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Entrevista con Gonzalo Aranda, profesor del departamento de Sagrada Escritura y uno de los 24 especialistas que han colaborado en la Biblia de la Conferencia Episcopal

Entrevista con Gonzalo Aranda, profesor del departamento de Sagrada Escritura y uno de los 24 especialistas que han colaborado en la Biblia de la Conferencia Episcopal

07/02/11 15:56
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El profesor Gonzalo Aranda. FOTO: Manuel Castells

Gonzalo Aranda, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, ha colaborado en la versión oficial de la Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española (CEE). El experto, uno de los 24 especialistas en Sagrada Escritura que han trabajado bajo la coordinación de un Comité Técnico, ha realizado la primera traducción de uno de los libros del Antiguo Testamento más la correspondiente introducción y las notas explicativas para facilitar la comprensión del texto.
  
-¿Qué características tiene esta Biblia de la Conferencia Episcopal?

La característica más importante es precisamente esa: ser, como reza el subtítulo, la "Versión oficial de Conferencia Episcopal Española". Esto no que quiere decir que los mismos obispos hayan realizado esta traducción de la Biblia, sino que la Conferencia Episcopal la ha promovido, ha seguido de cerca su elaboración, y, finalmente y sobre todo, la ofrece a la Iglesia española como su Biblia oficial. De este modo, la Conferencia responde a su misión de facilitar a los fieles el contacto con la Palabra de Dios, poniendo en sus manos una Biblia de cuya fidelidad al texto original, y de su sintonía con la fe de la Iglesia, se hace garante ella misma.

-¿Cuándo comenzó el proyecto de esta Biblia?

Surgió en la Conferencia Episcopal hace unos quince años. En el trasfondo estaba la necesidad de revisar y renovar la traducción que se había hecho de los textos leídos en la liturgia tras el Vaticano II, en la segunda década de los sesenta. También influye un documento de la Pontificia Comisión Bíblica de 1993 sobre la Interpretación de la Biblia en la Iglesia, y el ejemplo de que exista una versión oficial latina. De hecho, la Iglesia en Occidente desde el siglo V tuvo una versión oficial para toda ella, la Vulgata latina realizada por S. Jerónimo a encargo del Papa S. Dámaso. Y cuando se ha visto la conveniencia de revisarla y actualizarla, a partir del Concilio Vaticano II, se ha establecido una "Nueva Vulgata" (Neovulgata), promulgada por Juan Pablo II en 1979. Esta es la única versión de la Biblia oficial para la Iglesia católica romana.  

-¿Qué importancia tiene que en la Iglesia en España haya una versión oficial de la Biblia?

Ya existen buenas traducciones católicas y ecuménicas. No obstante, la relevancia de esta Biblia consiste en que va a ser el mismo texto castellano el que se proclame en la santa Misa y en las celebraciones litúrgicas, el que se siga en los textos de religión y en la catequesis, el que se cite en los discursos de los obispos, el que sirva de base para la predicación de los sacerdotes, y el que podamos leer todos en nuestro acercamiento personal a la Palabra de Dios. Tiene gran relevancia pedagógica: resultará más fácil retener en la memoria las palabras bíblicas, y comprenderlas mejor al hilo de que son las mismas las que se iluminan desde las distintas actividades eclesiales. Por otra parte, la Instrucción pastoral de la misma Conferencia Episcopal sobre la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia, que sirve de Introducción, así como las introducciones a cada uno de los libros y las notas que acompañan al texto, constituyen unas orientaciones autorizadas y valiosas para la comprender qué es la Biblia y el mensaje de sus libros.  

- ¿Esta nueva versión implica que las otras Biblias en castellano dejarán de tener utilidad?

De ningún modo. Todas tienen su valor propio, tanto en la traducción, como en la estructuración del texto, las introducciones a los libros, las notas a pie de página…. Cada Biblia es también una obra literaria en sí misma, además de constitutir una interpretación del texto. Siempre habrá a quien le guste más una traducción que otra, o unos comentarios que otros. En aspectos técnicos como fidelidad al texto original hebreo, arameo o griego, el valor de las notas para aclarar el texto desde el punto de vista histórico, o literario o teológico, esta Biblia de la Conferencia Episcopal no tiene más autoridad que las demás. Y a uno puede gustarle más o menos. Cuantas más traducciones bien cuidadas haya, mejor podemos apreciar la riqueza de la Palabra de Dios en la forma de expresarse.

-¿Cómo se organizó el trabajo para realizarla?

En ella hemos colaborado veinticuatro especialistas en Sagrada Escritura bajo la coordinación de un Comité técnico que marcó los criterios para la traducción y presentación del texto de cada uno de los libros. Se nombraron también sendos coordinadores, uno para el Antiguo Testamento y otro para el Nuevo Testamento.

-¿En qué consistió su papel dentro de ese equipo?

Mi colaboración consistió en hacer la primera traducción de uno de los libros del Antiguo Testamento del que me ocupo preferentemente, y acompañarla de una introducción y unas notas explicativas, que faciliten la comprensión del texto. La tarea posterior de revisión y unificación de estilo con los demás libros hasta tener el aspecto actual ha correspondido al equipo técnico.

