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La pieza del mes de febrero de 2026

TRAZA PARA LA TORRE CAMPANARIO DE MARAÑÓN

Javier Munilla Antoñanzas
Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía
Universidad de Navarra

Un capítulo importante para el patrimonio lo constituyen precisamente los dibujos. Este apartado tan necesario para el proceso creativo de muchas piezas de arte careció durante siglos del más mínimo respeto por su conservación en España, frente a lo que ocurría en otros territorios europeos donde sí tuvo la consideración de obra de arte en sí misma. Escasas son las obras que conservan sus trazas, pues la mayoría de ellas se destruían una vez que el proyecto había sido ejecutado y reconocido. Precisamente, la conservación del que nos ocupa es fruto del largo pleito que se inició entre el cabildo parroquial y el arquitecto al no haber sido reconocida la obra según las trazas y condiciones del proyecto. Es un dibujo fechable hacia 1763, perteneciente a los fondos archivísticos de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, a la que pertenecía Marañón hasta 1956. De papel verjurado presenta unas dimensiones de 30cm de ancho y 25cm de altura. En la esquina inferior derecha encontramos la filigrana en la que aparece un racimo de uvas y las letras «OO» y «MD» a ambos lados de este. A mediados del siglo XVIII este tipo de filigrana fue muy habitual asociándose, la fabricación de este papel con una procedencia francesa, aunque también fue copiada en Cataluña.

 
Detalle de la filigrana de la traza. h. 1763. Fotografía: ©L. Argáiz.

Condiciones para la torre campanario de Marañón

Transcurrida la primera mitad del siglo XVIII la parroquia de Marañón todavía no contaba con una torre campanario, lo que obligaba a que las campanas pendiesen sobre la pared maestra de la fábrica sin arcos ni ventanas. Por ello, en 1761, el cabildo parroquial ve la necesidad de construir una torre en la que colocar las campanas y Bartolomé de Calleja, como vicario general del obispado de Calahorra y La Calzada, firma la licencia de obra, una vez el cabildo ha demostrado que la iglesia parroquial contaba con fondos suficientes para acometer el proyecto y para hacer frente a los gastos cotidianos. El cabildo contrata la obra con Antonio Elorza por 400 ducados; cantidad que podría subir en 25 ducados si la tasación de los maestros canteros así lo indicaban. Fueron siete las condiciones que fijó el cabildo que consistían en rebajar la pared hasta igualarla a las bóvedas desde donde debía partir un arco de medio punto y otro cruzado que soportasen el peso de la obra. Este arco será el que inicie un largo pleito entre las partes porque incumplía los 26 pies de largo y los 3 de grueso que obligaban las condiciones. La torre debía tener 18 pies de altura contando desde el lugar en que estaban colocadas las campanas y al oeste se abriría un arco donde colocarlas nuevamente. La parte exterior debía hacerse de sillar con un talud para expulsar el agua y el interior debía ser de mampostería. El conjunto se cubriría con un tejado decorado con una pilastrilla en cada esquina rematada en bola. La construcción debía estar entregada para la fiesta de san Miguel de 1762. Así las cosas, el mencionado Elorza ganó el remate de candela, con las condiciones y el presupuesto indicados en agosto de 1761.

El pleito por la ejecución de la obra

Cumplido el plazo prescrito por ambas partes José del Castillo, por parte del cabildo y Martín Maduro, de parte de Elorza, reconocieron y tasaron el campanario en calidad de maestros de obras. Ambos dicen que este ha cumplido con la anchura establecida y que ha excedido la altura en dos pies y medio por lo que el cabildo debe pagarle 258 reales más, entendiendo que esto mejoraba la obra. En cambio, ambas partes coinciden en que el arco y medio sobre el que descansa la torre era débil y que la pared de mampostería ya había sufrido algún quebranto. A causa de ello, concluyen que debe mejorarse el arco entendiendo que este no soportaría el peso una vez se colocasen las campanas y el tejado. Vista esta resolución de los veedores, el mayordomo de fábrica pide que se den las providencias debidas antes de continuar con la ejecución. Ante esto, José Celedonio de Ayala, como arcediano titular y dignidad de la colegiata de Logroño envía al maestro de cantería José Barinaga a que reconozca la torre. Este dijo que el arco mayor estaba quebrantado y que a causa de ello podría verse dañada la fábrica de la iglesia. Antonio Elorza pretende defenderse y envía a dos nuevos maestros de obras a que reconocieran la construcción. En este caso, fueron Juan de Idruja y Juan Bautista de Alday que expusieron que la obra no corría peligro. Ante esta contradicción, Eugenio Pérez de Azpeitia, en calidad de juez de la comisión en esta causa, obligó a Elorza a desmontar la torre bajo pena de excomunión, pide que se le confisquen todos los bienes y envía a Millán Carpintero Ibarra, prior de la audiencia eclesiástica del obispado a que reconozca la obra. 

