La pieza del mes de marzo de 2026
LA CUSTODIA DE GALLIPIENZO: UNA OBRA MADRILEÑA DESCONOCIDA DE 1756, DONADA POR EL OBISPO DE PUERTO RICO
Íñigo Serrano Sagaseta de Ilúrdoz
Licenciado en Historia
Licenciado en Estudios Eclesiásticos
Dentro de la ingente labor de catalogación y estudio del patrimonio histórico-artístico de Navarra, que se ha venido realizando desde el último tercio del siglo XX con la publicación del Catálogo Monumental de Navarra y otras obras monográficas sobre platería, es motivo de satisfacción poder añadir una página más con una pieza inédita: la custodia de la parroquia de San Pedro Gallipienzo.
Se trata de un ostensorio, es decir, una pieza de platería destinada a exponer el Santísimo Sacramento para la adoración de los fieles, y con especial solemnidad en la fiesta del Corpus Christi. Aunque el origen de las custodias se remonta a la Baja Edad Media, la difusión de estas piezas se vio acrecentada, a partir de la Contrarreforma, con el aumento de la piedad y del culto eucarístico.
Custodia. Parroquia de San Pedro de Gallipienzo, 1756. Anverso.
Este ostensorio, de manos de plata sobredorada, se enmarca en la orfebrería madrileña del siglo XVIII. La pieza se conforma por medio de una base octogonal, astil y sol. La primera es de perfil mixtilíneo y se divide en cuatro secciones decoradas con veneras, laureles y motivos eucarísticos, alternando uvas y espigas. El astil presenta nudo periforme invertido, perfilado con cartones planos, y decorado con grandes ces que dejan el espacio central liso y vacío. Viril de moldura engastada con diamantes talla tabla y rosa, y esmeraldas talla cuadrada, enmarcado por una gloria de nubes y querubines y por una ráfaga de rayos biselados rematada por una cruz de brazos vegetales. El conjunto resulta muy interesante, tanto en diseño general como en decoración. El nudo es, sin duda, la parte más original, presentando algunas similitudes con la custodia de la parroquia de Prádena del Rincón, en la Sierra de Madrid.
En la base se encuentra estampada la triple marca imperante en Madrid en estas fechas, la de autor, la de Madrid Villa y la de Madrid Corte. El paso del tiempo y un redorado posterior de la pieza han hecho que los punzones estén muy perdidos, prácticamente ilegibles, aunque es reconocible el perfil y las líneas de los mismos, con lo que no queda duda alguna acerca del origen madrileño de la pieza.
En el borde de la base se lee una inscripción que nos permite conocer el año exacto de realización y la identidad del donante: “ME REGALO PARA LA IGLESIA DE GALLIPIENZO 1er OBISPO DE PUERTO RICO SU ILUSTRISIMA D. PEDRO MARTÍNEZ DE ONECA AÑO 1756”. El contenido del texto es erróneo en un detalle, por cuanto se señala a don Pedro como primer obispo de aquella sede, algo inexacto, ya que es mucho anterior. El hecho se podría achacar a quien actuase en nombre del prelado para hacer el encargo en Madrid. Además, las grafías y el tipo de las letras, así como los modelos de algunas de ellas, no se adaptan a la época de la custodia, ni a la importancia de la pieza. Más bien parece un texto grabado posteriormente, con unas incisiones ordinarias y nada cuidadas, posiblemente ya en el siglo XIX para dejar constancia del regalo del prelado.
Interior de la base con los punzones.
La memoria del pueblo y su parroquia para con el benefactor, queda patente en la inscripción extraordinaria que se escribió en una nota marginal de su partida de bautismo, en la que leemos: “fue Obispo de Puerto Rico en Indias y murió en 22 de Abril del año de 1760”.
Pedro Martínez de Oneca (1701-1760), nació el Gallipienzo y fue bautizado en su parroquia el día 12 de enero de 1701. Obtuvo la licenciatura en ambos derechos en la Universidad de Salamanca. Según Antonio de Alcedo, fue canónigo y provisor en los obispados de Barbastro, Plasencia y Tarazona. Una vez designado por Benedicto XIV para el trono episcopal de Puerto Rico (24 de mayo de 1756), se esforzó por visitar la Diócesis entera, la más grande del mundo, ya que se extendía por las Antillas Menores y hasta parte de Venezuela. Presentó un informe de extraordinaria importancia, donde sugirió diversas medidas para promover el desarrollo y mejorar el gobierno temporal y espiritual. Su nombre se suma a la larga lista de obispos que rigieron los destinos de la sede puertorriqueña durante los siglos XVII y XVIII, la mayoría de los cuales murieron a una edad temprana, debido a la carga de la mitra y la dureza de los problemas que encontraban, sacrificando sus vidas en aras del servicio pastoral.
En el contexto de un excelente momento para las artes, en lo que Caro Baroja definió como la “Hora navarra del siglo XVIII”, obispos y otros gobernantes, nobles y militares, tras alcanzar altos puestos en la administración, recordaban sus orígenes, convirtiéndose en destacados mecenas. Muchos de ellos costearon fundaciones benéficas y obras de arte, enviando objetos de culto para engrandecer su tierra, el pueblo que los vio nacer y la parroquia en la que recibieron las aguas del bautismo. Se trata claramente del caso de la custodia de Gallipienzo. Lo realmente inusual en el caso de la custodia que nos ocupa es que la pieza no llegase desde Indias, sino que se encargase en la Villa y Corte.
Además, el obispo gallipienzano se encuentra entre los generosos donantes y protectores del convento de las Madres Concepcionistas de Ágreda, que fueron atraídos por su emblema, sor María Jesús de Ágreda, protagonista de bilocaciones en Nuevo México, confidente del rey Felipe IV y autora de la siempre exitosa Mística Ciudad de Dios, en donde traza una biografía de la Virgen María. Don Pedro Martínez de Oneca fundó en el aquel convento una fiesta en honor de la Virgen del Coro, uno de los iconos marianos, dentro de su infraoctava, cuando la imagen de la Virgen salía y sale de la clausura conventual para acompañar a los fieles en su novena. La devoción a esta imagen se extendió por toda España, llegando hasta los territorios de Ultramar, siendo objeto de numerosos regalos durante los siglos XVII y XVIII.
Registro de la partida de bautismo, 12 de enero de 1701. Archivo Parroquial de Gallipienzo en el Archivo Diocesano de Pamplona.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:
Archivo Diocesano de Pamplona, Parroquia de Gallipienzo, Libro 2º de Bautizados, Pedro Martínez de Oneca, 12 de enero de 1701.
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