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Entrevista a Miren Karmele Gómez Garmendia en IGTV de @labmecrazy

Por Miriam Huárriz, gestora de comunidades de la segunda edición del #LabMeCrazy! Science Film Festival.

Miren Karmele Gómez Garmendia en IGTV de @labmecrazy

Miren Karmele Gómez Garmendia es la coordinadora de Planeta STEM, un proyecto del Planetario de Pamplona junto al Departamento de Universidad, Innovación y Transformación Digital y al Departamento de Educación del Gobierno de Navarra. STEM es un acrónimo en inglés a partir de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Este proyecto busca despertar la vocación entre los más jóvenes por esas áreas del conocimiento.

En nuestro segundo #LabMeCrazyLive hablamos con Gómez sobre la importancia de ayudar a despertar la pasión por la ciencia entre los jóvenes para que puedan explorar sus inquietudes y, en un futuro, decidir dedicarse a la investigación. La coordinadora incide en la relevancia de ofrecer iniciativas que fomenten el conocimiento y la divulgación científica y que estén localizadas para que en un futuro cercano esos jóvenes puedan ejercer su profesión en sus lugares natales como es, en este caso, Navarra.

Planeta STEM abarca muchísimos proyectos: cubre desde la programación y la robótica hasta la biología sintética. Karmele Gómez señala la acogida tan positiva que ha recibido el programa, con un recorrido de dos años y medio en 2020, y hace un llamamiento al resto de comunidades autónomas españolas que cuenten con iniciativas similares: “Esta es una carrera de fondo y creo que es importante que quienes nos dedicamos a esto nos conozcamos para avanzar juntos hacia delante”.

> Directo de Instagram: https://www.instagram.com/p/CB0oVBODzie/

En letra de ciencia

Por Miriam Huárriz, gestora de comunidades de la segunda edición del #LabMeCrazy! Science Film Festival.

Marta Calvo, community manager de #LabMeCrazy! Science Film Festival

Al decir “ciencia” muchas personas visualizan laboratorios, frascos burbujeantes, viajes al espacio o experimentos de distintos tipos. ¿Pero cuántas personas piensan en la lengua? Su estudio, complejo y con muchísimas vertientes y disciplinas, es también una ciencia, porque ciencia es ese saber, partiendo de la definición de la Real Academia Española, que se obtiene mediante la observación y el razonamiento y que desemboca en una estructura, principios y leyes generales comprobables. Bajo el paraguas de la lengua estudiamos lingüística, morfosintaxis, lexicología, fonética, traducción, idiomas. La lista sigue y sigue. Son estudios comparados, analíticos, aplicados. Son ciencia.

La existencia de la imagen es vital para la comunicación. Los sonidos están representados con símbolos, el propio signo lingüístico existe para referir una realidad. No habría razón de ser para la palabra mesa si no existiese ese objeto, como tampoco la había para Twitter hace un tiempo o, hace unos cuántos años más, para cine. El lenguaje representa el mundo con sentido, lógica, y conforme a unas normas y patrones. De hecho, y como en los números capicúas, la lengua es ciencia y la ciencia es lengua también. Sin lengua, no habría ciencia. No habría forma de estructurar el conocimiento, de plasmar su significado. Las matemáticas son un lenguaje, oraciones más o menos complejas. La informática también estudia la forma de hablar de las máquinas, sea en Java, en Python… ¿Y qué sería de Siri o Alexa, asistentes de inteligencia artificial, sin un filólogo, un lingüista, que estudiase la prosodia de las voces —pronunciación, entonación— y otras tantas partes de la fonología y del habla para hacerlos sonar naturales, humanos?

Podrían señalarse muchísimas más manifestaciones de esta circularidad entre lengua y ciencia, ciencia y lengua. Por ejemplo, y en conexión más clara, tal vez, con el mundo experimental tan asociado a lo científico, la lingüística y los estudios articulatorios utilizan ecografías para analizar los movimientos de la lengua al hablar y que esto sirva en la investigación del desarrollo del lenguaje para establecer patrones, para mejorar las terapias de logopedia. En la actualidad se está implementando una nueva metodología que, de hecho, consiste en que los niños aprendan viendo sus grabaciones linguales, como si de un vídeo científico se tratase. Lingüística, ecografía y terapia. Tres componentes de la misma ecuación. Lengua, ciencia. Una relación natural.

