MARCO O CORNICE DE CORAL SICILIANO EN VIDAURRETA 
 

Ignacio Miguéliz Valcarlos
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

La presencia en las iglesias navarras de obras de platería procedentes de centros foráneos es una constante a lo largo de la Historia, constituyendo uno de los capítulos más ricos dentro del estudio de la platería foral. Entre las piezas atesoradas por los templos navarros se encuentran varias obras de procedencia siciliana, todas ellas de gran vistosidad gracias a los materiales con los que están elaboradas, el bronce sobredorado y el coral. La utilización de esta materia orgánica, en su variedad de color rojo intenso, otorga a estas piezas una apariencia exótica y sorprendente, ajena a lo que se realizaba no sólo en los talleres navarros, sino en los hispanos y americanos, en los que tan sólo el uso de los esmaltes podía dotar a las obras de orfebrería de valores cromáticos semejantes. Gracias al empleo del coral también se obtenían unos valores plásticos muy apreciados en los siglos del barroco, cuando el gusto por el lujo y la suntuosidad están muy definidos, en un arte cuyo fin era exaltar a los sentidos.

El trabajo en coral para la creación de piezas artísticas sufrió un fuerte desarrollo a lo largo del siglo XVI en Italia, sobre todo en Sicilia. En esta isla encontramos la pesca y manufactura de este material en Trápani, donde radicó el mayor centro de producción, siendo utilizado también para la elaboración de sus piezas por parte de los plateros de Palermo. Los maestros de Trápani se especializaron en la creación de diversas figuras talladas en coral aprovechando para ello las formas naturales de los troncos coralinos, así como piezas de platería con decoraciones articuladas en base a incrustaciones de coral. Estas obras eran realizadas normalmente en bronce dorado, aunque también llegaron a realizarse en plata dorada, y la producción abarcaba tanto piezas de uso religioso como civil. Para la realización de las piezas, estos maestros cortaban los trozos de coral mediante sierras y los rebajaban hasta crear la forma deseada, perdiendo en el proceso gran parte de la materia prima, puliendo las piezas antes del montado final. A lo largo del siglo XVII los motivos decorativos se van a articular en base a gallones, comas, rectángulos, trapecios o pétalos de flores. En el caso de las figuras, la labra del coral se vio favorecida a finales del siglo XVI con la introducción, se cree que por parte del platero trapanés Antonio Ciminello, del trabajo con el buril, lo que permitía aplicar soluciones estéticas y técnicas en la ejecución de figuras de pequeño tamaño, obteniendo de esta forma mayor detallismo en la ejecución de estas imágenes. 

En relación a esto, en la iglesia de San Julián de Vidaurreta se conserva un marco o cornice de bronce dorado, coral y esmaltes (33 x 40 x 2,5 cms) datable a finales del siglo XVI y principios del XVII, que en el segundo cuarto del setecientos se adaptó como ostensorio (74 x 31,5 / 40 x 25 / 4 / 2,5 cms), añadiéndole un pie y un astil de bronce dorado de gran sencillez. Se trata de un marco de formato octogonal, con el eje transversal de mayor longitud y orilla convexa. Ésta presenta el perfil recorrido por una crestería de tornapuntas de ces vegetales rematadas por espejos ovales con aplicaciones de rosetas, que se alternan con otras formadas por elementos vegetales sobre los que se disponen querubines de alas explayadas rematados por tres rosetas de coral. Campo ocupado por una lámina de espejo, que en el centro dispone un ostensorio con viril circular moldurado, enmarcado por una ráfaga de rayos biselados alternos con tornapuntas en ce terminadas en estrellas, todo ello rematado por una cruz de brazos romboidales rematados en bolas. En el reverso del marco se dispone una chapa de bronce sobredorado con decoración de rameado de buril articulado por medio de cintas planas y ces que se entrecruzan y entrelazan, formando un dibujo de lazada central enmarcada por ces paralelas a la orilla.


