La pieza del mes de octubre de 2026
LOS GRABADOS DE LOS SADELER EN LA RENOVACIÓN DE LA PINTURA TARDOMANIERISTA EN NAVARRA
Pedro Luis Echeverría Goñi
La mejor generación de pintores navarros que trabajaron a caballo entre los siglos XVI y XVII, con las figuras relevantes de Juan de Landa en el obispado de Pamplona y Juan de Lumbier en el de Tarazona, ejecutaron tablas y lienzos al óleo, todavía en la tradición manierista y coloristas policromías del natural. En sus obras encontramos personajes monumentales, estudios lumínicos pretenebristas, una vistosa paleta de filiación veneciana, el escorzo como medio de expresión, diagonales y perspectivas oblicuas. Estas características derivan de composiciones manieristas de grabadores flamencos, como Cornelis Cort, los Sadeler o los Wierix que copiaron literalmente o simplificaron, añadiéndoles los colores.
Tres miembros de la dinastía de los Sadeler, el fundador Jan I, su hermano y colaborador Raphael y su brillante sobrino Aegidius II, desarrollaron una prolífica producción y edición de estampas a buril que alcanza una cifra cercana a las 1.000, correspondiendo más de 600 al iniciador de la saga. A partir de invenciones de M. de Vos, Schwarz, von Aachen, Sustris, J. Bassano o F. Zuccaro ofrecieron un repertorio visual a los pintores y escultores, en el que se renovaba y unificaba el arte nórdico con el italiano. En ocasiones precedentes, ya hemos realizado indagaciones sobre los modelos gráficos de pinturas de Juan de Landa en Cáseda, Sagaseta o Eransus, por lo que, como estudio previo a esta pieza del mes, vamos a referirnos a una de las tablas que el rey de armas pintó para la puerta del sagrario de Ororbia. A continuación, nos centraremos en la tabla del Martirio de San Sebastián, obra ejecutada por Juan de Lumbier para el retablo lateral de la Asunción de Cadreita.
En pleno ambiente contrarreformista de reafirmación de la Eucaristía, que se trasladó al obispado de Pamplona por las Constituciones Sinodales de 1591, se inscribe la realización de un sagrario-expositor para el retablo de Ororbia por Juan de Gasteluzar. El 4 de junio de 1607 el abad y primicieros encomendaron a Juan de Landa su pintura y estofado, “por dentro y por fuera”. Sabemos que la puerta, los tres paneles y el techo estaban pintados con temas de la Pasión, de los que el del fondo representaba la Cruz a cuestas. Al abrir algunos sagrarios como el de Santa María de Tafalla nos encontramos con otras escenas pintadas por el rey de armas como el Descenso de Cristo al Limbo, el Santo Entierro o el Padre Eterno.
En la tabla de Jesús ante Caifás y el falso testigo, que hoy sirve de puerta de un sagrario barroco, retirado en la sacristía, Juan de Landa reproduce casi literalmente un grabado a buril del mismo tema de Jan Sadeler I, que formaba parte de una serie de ocho escenas pasionarias, a partir de Christoph Schwarz, fechadas en 1589. Son copia de las que componían el retablo de la Pasión y fueron diseñadas por Friedrich Sustris y realizadas por el citado pintor de Munich para la duquesa Renata de Lorena, mujer de Guillermo V de Baviera. Todas ellas suponen una renovación en las composiciones, con agrupaciones originales de personajes y una preferencia por efigiar a Cristo postrado en el suelo, no solo en los temas que lo demandaban, sino en otros, donde resultaba insólito, como en el que nos ocupa o en el de la Flagelación.
