Investigar en economia: los estereotipos de genero producen peores decisiones

(Coffman, K. B. (2014). Evidence on Self-Stereotyping and the Contribution of Ideas. The Quarterly Journal of Economics, 129(4), 1625-1660)

31/01/20 16:51 José Luis Pinto

Muchas decisiones importantes se toman en grupos en los que cada persona da su opinión sobre cuál es la mejor decisión para una empresa o entidad (una empresa, un hospital, una universidad…). En muchas ocasiones, los componentes del grupo tienen diferente nivel de conocimientos y experiencia sobre la materia a tratar. Por tanto, es más fácil que se tomen decisiones correctas si dan su opinión aquellas personas que están más capacitadas para ello. La investigación conducida por la profesora Coffman demuestra que los estereotipos de género dificultan este proceso. La razón que da es que hay ámbitos que se consideran típicamente femeninos (la moda) mientras que otros son masculinos (deportes). El problema es que dichos estereotipos hacen que las mujeres que tienen experiencia y conocimiento en ámbitos masculinos tiendan a no dar su opinión. Al revés pasa en el caso de los hombres, aunque con dos salvedades. La primera, es que los hombres tienen mayor tendencia a dar su opinión en grupos que tratan temas “femeninos” que a la inversa. La segunda, es que hay más ámbitos que se consideran “masculinos” que a la inversa. La investigación de la profesora Coffman demuestra en su investigación que este comportamiento es malo para los grupos.

La evidencia que la profesora Coffman utiliza para demostrar estos efectos proviene de un experimento que consiste (brevemente) en lo siguiente. Un grupo de estudiantes universitarios, responden a 5 preguntas de cada uno de los siguientes 6 campos: arte, cultura pop, ciencias, historia, geografía y deportes.

Los propios sujetos consideran que las mujeres saben más de arte y cultura pop, mientras que los hombres saben más del resto. Después de responder a 30 preguntas, se les dice que ahora forman parte de un “equipo” con otro estudiante. El “equipo” ha de volver a responder a estas 30 preguntas, pero han de elegir si la respuesta del “equipo” ha de ser la de uno/a u otro/a. Según el número de respuestas correctas e incorrectas ganarán más o menos dinero. Cada uno de los dos miembros del equipo ha de decir si quiere que la pregunta que represente al equipo sea la suya o la del otro. Obviamente, se trataría de que la respuesta que representara al equipo fuera la de aquella persona que supiera más sobre la materia.

La investigación de la profesora Coffman demuestra que no es esto lo que pasa. Las mujeres prefieren que la respuesta que represente al equipo sea la de la otra persona en los ámbitos que considera masculinos y los hombres prefieren que la respuesta que represente al equipo sea la de la otra persona en los ámbitos que considerafemeninos. Esto es así aun en el caso de que dicha persona haya contestado correctamente a las 5 preguntas de un ámbito masculino (si es una mujer) o a las 5 preguntas de un ámbito femenino (si es un hombre).

Esto hace que el grupo conteste correctamente a menos preguntas de las que podría y, por tanto, gane menos dinero. No se elige al que más sabe, sino a la persona que el estereotipo considera que cuadra con el ámbito.

Por último, la investigación de la profesora Coffman demuestra que este problema no se arregla, aunque se le diga al sujeto que ha respondido correctamente a más preguntas en ese ámbito que el otro miembro del equipo. Esto es, aunque una mujer sepa que ha respondido bien a más preguntas de deportes que el otro miembro del equipo, no quiere ser ella la que represente al grupo en ese ámbito. El estereotipo puede más que el conocimiento objetivo.

En resumen, una muy interesante investigación sobre cómo los estereotipos son un problema a la hora de elegir a los más mejores para cada tarea.

Muchas decisiones importantes se toman en grupos en los que cada persona da su opinión sobre cuál es la mejor decisión para una empresa o entidad (una empresa, un hospital, una universidad…). En muchas ocasiones, los componentes del grupo tienen diferente nivel de conocimientos y experiencia sobre la materia a tratar. Por tanto, es más fácil que se tomen decisiones correctas si dan su opinión aquellas personas que están más capacitadas para ello. La investigación conducida por la profesora Coffman demuestra que los estereotipos de género dificultan este proceso. La razón que da es que hay ámbitos que se consideran típicamente femeninos (la moda) mientras que otros son masculinos (deportes). El problema es que dichos estereotipos hacen que las mujeres que tienen experiencia y conocimiento en ámbitos masculinos tiendan a no dar su opinión. Al revés pasa en el caso de los hombres, aunque con dos salvedades. La primera, es que los hombres tienen mayor tendencia a dar su opinión en grupos que tratan temas “femeninos” que a la inversa. La segunda, es que hay más ámbitos que se consideran “masculinos” que a la inversa. La investigación de la profesora Coffman demuestra en su investigación que este comportamiento es malo para los grupos.

La evidencia que la profesora Coffman utiliza para demostrar estos efectos proviene de un experimento que consiste (brevemente) en lo siguiente. Un grupo de estudiantes universitarios, responden a 5 preguntas de cada uno de los siguientes 6 campos: arte, cultura pop, ciencias, historia, geografía y deportes.

Los propios sujetos consideran que las mujeres saben más de arte y cultura pop, mientras que los hombres saben más del resto. Después de responder a 30 preguntas, se les dice que ahora forman parte de un “equipo” con otro estudiante. El “equipo” ha de volver a responder a estas 30 preguntas, pero han de elegir si la respuesta del “equipo” ha de ser la de uno/a u otro/a. Según el número de respuestas correctas e incorrectas ganarán más o menos dinero. Cada uno de los dos miembros del equipo ha de decir si quiere que la pregunta que represente al equipo sea la suya o la del otro. Obviamente, se trataría de que la respuesta que representara al equipo fuera la de aquella persona que supiera más sobre la materia.

La investigación de la profesora Coffman demuestra que no es esto lo que pasa. Las mujeres prefieren que la respuesta que represente al equipo sea la de la otra persona en los ámbitos que considera masculinos y los hombres prefieren que la respuesta que represente al equipo sea la de la otra persona en los ámbitos que considerafemeninos. Esto es así aun en el caso de que dicha persona haya contestado correctamente a las 5 preguntas de un ámbito masculino (si es una mujer) o a las 5 preguntas de un ámbito femenino (si es un hombre).

Esto hace que el grupo conteste correctamente a menos preguntas de las que podría y, por tanto, gane menos dinero. No se elige al que más sabe, sino a la persona que el estereotipo considera que cuadra con el ámbito.

Por último, la investigación de la profesora Coffman demuestra que este problema no se arregla, aunque se le diga al sujeto que ha respondido correctamente a más preguntas en ese ámbito que el otro miembro del equipo. Esto es, aunque una mujer sepa que ha respondido bien a más preguntas de deportes que el otro miembro del equipo, no quiere ser ella la que represente al grupo en ese ámbito. El estereotipo puede más que el conocimiento objetivo.

En resumen, una muy interesante investigación sobre cómo los estereotipos son un problema a la hora de elegir a los más mejores para cada tarea.

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