La letra de la Ciencia

Tras estas líneas, al evocar lo científico tal vez imagines un escenario más complejo. Con todo, aún puedes ahondar mucho más en él. ¿Te animas? Aquí tienes una selección de producciones con las que disfrutar y reflexionar:

Arrival, una película de Paramount Pictures estrenada en 2016, narra la llegada a la tierra de doce naves espaciales y cómo una doctora en Filología intenta descifrar su idioma para comunicarse con ellos.

The Imitation Game fue estrenada en 2014. Cuenta la historia de Alan Turing, un  matemático inglés que descifró los códigos de la máquina Enigma, empleada por los nazis para cifrar y descifrar mensajes durante la segunda guerra mundial.

How to Create a Languaje: Dothraki Inventor Explains es una pequeña guía de Wired de 2019 en la que el creador de la lengua de los dothraki para la saga Game of Thrones —Juego de Tronos— explica cómo crear un idioma ficticio

 

Entrevista a Leonor Solís Rojas en IGTV de @labmecrazy

Por Miriam Huárriz, gestora de comunidades de la segunda edición del festival

Marta Calvo, community manager de #LabMeCrazy! Science Film Festival

Leonor Solís Rojas es estudiante de doctorado de la Universidad de Navarra (UNAV). Está desarrollando su investigación sobre la comunicación ambiental y, en concreto, sobre las imágenes publicadas en redes sociales para representar el cambio climático. También es académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y parte de la junta directiva de la Asociación Internacional de Comunicación Ambiental. Además, es miembro del jurado de la segunda edición de #LabMeCrazy! Science Film Festival. En 2016 coordinó el Manual básico de vídeo para la comunicación y el periodismo de ciencia (UNAM), que recomienda a todos aquellos que quieran ser divulgadores a través de lo audiovisual.

En esta entrevista hablamos con ella sobre la importancia de la comunicación ambiental en contextos como el actual, en el que el mundo se enfrenta a la pandemia por la COVID-19, pero también en el día a día. Solís defiende que el ciudadano informado está más concienciado y que es más probable que inicie acciones individuales en favor del planeta, muy beneficiado por iniciativas sencillas como el reciclaje. Además, apunta que parte del éxito de la comunicación ambiental depende de que esta se base en el entorno: hay que localizar la información y las medidas que pueden llevar a cabo las personas atendiendo al lugar en el que viven. La investigadora concluye que hay que informar desde la sencillez, la diversidad y la exhaustividad, pero con un toque de humor que atrape al público y con optimismo porque, confía, “seguimos pudiendo mejorar el medioambiente”.


Directo de Instagram: https://www.instagram.com/p/CBQwnopDEpc/

Redes sociales y concursos para divulgar ciencia

Marta Calvo, community manager de #LabMeCrazy! Science Film Festival

Marta Calvo, community manager de #LabMeCrazy! Science Film FestivalCartel ganadorEn #LabMeCrazy! Science Film Festival queremos que la ciencia salga a la calle, que se entienda y que forme parte del debate social. Queremos demostrar que la ciencia no es cosa de frikis ni va solo de laboratorios o de fórmulas incomprensibles. La ciencia puede ser divertida y también puede aprenderse (un poco) desde el sofá o la playa. ¿Que no te lo crees? Pregúntaselo a los seguidores de nuestras redes que en las últimas semanas han podido crear, reír y discutir sobre ciencia gracias al concurso que organizamos con Scenio y la revista Investigación y Ciencia.  ¿El reto? Diseñar un cartel cinematográfico con temática científica. ¿El resultado? 16 carteles que derrochan creatividad e ingenio. Investigadores, inventos, problemas cotidianos o polémicas autorías han sido los protagonistas de unas hipotéticas películas dignas de participar en los Oscars. Comedias, thrillers, biopics, tragicomedias... cualquier género era válido para sacar a la luz asuntos científicos de lo más variopintos.

