonio eclesiástico, no ocurre lo mismo con el contenido de las grandes mansiones, aunque sea desde el punto de vista documental.

Ni que decir tiene que las artes en la ciudad participaron de todo lo que caracteriza a la cultura y particularmente a sus características formales: arte pictórico, con n gusto por el movimiento, la magnificencia, el empleo y el manejo de la luz hábilmente….. y, por supuesto, basado en el impacto sensorial (atrae, deslumbra….), la grandilocuencia, el ornato, la desmesura, la extravagancia, los cortinajes que encubren…etc. Los retablos de las iglesias, las escenográficas escaleras de las casas señoriales, las pinturas y las pequeñas obras de artes suntuarias del periodo estaban destinadas a conmover, impresionar, enervar y, en definitiva, a provocar sensorialmente al individuo, marcándole conductas a través de los sentidos, mucho más vulnerables que el intelecto. En definitiva, tanto con los bienes materiales como con todo aquello que hoy denominamos patrimonio inmaterial se trataba, por todos los medios, de despertar y mover a los afectos: la gran razón del Barroco.

Hace unas décadas en una monografía documentada sobre el arte religioso en la localidad de José Luis Arrese, éste señalaba en un párrafo del prólogo unas ideas que ún hoy, en tiempos de globalización, siguen estando vigentes. Allí afirma: “Porque Corella, y afirmemos de una vez y sin distingos, Corella es una ciudad barroca; en el arte, en el paisaje, en el carácter de sus vecinos y hasta en el derroche inusitado de energías populares. Corella, como el Barroco, es un mentís a la desnuda lección de la norma y un aplauso al concepto delirante de la forma: Se habla a gritos en el calle, porque se es barroco; gusta de ruido en las fiestas, porque se es barroco; tocan las campanas con estrépito y profusión, porque se es barroco, y se corre y se juega ante los cuernos de un toro, porque se es barroco. Sólo haciéndose barroco se puede realizar el quite a la muerte, el innecesario cara o cruz de los encierros, sin que nadie lo tome a suicidio”.
 

Antigua iglesia del desaparecido convento de la Merced de Corella

Antigua iglesia del desaparecido convento de la Merced de Corella
 

Reposo de la Sagrada Familia. Sebastián García Camacho, 1704. Iglesia de San Miguel de Corella

Reposo de la Sagrada Familia. Sebastián García Camacho, 1704. Iglesia de San Miguel de Corella
 

Santa Mónica. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Corella. Juan Antonio Gutiérrez. 1718-1722

Santa Mónica. Retablo mayor de la iglesia de San Miguel de Corella. Juan Antonio Gutiérrez. 1718-1722

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PROGRAMA

Martes, 24 de agosto
Hitos en la Historia de Corella
D. Esteban Orta Rubio. Sociedad de Estudios Históricos de Navarra

Escritores y publicistas de la Corella del Barroco
D. Javier Itúrbide Díaz. Uned de Tudela

Corella en la cultura y el arte del Barroco
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Miércoles, 25 de agosto
La Corella oculta. Tras las celosías de las clausuras de la ciudad
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Las artes suntuarias: al servicio del esplendor del Culto y la Liturgia
D. Ignacio Miguéliz Valcarlos. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

El calendario festivo
D. Francisco J. Alfaro Pérez. Universidad de Zaragoza

Visita a la iglesia de San Miguel

Visita a los túneles

Jueves, 26 de agosto
Recorrido por la arquitectura y las artes en Corella en los siglos XIX y XX
D. José Javier Azanza López. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

La imagen del Rosario y San Miguel en las artes
Dña. Mª Gabriela Torres Olleta. GRISO. Universidad de Navarra

Corella, ciudad conventual y palacial: visita guiada
Dña. Pilar Andueza Unanua. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Clausura