-¿Cuáles son los rasgos propios de la Biblia de la Conferencia en esos aspectos técnicos de traducción y presentación del texto?

El primer criterio era naturalmente la fidelidad al texto original en la traducción. Y, puesto que ya existía buena parte del texto bíblico traducido y empleado en la liturgia, al que estábamos habituados por haberlo escuchado o rezado muchas veces, se trataba de respetar lo más posible esa traducción, que además tenía un gran valor y estaba realizada por excelentes biblistas como, por ejemplo, el Padre Alonso Schökel. También había que traducir ex novo lo que faltaba, en coherencia estilística con lo ya existente, para poder así presentar la traducción de toda la Biblia. Junto a ese respeto se requería también una actualización, atendiendo tanto a los avances de la ciencia bíblica en restablecer mejor el texto primitivo y en comprenderlo, como a la forma de hablar actual -pues la lengua es un organismo vivo- y a numerosas observaciones hechas por los fieles a lo largo de estos años. También se debía tener en cuenta que se buscaba una expresión castellana de altura literaria y orientada a ser leída y proclamada en público. En este sentido, la traducción fue revisada también por expertos en literatura, en liturgia y en teología, siempre bajo la coordinación de comisiones episcopales de la Doctrina de la Fe y de Liturgia.

- ¿Qué aportación hacen las notas a pie de página, la introducción y el índice litúrgico que se han introducido ?

Además de la excelente traducción, está el valor de las notas que, siendo más bien breves, ayudan extraordinariamente a la comprensión del texto señalando aspectos importantes de carácter histórico, literario y teológico. Serán sin duda una gran ayuda para la explicación homilética o catequética. De importancia fundamental para valorar la Biblia como Palabra de Dios es asimismo la Instrucción pastoral de la Conferencia Episcopal que sirve de introducción. En ella se expone de forma breve y clara la doctrina católica sobre la Biblia, su interpretación y su papel en la vida de la Iglesia. También quisiera señalar la enorme utilidad de un índice litúrgico, estructurado al hilo de los leccionarios, en el que se señalan los pasajes de la Biblia que se emplean en todas y cada una de las celebraciones de la Eucaristía. En este sentido, también hubiese sido interesante sin duda haber presentado, además, un índice complementario, ordenado por pasajes bíblicos, en el que se señalara la celebración eucarística en la que se emplea. Facilitaría al lector que lo desease comprender el pasaje en cuestión en el contexto de la celebración eucarística. Quizás podamos verlo en una próxima edición.  

-¿Podría mencionar algún ejemplo de esa revisión de los textos que ya estaban traducidos?

Hay muchas "novedades". Quizás aquellas que más llaman la atención, por tratarse de pasajes muy conocidos, podrían ser las que se refieren a los primeros capítulos de Génesis, donde por ejemplo en vez de  traducir que "exista una bóveda entre las aguas" ahora se dice  "que exista un firmamento entre las aguas" (Gen 1,6), más inteligible hoy; o en vez de  "ella te herirá en la cabeza", refiriéndose a la victoria de la mujer sobre la serpiente, ahora se lee "ella te aplastará la cabeza" (Gn 3,15), más contundente. Otro ejemplo dentro del Antiguo Testamento puede verse en el canto de los tres jóvenes en el horno que ofrece el libro de Daniel (Dan 3,58-59): ahora, por fidelidad al texto, el orden es "cielos, bendecid al Señor… ángeles bendecid al Señor" en vez de la anteposición de ángeles a cielos que se rezaba antes.

- ¿Y en el Nuevo Testamento?

Un cambio que quizás llamará la atención es volver a la palabra "bienaventurados", "bienaventurada", más clásica en la Iglesia, en vez de "dichosos", "dichosa" en el sermón de la Montaña (cf. Mt 5,3) y en la alabanza a la Virgen (cf. Lc 1,45). O, en el Magníficat, donde ahora se traduce "la humildad de su esclava" en vez de "la bajeza" o la "humillación" que aparecía antes, por ser un término más abarcante (cf. Lc 1,48). También se ha cambiado la palabra "chozas" por "tiendas" en el episodio de la Transfiguración del Señor (cf. Mt 17,4); y en las palabras del Señor sobre el cáliz en la última Cena según San Mateo, ahora leemos "mi sangre… derramada por muchos" en vez de "por todos", siendo así más fiel al texto griego (cf.  Mt 26,29). Otros cambios notables son quizás en el Prólogo del Evangelio de San Juan, donde el término griego Logos se traduce por "Verbo", expresión tradicional en la Iglesia -"Y el Verbo se hizo carne"- (Jn 1,14), en vez de "Palabra". O en el famoso himno de la Carta a los Filipenses (cf. Fl 2,7), donde, entre otros cambios, en vez de "se rebajó hasta someterse incluso a la muerte…" ahora se aclara más al traducir "hecho obediente hasta la muerte…". También aparece más clara la traducción de Ap 5,14, donde en vez de decir que los ancianos en el cielo se postraron ante el Cordero "rindiéndole homenaje"; ahora se lee "se postraron y adoraron". Podrían señalarse muchos más ejemplos, pero éstos pueden servir para apreciar la "novedad" respecto a la traducción litúrgica anterior.  

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