Creemos firmemente que la ciencia se puede contar de otra manera y este ha sido un buen ejemplo de ello. Aquí podéis disfrutar de de estos inspirados carteles, espero que disfrutéis de estas perlas tanto como lo hemos hecho nosotros. 

 

Contenido pendiente de traducción

Is Video replacing Writing as the dominant form of Communication?

Lloyd Spencer Davis, Stuart Professor of Science Communication, University of Otago, New Zealand

Lloyd Spencer Davis

Writing does not come naturally to us humans in the way that speech does. Evidence uncovered by archaeologists and anthropologists points to abstract language – speech – being the defining characteristic that makes us human; the thing that has accelerated our evolution and our invention of technology from stone tools to wheels to rocket ships.

Our ancestors have been communicating using speech for nearly two million years. By comparison, writing is a relatively recent phenomenon, arising at several places around the globe independently, but first in Mesopotamia about 5,200 years ago. Yet, it wasn’t until Johannes Gutenberg refined the printing press in the middle of the 15th Century that there could be the mass distribution of books. Hence, even though we tend to think of writing and reading as an integral part of our daily lives, it has been like that for less than 600 years.

As pervasive as writing is for us today, there is no reason to actually think it should remain so. A recent article in the New York Times notes the dramatic rise in video and audio as ways we ingest information: it predicts a post-text future. That’s not as silly as it sounds at first glance, ironically, when reading the article in the NYT. Video consumption on platforms like YouTube and Facebook has gone stratospheric in the last couple of years. And the fastest growing technology segment at the moment, as evidenced from the Consumer Electronic Show (CES), is the adoption of voice-controlled assistants in the home. Need a recipe, a bio about Theodore Roosevelt, the score in the football? Don’t look at books or even do a search online: just ask Amazon’s Alexa, Apple’s Siri, or the Google Assistant. Want to be entertained? Pick up the iPad and jump onto YouTube and watch what you want, when you want, on demand and online. Feel like reading Moby Dick? Just ask Alexa to read you the audiobook version.

Writing is not going to go away completely anytime soon. But those of us involved in communication need to embrace this Brave New World of video, imagery and sounds. We need to be where the public’s eyes and ears are: and they are increasingly not looking at words, be them on a page or a screen. The pen may indeed be mightier than the sword, but it is those original skills to watch and listen, refined over two million years, that offer the most powerful and enduring means of communication.

[abstracted from a post on sciencecommunication.blog]

 

El conocimiento cautivo: divulgar la ciencia

Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Director del Museo de Ciencias en la Universidad de Navarra

Ignacio López-Goñi Catedrático de Microbiología Director del Museo de Ciencias Universidad de Navarra

Una nueva fórmula: I+D+i+d

La última encuesta de percepción social de la ciencia -que realiza cada dos años la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología-, muestra una tendencia ligeramente ascendente desde 2007: a la gente le interesa cada vez más la ciencia. Pero no nos engañemos, solo un 15% de la población tiene interés por la ciencia, a cerca del 40% la ciencia no le despierta ningún interés y más del 35% no la entiende. La encuesta también incluye algunas preguntas sobre los conocimientos científicos. Entre las respuestas, el 72% de las personas encuestadas piensa que el Sol gira alrededor de la Tierra y el 69%, que los primeros humanos fueron coetáneos de los dinosaurios. No obstante, la ciencia es una de las profesiones mejor valoradas. 

Por otro lado, ciencia y tecnología influyen de forma creciente en nuestras vidas. Sin embargo, la sociedad en general mira a estos ámbitos con poco interés. Ejemplo de ello es nuestro escándalo cuando un alumno de bachillerato no sabe citar un pintor español del siglo XX y la normalidad con la que observamos que no conozca el nombre de ningún científico.

En realidad, no damos importancia a ignorar qué es el ADN o cómo funciona un gen, a pesar de que todas las semanas haya alguna noticia sobre avances que van a cambiarnos la vida. No se trata de que todos seamos científicos, sino de interiorizar su verdadera importancia. 

