UNA COPIA DEL "MARTIRIO DE SAN SEBASTIÁN" DE JUAN CARREÑO DE MIRANDA
EN EL MONASTERIO CISTERCIENSE DE TULEBRAS (NAVARRA)

 

María Josefa Tarifa Castilla
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

En una de las dependencias del monasterio navarro de Nuestra Señora de la Caridad de Tulebras, primera fundación del Císter femenino en la Península, cuelga una 
pintura con la representación del Martirio de San Sebastián (84 x 61 cm). El lienzo reproduce el momento en el que este soldado romano fue condenado a morir asaetado atado a un poste en tiempos del emperador Diocleciano por exhortar a sus jóvenes amigos Marcos y Marcelino a permanecer fieles en su fe en Cristo. Sin embargo, aunque sirvió de diana viva a los arqueros que lo martirizaron, no murió entonces, recuperándose de sus heridas con los cuidados de la viuda Irene.

El cuadro muestra al joven soldado atado al tronco del árbol, desnudo e inmóvil, con un estudio anatómico de gran hermosura una vez que ha sido despojado de sus vestimentas, la coraza y el manto. La sensualidad de la carne y la línea del horizonte baja, dentro de la soledad en que se encuentra el mártir, con el recuerdo de su reciente pasado por las ropas caídas a sus pies, inciden en un profundo dramatismo. El cuadro está firmado en el extremo inferior derecho bajo el nombre “La Gracia. Cop. 1888”, por lo que es una reproducción del siglo XIX de una obra de renombre anterior en el tiempo, práctica habitual en esta centuria decimonónica. Carecemos de documentación que aclare si la obra fue encargada por las monjas al artista o si por el contrario fue donado al cenobio.


"Martirio de San Sebastián", 1888. Monasterio de Tulebras
 

El lienzo es una copia literal de otra pintura mismo tema de Juan Carreño de Miranda, conservado en el Museo Suermondt-Ludwig de Aquisgrán y que se llevó de España el prusiano von Schepeler después de participar en la guerra napoleónica. Adquirido por Suermondt, lo donó al Museo con el resto de su colección. Pérez Sánchez estima que pudiera tratarse de la obra originaria para el altar de la iglesia de los Santos Justo y Pastor de Madrid (h. 1660). Igualmente San Sebastián está atravesado por flechas, si bien en este caso le acompañan en su agonía dos ángeles, uno que le corona en las alturas y otro que le cura la herida del muslo derecho. El cuerpo del santo se inclina hacia el lado opuesto que en el “Martirio de San Sebastián” del mismo autor conservado en el Museo del Prado (1656). De atractivo rostro, dirige su mirada al cielo. Las similitudes en ambos cuadros, el original de Carreño y la copia del XIX conservada en Tulebras, son más que evidentes. El santo está atravesado por dos flechas, en el pectoral y en la pierna izquierda; presenta el mismo quiebro acentuado de la cintura, quedando sujeto su cuerpo por los brazos dispuestos en la espalda. La ropa descansa a los pies de la figura, y el cuerpo desnudo del joven tan sólo queda cubierto por el paño de pureza de similar disposición.

También muestra gran similitud la pintura de Tulebras con otro Martirio de San Sebastián del último tercio del siglo XVII, que durante mucho tiempo estuvo en la sala capitular de la Catedral de Tarazona y en la actualidad se encuentra en el almacén del palacio episcopal de dicha localidad. Es un óleo sobre lienzo, de mayores dimensiones que el conservado en el Museo Suermondt-Ludwig de Aquisgrán, y que durante algún tiempo fue atribuido al pintor Vicente Berdusán, autoría rechazada entre otros por Juan Carlos Lozano. Abbad Ríos, sin embargo, lo relacionó con la escuela de Claudio Coello, mientras que Begoña Arrúe volvió a vincularlo con el estilo del ejeano.


De izda a derecha: “Martirio de San Sebastián” ( 197 x 134 cm), Juan Carreño de Miranda, Museo Suermondtd- Ludwing, Aquisgrán; “ San Sebastián” (162 x 122 cm), Parroquia Santos Justo y Pastor de Madrid; "Martirio de San Sebastián", anónimo, (277 x 165 cm), Tarazona, Palacio episcopal
 

Federico Torralba lo vio en la sala capitular de la catedral turiasonense y dijo de él que tenía recuerdos de Van Dyck y que era obra de escuela madrileña, dentro del círculo de Carreño. Coincidimos con la opinión de este autor, ya que el lienzo toma como punto de partida una pintura del mismo tema de Van Dyck grabada por Lucas Vorsterman el Joven, aunque en posición invertida, coincidiendo la posición de las piernas, la disposición sinuosa del cuerpo, el brazo izquierdo hacia atrás y la cabeza ladeada y elevada hacia el rompimiento de gloria. En la pintura de la catedral de Tarazona aparece el santo con sus manos atadas a un árbol y asaetado en el pecho y en la pierna izquierda. La extremidad derecha avanza hacia el espectador y la cabeza se muestra con gesto doliente y en ligero escorzo para dirigir la mirada hacia lo alto, donde se insinúa un rompimiento de gloria, algo muy del gusto de los pintores de la época como Mateo Cerezo en su “San Juan Bautista” (Museo Kassel), de gran parecido en la disposición del cuerpo. El mártir cubre su cintura con un paño blanco anudado que cae hacia los pies, mientras en el suelo se disponen la armadura de caballero y el manto rojo. El fondo lo compone una gran roca –sospechamos que suciedad- que apenas permite ver un paisaje natural en último término, aspecto que incluso se ha copiado en el lienzo de Tulebras. Muy expresivo es el excepcional rostro de Sebastián, cuyo cuerpo ondulante, iluminado con un cierto acento dramático, es de una gran perfección anatómica.


BIBLIOGRAFÍA
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