De nuevo, Antonio Elorza se opuso a esta resolución y se envía a Martín Beratua a que vea la situación del campanario. Este indicó que efectivamente se encontraba en mal estado. Beratua propone que Antonio Elorza construya a sus expensas unos sobrearcos más gruesos con el objetivo de que estos soporten, junto con los ya existentes, el peso de la obra. Sin embargo, esta solución nunca llegó a producirse, pues en marzo de 1763 la torre empieza a presentar significativos daños. Esto obligó a que Martín Beratua, ahora junto con Martín de Arbe, reconocieran una vez más la obra de urgencia para decidir que la construcción debe ser desmontada. Fueron los maestros carpinteros Jerónimo Arregui y Antonio Olalde quienes junto con sus respectivos talleres desmontasen la torre y retirasen los escombros. Gracias a la documentación conocemos que el desmontaje comenzó por los paños de mampostería de los lados norte y este que fueron rebajados hasta la altura de los arcos por ser estas paredes las que sufrían ruina para posteriormente, acometer las paredes sur y oeste con el fin de evitar que el agua y el viento las dañase. 


Traza para la torre campanario de la parroquia de Marañón. h. 1763. Fotografía: ©L. Argáiz.

En consecuencia, podemos afirmar que a fines de marzo de 1763 la obra que Antonio Elorza había construido meses atrás había sido desmontada hasta la altura de los arcos que habían causado la ruina de la obra. Las fuentes textuales no aportan más información sobre lo que ocurrió a continuación, aunque entendemos que la empresa de ejecutar una torre campanario para la iglesia parroquial debió ser retomada de inmediato. Asimismo, es sencillo concluir que el dibujo que nos reúne corresponde precisamente con esta segunda etapa del proyecto. Al observar el documento gráfico deducimos que los arcos coloreados en rojo son los que dejó hechos Antonio Elorza y que el nuevo maestro de obras propuso hacer otros bajo los primeros para dar fuerza a la construcción, tal y como Martín Beratua había propuesto. Si atendemos a la parte exterior de la construcción vemos que se mantienen las mismas trazas y condiciones que las firmadas por Elorza. De esta manera observamos la planta cuadrangular de la torre hecha con sillar al exterior, la apertura en el piso superior de los arcos de medio punto en los que colocar las campanas y la cubierta decorada con las cuatro pilastrillas en cada una de sus esquinas que rematan en bola. Lo único que quedaría por asegurar es la identidad de quién realizó la obra de la torre campanario que ha llegado hasta la actualidad. A juzgar por la firma «Chasco» que aparece en el dibujo la opción más viable es filiar la torre campanario con Juan Antonio Chasco, maestro de obras, que sabemos que trabajó en el arciprestazgo de Viana en el último tercio del siglo XVIII. 

Bibliografía

Archivo Catedralicio de Calahorra (ACC). Pleito de la torre-campanario de Marañón. Sig. 22/763/53. Queremos agradecer al canónigo archivero d. Ángel Ortega su disposición para permitirnos consultar la documentación del archivo catedralicio de Calahorra. Igualmente, agradecemos a L. Argáiz su generosidad por hacernos las fotografías. 
GOÑI GALARRAGA, J.M., “Seis diócesis en el triángulo pirineo occidental-mar Cantábrico-río Ebro: Calahorra (I), Pamplona (II), Santander (III), Vitoria (IV), Bilbao (V), San Sebastián (VI)”. En Memoria Ecclesiae: geografía eclesiástica hispana y archivos de la iglesia, santoral hispano-mozárabe en las diócesis de España, 28, 2006, pp. 619-694.
PAYO HERNANZ, R.J.; ZAPARÁIN YAÑEZ, M.J. (2022), Trazas, proyectos y diseños de la Edad Moderna en Burgos: en el archivo histórico provincial (1575-1802). Burgos, Cátedra de Estudios del Patrimonio Artístico Alberto C. Ibáñez, 2022, pp. 76-79. 
VV.AA. Catálogo Monumental de Navarra. II** Merindad de Estella: Genevilla-Zúñiga, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1983, pp. 315-317.