Conferencia "Cuál es el secreto de los alumnos afroamericanos con éxito en los EEUU"

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El viernes 22 de noviembre, el proyecto Parlamento Cívico contó con la participación de la Prof. Inger Enkvist quién pronunció una conferencia titulada ‘¿Cuál es el secreto de los alumnos afroamericanos con éxito en los EEUU?'. La profesora Enkvist es catedrática de la Universidad de Lund, y asesora del Ministerio de Educación de Suecia. Comenzó su intervención explicando el interés del tema ya que "en estudios educativos muchas veces oímos por qué va mal la educación de alumnos afroamericanos en EEUU, pero casi nunca se dice qué es lo que va bien"; y concluyó mostrando que la voluntad y la actitud personal desempeñan en la actividad educativa un papel insustituible.

Durante la década de los años 60 y 70 del siglo pasado, en EEUU se libró una batalla contra la pobreza y en defensa de la igualdad social. Para esta lucha los agentes estatales utilizaron la acción afirmativa –discriminación positiva y ayuda social– para facilitar el acceso de los alumnos afroamericanos a las instituciones educativas. Según la profesora Enkvist, esta estrategia generó una actitud de victimismo en los grupos afectados fomentando la pasividad al provocar en ellos la convicción de que ‘la sociedad les debe algo'. Esto estuvo acompañado por un clima anti-intelectualista que propugnaba que el éxito vendría del deporte y la canción y no del estudio. Además, los líderes de los grupos afroamericanos impulsaron un movimiento de separatismo desde dentro de los grupos afroamericanos para mantenerse unidos lo que provocó una especie de auto-marginación. Todo ello eran fuerzas que actuaban desde dentro de la familia afroamericana en sentido contrario a los objetivos que pretendía alcanzar la acción afirmativa.

Es habitual afirmar que los alumnos afroamericanos están avocados a obtener peores calificaciones que el resto debido a su estatus socioeconómico, en general más bajo. Pero la profesora Enkvist sugirió que en el éxito escolar de un niño la vida familiar tiene un impacto mayor que el entorno socioeconómico en que se desenvuelve. Citó múltiples estudios recientes que ilustran esta idea. Uno de ellos se desarrolló en Samson, un barrio bastante pobre de Milwaukee. Los investigadores buscaron las causas que explicaran los diferentes niveles de éxito entre niños con una situación socioeconómica idéntica. El estudio mostró que aquellos que conseguían aprobar eran niños en cuyos hogares había alguna persona adulta cuando volvían del colegio que les preguntaba por lo que habían hecho y les animaba a realizar las tareas escolares. Esto no quiere decir que los padres tuviesen un nivel de educación alto, o que fuesen capaces de ayudar a los niños con los deberes, sino que daban importancia al colegio y mostraban su aprobación hacia el estudio y el esfuerzo. 

Se refirió también a un trabajo realizado a propósito del programa Mehrbof en Baltimore, que gestiona un sistema de becas para afroamericanos que quieren asistir a la universidad y han obtenido buenas calificaciones en la ‘high school'. En general coincidía que los padres de estos alumnos con cierta frecuencia los habían llevado a museos y bibliotecas, y les habían comprado juguetes educativos (kits científicos o similares). El estudio concluía que eran padres activos. Si detectaban un problema con el colegio tomaban medidas, incluso un cambio de centro educativo si era necesario. 

Citó otro interesante trabajo centrado en el número de palabras activas que tiene un niño de tres años. Las estadísticas mostraron que los hijos de padres que reciben subsidios estatales a los tres años tienen un vocabulario activo de aproximadamente 600 palabras, mientras que a esa misma edad los hijos de padres de clase obrera-media emplean 2.010 palabras. Siendo el entorno socioeconómico similar, la diferencia de vocabulario se explica por la actitud de los padres, en el primer caso más pasiva y en el segundo más activa propia de padres dispuestos a hablar con sus hijos y a explicarles las cosas.

Como quería poner de relieve la prof. Enkvist, estos estudios muestran que la actitud y la relación de los padres con sus hijos son más decisivos que el nivel socioeconómico de la familia. 
A aquellos que defienden una "pedagogía libre", la prof. Enkvist les recordó la existencia de "grupos anti-intelectuales" en los colegios, muchas veces provocados por la influencia de los padres. Frente a estas posturas que no premian el esfuerzo ni valoran el trabajo personal, puso el ejemplo de Rod Paige, impulsor del programa ‘No Child Left Behind' de la administración Bush, y él mismo afroamericano, quién repetía que la clave del éxito está en la actitud personal del alumno hacia el estudio. Además como muestra Haberman, por parte del Estado y del centro educativo, existe la obligación de asegurar que el alumno tiene la preparación necesaria en conocimientos y hábitos de trabajo antes de entrar en la universidad.

La prof. Enkvist concluyó estableciendo un paralelismo con otros grupos raciales en EEUU, destacando la diferencia entre las actitudes de los emigrantes mexicanos, japoneses, italianos y judíos que llegaron a EEUU en diferentes oleadas migratorias. Tanto japoneses como judíos empezaban trabajando como obreros, al igual que los demás grupos, sin embargo conseguían avanzar por el sistema consiguiendo mejorar su situación con más rapidez que los mexicanos o italianos, quienes necesitaban dos o tres generaciones para llegar a tener estudios superiores. En la actualidad también los que vienen directamente de África, o de Jamaica, tienen un éxito notablemente mayor que los afroamericanos. 

En conclusión, según Enkvist, hay cuatro factores que hacen diferente la educación: el esfuerzo que hace el alumno para estudiar; la implicación de la familia; el nivel del colegio; y lo exigente que es el Estado. Pero de esos cuatro factores, hay dos que son determinantes: la actitud del alumno y el estímulo familiar.