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Alejandro Navas, Profesor de Sociología Facultad de Comunicación

Minder contra el capitalismo

04/04/13 Publicado en El Adelantado de Segovia, Diario de Burgos, Diario Palentino, La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Toledo

Pocas veces un referéndum suizo ha provocado tanta pasión como el celebrado el 3 de marzo sobre la Iniciativa Minder. El pequeño empresario Thomas Minder lanzó su propuesta hace justamente cinco años. El lema escogido, Contra la estafa, anunciaba una intención polémica: se trataba de limitar la remuneración de los directivos de las empresas que cotizan en Bolsa. Ya está bien de escandalosas gratificaciones multimillonarias, venía a decir. Las organizaciones empresariales y buena parte de la clase política se movilizaron contra él: su cruzada constituía una amenaza para la competitividad de las empresas, que perderían a los mejores ejecutivos. Su previsible éxodo pondría en peligro el santuario capitalista que es Suiza. Pero la decisión del pueblo fue inequívoca: el 68 por ciento de los votantes apoyó su propuesta. Votó el 46 por ciento del electorado, una de las cifras más altas de la historia. Ya han pasado unos días y no hay rastro de apocalipsis: la vida sigue su curso con regularidad suiza.

El núcleo de la propuesta de Minder vale para todos los países: dar a los accionistas el poder de decidir los salarios de los directivos. Urge poner coto a los desmanes de tantos que han secuestrado de hecho la voluntad de los dueños. El problema también se dio en España, y hemos conocido tímidos intentos para implantar pautas de buen gobierno empresarial: el Código Olivencia (1998), el Código Aldama (2003) y el Código Unificado (2006). Se trata de códigos tan bienintencionados como inoperantes, por su carácter meramente voluntario. Las empresas no están obligadas a aplicarlos y no los cumplen.

El camino hacia el buen gobierno empresarial está siendo largo: el primer objetivo era conseguir averiguar lo que ganaban los directivos, pues esa partida quedaba con frecuencia enmascarada dentro de la cuenta de resultados. Ahora se nos vende como gran avance el que la junta general de accionistas pueda ratificar la propuesta de remuneración que le presenta la dirección. ¿Para cuándo la medida de que sean precisamente los accionistas los que decidan el sueldo de los directivos? ¿Dónde está el Minder español que imponga este cambio en la gestión?

Este debate muestra una de las debilidades del capitalismo financiero: el mercado bursátil permite el acceso al capital y dinamiza la actividad económica, pero impone a la vez una visión cortoplacista. Muchos inversores quieren beneficios ya, y en cuanto la gratificación de los ejecutivos se hace depender de la cotización bursátil, todo vale con tal de elevar esa cotización. Los Consejos de Administración, que teóricamente deberían supervisar la gestión de los directivos, con mucha frecuencia no cumplen su misión y, al cobrar sustanciosas dietas por asistir a sesiones de mero trámite, se convierten en cómplices. La puntilla del escándalo es la práctica de despedir con gratificaciones millonarias a directivos que llevan a sus empresas a la ruina.

La opinión pública está que arde. No se podía ignorar por más tiempo el clamor de la calle, así que el Parlamento Europeo ha acordado limitar el pago de esos controvertidos bonos a los banqueros. La mejor de las regulaciones, penas de cárcel incluidas, no bastará para depurar el ambiente empresarial, pero algo ayudará.

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