Jesús ante Caifás y el falso testigo. Jan Sadeler I, British Museum. Juan de Landa, Ororbia. Puerta de un sagrario. Foto: Carlos Becerril
El pintor navarro reprodujo íntegramente a todos los personajes, a Caifás entronizado, el testigo comprado que levanta el índice y los miembros del sanedrín, concretados en seis sacerdotes, escribas y ancianos con los tocados que los identifican. El grupo de primer plano, formado por Cristo derrumbado y apoyado con las dos manos en el suelo y los dos soldados, de los que uno le golpea y el otro le pisotea, son una copia literal de la estampa. Las variaciones que se advierten en la puesta en escena en la pintura son la omisión del embaldosado y la sustitución del dosel que dignifica al sumo sacerdote por un arco de medio punto. Sabemos por los evangelios que se trataba de una escena nocturna, que se ambienta en el grabado con un gran cirio encendido que resplandece sobre un fondo oscuro. Entre una trama de lanzas y alabardas al fondo del arco, se alinean una maza de armas, un cirio y una asta con una cazoleta con fuego y humareda, que han sido eliminados en la pintura.
El retablo de la Asunción de Cadreita debió ser encargado, junto a su frontero de la Exaltación de la Santa Cruz, en 1608 por Sancho Díez de Aux Armendáriz al pintor Juan de Lumbier. Entre las tablas con santos monumentales que componen su programa se halla la de san Sebastián asaeteado, copiado selectivamente de un grabado de Aegidius Sadeler II que representa el Martirio del santo, a partir de una pintura del veneciano Palma el Joven. Es esta una de las estampas más utilizadas por los pintores de comienzos del siglo XVII, que recoge los preliminares del suplicio, cuando el santo es atado a un árbol por dos sayones, en tanto que dos verdugos con arcos y flechas, bajo la supervisión de un jinete, se encaminan a cumplir la orden. En este modelo el joven entorna los ojos hacia el cielo, encomendándose a Dios. A la derecha aparece santa Irene con un grupo de cristianos, en tanto que en la parte superior revolotea entre nubes un ángel con la palma y la corona del martirio. El pintor de Tudela realizó una copia literal del capitán de la guardia pretoriana con idéntico paño de pureza e incluso con el detalle del cabello revuelto, suprimiendo al resto de los personajes. La presencia de este intercesor antipestífero, como la de san Roque en el de la Exaltación de la Cruz, nos está recordando la devastadora peste atlántica de 1597-1602 que, introducida por el puerto de Santander, asoló Castilla y afectó a Cadreita, como a toda la Ribera, y a las sucesivas epidemias que padeció esta zona.
Los preparativos del martirio han dado paso en la pintura al santo, ya asaeteado con la adición de seis flechas por todo el cuerpo. Los espacios de los grupos eliminados han sido rellenados con elementos del paisaje, como arbustos y roquedos y, a la izquierda del santo, un tronco en diagonal a modo de flecha y una casa al fondo. El fornido cuerpo del joven describe una línea serpentinata, alzando el brazo derecho con la mano abierta en actitud declamatoria. En última instancia, la tensión y el dolor expresados en esta obra son una derivación más de la copia romana del grupo helenístico del Laocoonte y sus hijos, que inspiró al propio Miguel Ángel y a los grandes maestros del Manierismo y el Barroco. En la parte superior, el ángel con los atributos del martirio ha sido sustituido por un resplandor divino que se proyecta sobre la cabeza de Sebastián.
Martirio de San Sebastián. Aegidius Sadeler II, British Museum. Juan de Lumbier, Cadreita. Retablo de la Asunción (Artres)
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
AGN. Prot. Not. Asiain, Fernando de Echaguren, 1607, s/f.
GARCÍA GAINZA, Mª C. y otros, Catálogo Monumental de Navarra, I Merindad de Tudela, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1980, pp. 40-41.
ECHEVERRÍA GOÑI, P. L., “Pintura”, en FERNÁNDEZ GRACIA, R. (coord.), El arte del Renacimiento en Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2005, pp. 289, 322 y 366-367.
ARIAS FERNÁNDEZ, M., “La fortuna de los grabados de Sadeler en el ámbito leonés. Algunos ejemplos de su seguimiento en escultura y pintura entre los siglos XVI y XVII”, De Arte, 1 (2002), pp. 89-106.