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El estrés

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Pilar de Castro Manglano
PSIQUIATRÍA
Clínica Universidad de Navarra

Más del 15% de la población sufre ansiedad a lo largo de su vida. Además es comúnmente sabido que el estrés es una de las posibles causas o gatillo de la mayoría de las enfermedades tanto físicas como mentales. Estas últimas son las más difíciles de reconocer y tratar, por la posible implicación social negativa que tienen, y además, son las que mayores problemas dan a la sociedad, a las empresas, a las personas que las sufren y a sus familias. El estrés no solo “quema neuronas” sino que destroza matrimonios, hunde negocios, desata violencia y provoca un sin fin de situaciones que podrían remediarse si sabemos identificarlo y tratarlo.

El científico húngaro Dr. Hans Selye eligió la palabra inglesa “stress” para referirse a los procesos interiores que presenta un individuo cuando debe adaptarse a los cambios de su medio. Esta palabra se usaba en la física para estudiar cómo reaccionan los materiales cuando se les aplica una fuerza exterior y medir la resistencia de cada material. Aunque el hombre no es sólo físico, su cerebro es el órgano y sustrato anatómico que sustenta y soporta los impactos emocionales, los pensamientos, las decisiones, memorias o emociones, y sufre las demandas del entorno, las vivencias emocionales de la propia historia, de las elecciones acertadas y de los fracasos, de las experiencias positivas y negativas. Las emociones positivas liberan endorfinas y las negativas disregulan el estado de equilibrio de los conocidos neurotransmisores alterando los circuitos neuronales.

Así entendemos por estrés un síndrome de adaptación general como respuesta del organismo a diversas demandas: físicas o psíquicas, positivas o negativas, agudas o leves, eventuales o crónicas. Cuando me enfrento a una situación difícil y me siento capaz de superarla, si la supero finalmente con resultado favorable, he vivido una tensión o estrés positivo, llamado eutres, que me adapta y me ayuda a superarme. Como consecuencia siento esa liberación de endorfinas como sensación de plenitud y satisfacción. Cuando ante esa misma situación, me paralizo o la afronto sin estar preparado y fracaso en el intento, experimento en mí un estrés negativo que me desadapta y repercute negativamente en todo mi organismo. De un modo sencillo expondremos a continuación factores de estrés, señales para detectar el estrés negativo, y algunas recomendaciones y medios para prevenir y tratar el estrés.

Factores del estrésReconocer los signos del estrés en uno mismo

Modos de prevenir el estrés: 5 remedios sencillosTratamiento del estrés

Factores del estrés

Factores del estrés

Son múltiples los factores o circunstancias que pueden generar estrés. Por un lado están los que podrían afectar a cualquier persona: como catástrofes, la pérdida de un ser querido, la enfermedad, etc.; y por otro los que afectarían solo a algunos según su forma de ser: los nuevos retos, situaciones de responsabilidad, el aburrimiento, el exceso de trabajo, la falta de tiempo, el desorden, etc. Nos encontramos por tanto ante un sin fin de situaciones pueden generar estrés.

Además, hay personas que son más vulnerables al estrés, entre las que se encuentran las personas inseguras, perfeccionistas, voluntariosas, meticulosas, controladoras, con elevada autoexigencia y rigidez psicológica, escasa tolerancia a la frustración, marcada dependencia del rendimiento y del éxito, muy competitivas, activas e inconformistas, impacientes y obsesivas.

El estrés afecta a cada uno según su vulnerabilidad genética atacando a su punto débil (jaquecas, cefaleas, contracturas musculares, úlceras, problemas en la piel, etc). Quien más destrezas y habilidades personales haya adquirido a lo largo de su vida tendrá más recursos para superar las dificultades sin estresarse e incluso saldrá más fortalecido de ellas. Lo importante es que cada uno conozca sus capacidades y sus limitaciones a la hora de asumir retos y llevarlos a cabo, y sobre todo reconozca y remedie el estrés vivido y sus consecuencias.

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Reconocer los signos del estrés en uno mismo

  • Cuerpo: cefaleas, infecciones frecuentes, contracturas musculares, fatiga, insomnio, sensación de ahogo, manifestaciones dermatológicas o digestivas…, pérdida o aumento de apetito y líbido, inquietud psicomotriz.