Anónimo. Primera mitad del S.XVII y Segundo cuarto del S.XVIII. Custodia - Marco. Vidaurreta. Iglesia de San Julián


 

En esta obra contrasta la simplicidad del pie y astil, que no presentan decoración y basan su riqueza en la estructura arquitectónica de sus formas, de mayor plasticidad en los elementos lobulados y convexos de la base, con la riqueza cromática del marco adaptado como ostensorio. Éste último presenta su superficie recorrida por incrustaciones de coral de color rojo intenso, que se complementan con una bella policromía a base de blancos, y en menor medida de azules. De esta forma, en la orilla del marco se disponen en tres bandas siguiendo los frentes del marco, gallones y botones convexos, de gran simplicidad, en disposición constante, de manera ordenada y rítmica. Paralela al borde de dicho marco transcurre una pestaña recta con decoración de cenefa espigada, de motivos en uve que convergen en el centro, en los que alternan los esmaltados en azul ultramar con los blancos. Esta cenefa es similar a la que figura en la misma disposición en una imagen de cabecera con la Inmaculada del Museo Arqueológico Nacional de Madrid y otro de colección particular de Barcelona. La crestería que perfila dicho marco está compuesta por placas caladas y recortadas en forma de tornapuntas de perfil triangular de gran vistosidad, disponiéndose de manera alterna dos motivos diferentes, muy similares en cuanto a su disposición y esmaltado a los que componen las cresterías de sendas imágenes de cabecera con la Anunciación de la colección Whitaker y del Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid, ambas de la primera mitad del siglo XVII, y la de una aguabenditera del Museo Liverino de Torre del Greco, así como a las terminaciones de los brazos de una cruz de altar de la colegiata de Santa María Della Pieve de San Ginesio, en Macerata. Un marco similar al aquí estudiado, denominados en Italia Cornice, lo encontramos en el Museo Nacional Duca di Martina de Nápoles, con ligeras variantes en la articulación de sus lados así como de la crestería que la rodea. Igualmente la riqueza de esta pieza viene marcada por el trabajo que el marco nos ofrece por el reverso, con una bella ornamentación a base de elementos geométricos y cintas planas entrelazadas, de sumo cuidado y fina ejecución, en la que contrasta la superficie rayada de los motivos decorativos que se disponen sobre el fondo liso. Esta decoración del reverso nos atestigua la calidad de la pieza, ya que al ir colocada sobre una pared, esta parte no era visible y por lo tanto su decoración pasaba inadvertida, a pesar de lo cual recibió un tratamiento decorativo exquisito.

Debido a la pérdida de los libros parroquiales de Vidaurreta, la llegada a dicha iglesia de esta pieza constituye una incógnita, ya que no sabemos la identidad del platero que realizó la adaptación del marco como ostensorio, ni la fecha exacta de ejecución del mismo, e igualmente desconocemos el momento en que se donó a dicho templo. Así mismo desconocemos el nombre de la persona que legó esta suntuosa obra a la iglesia de Vidaurreta, aunque dada la magnificencia del regalo nos encontramos ante un personaje en una privilegiada posición socio económica, y que debido a la procedencia de la pieza, residió por algún tiempo en Sicilia. Probablemente habría que ligar esta obra a los señores del palacio de Vidaurreta, de los reconocidos como de cabo de armería, en poder de los González de Vidaurreta. Probablemente la obra habría sido entregada a la parroquial en el momento en que se reformó para convertirla en custodia, por tanto en el segundo cuarto del siglo XVIII, encontrándonos con que en 1728 María Teresa González de Vidaurreta, heredera del mayorazgo, contrajo matrimonio con Juan Pérez de Rada y Echalaz, segundo marqués de Zabalegui, pasando a residir en Muruzabal, pudiendo responder este relicario a una donación para recordar la vinculación del linaje con el pueblo que les había dado el nombre.


Anónimo. Primera mitad del S.XVII y Segundo cuarto del S.XVIII. Custodia – Marco (Detalle). Vidaurreta. Iglesia de San Julián
 

BIBLIOGRAFÍA
J.M. Cruz Valdovinos, Platería europea en España. 1300-1750, Madrid, 1997.
C. del Mare, y Mª.C. di Natale, Mirabilia Coralii. Capolavori barocchi in coralli tra maestranze ebraiche e trapanesi, Nápoles, 2009.
M.C. Di Natale, “L´arte del corillo tra Trapani e la Spagna”, en J. RIVAS CARMONA (Coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2010, Murcia, 2010.
I. Miguéliz Valcarlos, “Orfebrería siciliana con coral en Navarra”, en OADI. Rivista dell´Osservatorio per le Arti Decorative in Italia, Anno 2, nº 1, Palermo, 2011.