Del lado de la universidad y los centros de investigación tampoco se están haciendo las cosas bien. En general, nos quejamos del poco apoyo gubernamental; pensamos que se valora poco la investigación; que faltan políticas que promuevan la I+D+i; que no hay dinero para investigar; hablamos una y otra vez de la fuga cerebros y de una generación pérdida; e insistimos en que “#sinCiencianohayfuturo”. Y todo ello es verdad: ¿han visto ustedes recientemente algún debate político hablando de ciencia? Los políticos se preocupan de lo que le interesa a la gente, y a la gente la ciencia no es lo que más le interesa. Por desgracia, olvidamos que una sociedad más formada -también en ciencia- es más culta, crítica, libre y democrática. 

¿Qué hacer entonces?: ¡Deja de quejarte y … haz divulgación científica! Si queremos que nuestra ciencia influya en la sociedad; si queremos el apoyo de la sociedad: hay que contar lo que hacemos, porque la ciencia que no se cuenta, no cuenta. 

En nuestros laboratorios, bibliotecas, departamentos y aulas hay mucha ciencia, pero es un conocimiento cautivo, solo accesible a unos pocos. El futuro está en una nueva visión de la ciencia y la universidad: open innovation, open science, open world. 

Nuestros alumnos son el mundo entero. Una de las funciones de la Universidad es la difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión universitaria. Por eso, la divulgación de la ciencia es parte del trabajo de un profesor e investigador universitario, aunque no todos deban dedicarse a ello. La Universidad tiene que divulgar la ciencia porque es un derecho, por responsabilidad social y por calidad democrática. 

Con divulgación científica no me refiero a comunicación institucional de la actividad investigadora de un centro. No es lo mismo. No se trata solo de contar o informar de lo que cada departamento hace, sino de divulgar la ciencia y demostrar que también es cultura. Se trata de aplicar una nueva fórmula: I+D+i+d= investigación + desarrollo + innovación + divulgación.

En este contexto, en el de la nueva ciencia del siglo XXI, adquiere todo el sentido #LabMeCrazy, un festival de cine y audiovisuales de ciencia que quiere poner en valor la ciencia al servicio de la naturaleza y del hombre, y servir como punto de encuentro de la comunicación y difusión de la cultura científica. Una forma más de contribuir a una sociedad más culta, más crítica y más libre.

 

Los científicos luchan por la credibilidad en internet

James Breiner, profesor de Comunicación Pública en la Universidad de Navarra

James Breiner, profesor de Comunicación Pública en la Universidad de NavarraLos periodistas no son los únicos que reciben ataques de los usuarios digitales que cuestionan su credibilidad. Los científicos también deben lidiar con los bulos y las teorías de conspiración divulgadas por los ignorantes y los maliciosos.

Cuando la ciencia entra en la esfera de la política, el comercio o la religión, comienza la batalla. En el siglo XVII, la Iglesia Católica condenó al astrónomo Galileo por declarar que la Tierra no era el centro del universo sino que giraba alrededor del Sol.

Mucho más reciente, la revista New Republic recientemente reveló cómo los líderes de la Agencia para la Protección del Medioambiente (EPA por sus siglas en inglés) están adoptando políticas que desacreditan las evidencias científicas sobre la contaminación del aire, evidencias que gustan muy poco a las industrias del carbón y del petróleo.

 

El cambio climático y las vacunas

Hoy día las redes sociales representan un importante campo de batalla para la credibilidad científica, aunque los mismos científicos aparentemente no se dan cuenta de ello. El formato popular del vídeo en línea desafía a los científicos, especialmente en los temas controvertidos como el cambio climático y las vacunas. Esto es lo que muestran las numerosas investigaciones que se analizan en la obra editada por Bienvenido León, profesor de la Universidad de Navarra, y Michael Bourk titulada "Comunicando la ciencia y la tecnología mediante el vídeo en línea: investigando un nuevo fenómeno mediático" (Communicating science and technology through online video: researching a new media phenomenon), (Routledge, New York, 2018, 140 pp.).