  • Pensamiento: preocupaciones o pensamientos rumiativos que no llevan a un fin constructivo, estado de hipervigilancia, pensamientos intrusivos, pesadillas, indecisión, negativismo, juicio dañino y negativo.

  • Conducta: impulsividad-compulsividad, aislamiento/hiperactividad, hiperfagia ansiosa/bulimia, adicciones (tabaco, alcohol, trabajo, juego…), deporte irracional excesivo

  • Emoción: pérdida de confianza en uno mismo y en los demás, irritabilidad o malhumor, desconfianza y hostilidad, tristeza-depresión, apatía y desgana, desesperanza, aislamiento.

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Modos de prevenir el estrés: 5 remedios sencillos

  1. Ten un horario flexible en el que protejas tus horas de sueño (7-8 horas), de trabajo, de comida y descanso (familia, hobbies, deporte, amigos…).

    • a. El orden y las rutinas te protegerán del estrés generado por el caos y te permitirán recordar las cosas, las citas y hacer pequeños parones para optimizar tu tiempo y tus recursos y para hacer frente a los contratiempos que surjan.

  2. Vive cada momento en presente, equilibrando intensidad y exigencia con satisfacción. El pasado ya pasó y el futuro es hoy.

  3. Lucha por mejorar algo cada momento, no por ser mejor que otro: ser competitivo estresa, ser competente mejora sin estresar.

    • a. Cuando hagas algo que te supone esfuerzo, trata de disfrutar mientras lo realizas y descansar con la satisfacción de lo logrado.

  4. Aprende a relajarte todos los días: cuantas más formas sepas de descansar y más formas de disfrutar, mejor capacidad de adaptación y menos estrés sufrirás.

  5. Todos los días: disfruta, agradece, perdona y sonríe. Esto llena el corazón de emociones positivas que redundan en salud física y mental.

tratamiento del estrés

Tratamiento del estrés

¿Cuándo pedir ayuda? Si una vez detectamos que estamos bajo los efectos del estrés y la ayuda y consejos que nos brindan familiares o amigos no resultan eficaces, es el momento de pedir ayuda especializada.

¿Cuándo se considera que el estrés es patológico? Cuando el estado de estrés se prolonga y persiste en el tiempo (no es solo un día o una semana); cuando es desproporcionado y repercute negativamente en nuestras relaciones, en el rendimiento académico o profesional; y cuando afecta a nuestra salud física y mental.

¿Cuándo es necesario tratarlo? Siempre y lo antes posible.

¿Cómo tratarlo?

  • Para los que por su forma de ser se estresan con facilidad, las actividades como pilates, yoga, meditación, masajes, etc., pueden servir de cortafuegos al estrés y ayudan a regular y liberar las tensiones acumuladas.

  • Al igual que en general se toman antiinflamatorios para reducir el dolor, si el cerebro no es capaz de relajarse con medios ordinarios, necesitaremos de técnicas y fármacos que ayuden a romper el circuito del estrés y protejan el cerebro del desgaste neuronal.

  • Algunas técnicas de relajación permiten controlar y disminuir la intensidad de estrés como la inoculación del estrés, la imaginación guiada, mindfulness, relajación muscular de Jacobson, relajación mediante la respiración, sofrología, etc…

  • Hay una gran variedad de sustancias naturales con efecto relajante, usadas tradicionalmente antiguo y con efecto leve como tila, valeriana, camomila, beleño, salvia, láudano, bromuros, etc.

  • Existen otros tratamientos para reducir el estrés, más incisivos y de acción inmediata, como las benzodiacepinas, que tienen varias acciones: ansiolítica, relajante muscular, hipnótica, anti-angustia y antiepiléptica. Estos tratamientos requieren prescripción médica para evitar un mal uso.

  • Cuando el estrés es crónico, prolongado, afecta al estado de ánimo y la persona necesita de ayuda para modificar pautas de vida o afrontamiento y mejorar sus habilidades y destrezas personales, es necesario un tratamiento combinado de psicoterapia (para fortalecer los rasgos de personalidad inmaduros) y antidepresivos que mejoran el estado general reduciendo el estrés y que tienen una acción ansiolítica de duración más prolongada. En casos más severos es necesario el uso de otros fármacos especializados.