"Estar en casa me producía cierta sensación de impotencia ya que veía que la situación en la asistencia se iba complicando muchísimo y que faltaban recursos"

Begoña Errasti, profesora de la Facultad de Enfermería, se incorporó a la UCI de CUN Madrid durante el pico de la pandemia

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Begoña Errasti, en la Clínica Univiersidad de Navarra
FOTO: Cedida
04/05/20 14:04 Elena Ojer

Cuando la actividad presencial de la Universidad de Navarra se suspendió a causa de la pandemia del COVID-19, Begoña Errasti trasladó su docencia al entorno digital. Desde su casa, continuó impartiendo sus clases de Fisiopatología a los alumnos de 1º de Enfermería.

Durante ese tiempo de confinamiento, tras la declaración del estado de alarma, una idea le rondaba la cabeza. “Al ver cómo se iban desarrollando los acontecimientos fui tomando, cada vez, una mayor conciencia de la posibilidad real de que desde la asistencia se nos llamara a aquellas enfermeras que no estábamos en activo”, recuerda. Cuando, finalmente, esa llamada se produjo, Begoña sintió alivio y alegría al poder ayudar un poco. “Estar en casa, aunque cumpliendo con mis obligaciones docentes, me producía cierta sensación de impotencia ya que veía que la situación en la asistencia se iba complicando muchísimo y que faltaban recursos de todo tipo, incluidos los humanos”, afirma.

No lo dudó y el 4 de abril se incorporó a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid.

“Como llevaba 8 años y medio sin ejercer como enfermera de UCI, la semana anterior a incorporarme a la práctica estuve yendo a reciclarme a la Clínica en Pamplona”, cuenta. Begoña daba clases por la mañana e iba en el horario de tarde a la UCI. “El fin de semana también estuve yendo a la Clínica, ya que sentía que necesitaba ir el máximo tiempo posible para poder recordar los distintos protocolos, los cuidados a los pacientes críticamente enfermos, las modalidades respiratorias de la ventilación mecánica, la administración de fármacos, el aprendizaje de algunas nuevas tecnologías... Necesitaba aprovechar el tiempo de esa puesta a punto al máximo con el fin de ir a Madrid con una mayor seguridad y en las mejores condiciones posibles”, asegura.

En Madrid, Begoña se ha dedicado al cuidado de pacientes que estaban críticamente enfermos. Al igual que el resto de las enfermeras, auxiliares y celadores, ha trabajado turnos de 12 horas, de día o de noche. “Cuando llegué me encontré con un gran equipo de profesionales que, bajo unas condiciones nada sencillas, han hecho un esfuerzo y labor increíbles por cuidar con humanidad y sacar adelante a todos los pacientes que han podido”, reconoce. “El clima siempre ha sido de mucho agradecimiento, alegría, compañerismo y ayuda”, destaca.

Para Begoña, lo más doloroso ha sido pensar que cada paciente era una persona única, con una historia de vida, con una familia, con unas circunstancias… y las repercusiones que podía tener su situación y evolución sobre su vida y sobre la de sus seres queridos. Pero también tiene claro que ha sido lo más satisfactorio: “Poder volver a ejercer de enfermera de cuidados intensivos y, por tanto, poder cuidar a personas.”

Begoña ha estado trabajando en la Clínica en Madrid hasta el pasado 17 de abril.“Ha sido una experiencia realmente positiva y siento un gran agradecimiento por haber podido estar estos días allí. He conocido a profesionales y pacientes excepcionales que me han enseñado mucho”, concluye. 

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