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Sara Peña

Sara Peña Fernández

Centro de Investigación de Masa Forestal Urbana Silva Mesh

Proyecto Fin de Carrera Máster Universitario de Arquitectura

Universidad de Navarra

Tutor: Eduardo Escauriaza

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Oasis

Una de las mayores preocupaciones de este siglo está siendo como afrontar los altos niveles de gases de efecto invernadero que emite la actividad humana y que provocan el calentamiento global y la subida de las temperaturas. En ciudades como Madrid se rebasa con frecuencia el límite establecido para la protección de la salud humana, que se trata de mitigar con propuestas como Madrid Central o límites horarios que mejoren la calidad del aire. Sin embargo, a corto plazo el problema no se resuelve. La arquitectura puede convertirse en el motor que impulse a la concienciación social y al fomento de la investigación científica. 

Silva Mesh, cuyo nombre procede de los términos latinos “bosque” y “malla”, es el ejemplo de ello. Se trata de una arquitectura que aúna tres principios que parecen fundamentales para frenar esta situación: la docencia, la sociedad y la sostenibilidad. Está constituido por un elemento principal en torno al cual se define el proyecto: el espacio del invernadero. Un lugar dedicado a la investigación, con árboles experimentales capaces de captar altas concentraciones de CO2, pero que también se ofrece como un espacio social, donde compartir opiniones y aprender de los avances científicos. Caracterizado por un perfil en desnivel, proyecta la mirada de sus visitantes en amplias fachadas vegetales que evaden lo urbano, buscando un ambiente más amable y beneficioso en la ciudad. La gran pérgola que lo cubre es el reflejo de la sostenibilidad. Sus planos vegetales realizados con mallas de acero actúan de método pasivo de control térmico-sonoro, y la disposición de paneles fotovoltaicos en la parte superior ayudan a reducir el consumo del edificio. Su ligero sistema estructural, a base de cerchas diseñadas para las condiciones del lugar, permite conservar parte del arbolado existente en el solar para las investigaciones que se van a llevar a cabo y trabajar sobre las especies autóctonas de la zona. 

Al ser el primer centro de investigación de la masa forestal urbana de Madrid goza de una posición privilegiada en el centro de la ciudad. Ubicado en una pendiente pronunciada, el proyecto se condiciona a los factores del entorno y se sitúa junto al parque del Buen Retiro y bajo el Real Observatorio de Juan de Villanueva. 

Se compone de dos piezas: una enterrada, la cual facilita la labor de separarse del observatorio y respetar sus vistas; y otra aérea, para relacionar a los viandantes con el proyecto y proteger las especies arbóreas del invernadero. El equilibrio entre querer ocultarse o mostrarse expone la complejidad de la zona donde se ubica, quedando parte del proyecto fundido en la topografía y la otra parte expuesta a la calle. Aquello que se manifiesta es una simbiosis entre arquitectura y naturaleza, donde las mallas tensadas de acero que generan la pieza aérea se combinan con las plantas trepadoras ipomeas, las cuales emergen de bandejas vegetales dispuestas sobre las cerchas. 

Con estas características, el centro envuelve a sus huéspedes en un sinfín de sensaciones relacionadas con la naturaleza. Respirar aire más puro, resguardarse del sol o la lluvia, y sentir la textura de la madera en todas sus formas. Así, se recrea en todo momento la percepción de encontrarse en una atmósfera limpia y saludable, capaz de hacer creer que es posible mejorar las condiciones de las ciudades donde vivimos. 

Es un proyecto que pone en valor la ciencia y la investigación, y la necesidad de una sociedad que lo fomenta. La arquitectura de concienciación debe ser el tránsito hacia ciudades futuras, capaces de comprender los beneficios del arbolado urbano. Debe ser el primer paso, el inicio a un cambio social que pide premura, porque sin esta sensibilidad hacia el espacio que habitamos no será posible mejorar la calidad de vida de todos aquellos que vengan después de nosotros.

 

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