Mientras estos investigadores a menudo encuentran mucha ciencia de alta calidad en los vídeos, al mismo tiempo describen como los activistas y los charlatanes han conseguido audiencias importantes con sus trabajos. Los grupos de presión, los cabilderos o los usuarios normales se han movilizado por el combate sobre los asuntos del cambio climático y las vacunas.

Resulta que el sensacionalismo y la desinformación, especialmente el contenido que fomenta el temor y la ansiedad, atraen a grandes audiencias. Muchas veces, los voceros del miedo logran audiencias mayores que las instituciones respetadas -universidades, fundaciones, ONG- que producen los estudios científicos de calidad. Y es que los científicos se aferran a los hechos, lo que en internet no genera el tipo de "enganche" (engagement) premiado por los algoritmos de las redes sociales.

Los periodistas, parte del problema

Los periodistas que siguen el modelo tradicional de presentar una controversia de manera imparcial  frecuentemente dan la misma importancia a ambos lados de los debates a pesar de que uno de ellos no tenga ninguna prueba científica, como es el caso de quienes sostienen que las vacunas causan el autismo, a pesar de las evidencias científicas en contra. De hecho, a menudo sucede -como señalan los autores- que "los intentos de corregir la desinformación suelen esparcir las creencias falsas aún más"


 

El vídeo como herramienta para comunicar la ciencia

Bienvenido León, Profesor de periodismo científico en la Universidad de Navarra, Director de #LabMeCrazy! Science Film Festival.

Bienvenido León, Profesor de periodismo científico en la Universidad de Navarra, Director de #LabMeCrazy! Science Film Festival.

Permitidme que os cuente una pequeña historia personal. Hace 26 años, me incorporé a la Universidad de Navarra para dirigir un pequeño centro de producción audiovisual –Euroview-, cuyo objetivo fundamental era realizar materiales audiovisuales de contenido científico. Una de las primeras iniciativas del nuevo equipo fue convocar una reunión de todos los investigadores potencialmente interesados en producir vídeos para dar a conocer su trabajo. Dado que en aquel momento había más de 2000 investigadores en la universidad, reservamos una sala muy grande, en previsión de una asistencia masiva. Nuestra decepción también fue grande: sólo acudieron dos científicos.

Con el paso del tiempo, he recordado esta anécdota muchas veces y he tenido que aceptar que, en aquel momento, el vídeo científico interesaba muy poco. Por el contrario, hoy estamos ante un panorama bien distinto. Hoy todas las universidades y centros de investigación consideran que la producción de vídeos es una actividad de gran relevancia. Y no es de extrañar.

Las encuestas revelan que la televisión e internet son los medios por los que la mayoría de los ciudadanos se informan sobre ciencia y tecnología. En España, la última encuesta de percepción social de la ciencia, realizada en 2018 por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), indica que el 75% de los españoles se informa sobre estos asuntos por televisión, mientras que el 63% lo hace a través de internet. Además, hay que tener en cuenta que el video supone ya más del 80% de todos los datos que circulan por la red. En otras palabras: el vídeo es una herramienta imprescindible para hacer llegar la ciencia hasta el público.

Pero no se trata sólo de números. Las imágenes pueden jugar un papel clave para difundir contenidos científicos, ya que pueden servir de iconos capaces de ilustrar conceptos que serían difíciles de entender en un texto escrito. Además, la investigación al respecto confirma que las imágenes son más eficaces que los textos para transmitir información que posteriormente pueda ser recordada.

Podríamos añadir muchas otras justificaciones de la importancia del vídeo como medio para comunicar la ciencia. Pero, en mi opinión, hay una razón fundamental: las imágenes transmiten emociones que cautivan al público y facilitan su implicación en aquellas cuestiones científicas en las que los ciudadanos deben jugar un papel protagonista. En una sociedad marcada por la sobreabundancia de información de todo tipo, la ciencia necesita competir por la atención del público, en igualdad de condiciones. Y en este contexto, el vídeo se convierte en una herramienta de importancia comparable a la del microscopio. 

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