Una investigadora de la Escuela de Arquitectura estudia el funcionamiento inteligente de las fachadas para reducir el consumo de energía

El objetivo de su tesis ha sido ayudar a arquitectos y diseñadores a introducir en sus proyectos las llamadas fachadas adaptativas opacas

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FOTO: Marcos Del Pozo Fernández
11/11/20 09:54 Laura Juampérez

Miren Juaristi ha investigado, durante su tesis doctoral en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, cómo ayudar a diseñadores y arquitectos a introducir en sus proyectos las fachadas adaptativas opacas: un conjunto de tecnologías que se combinan de forma individual para que cada edificio reduzca al máximo de sus posibilidades el consumo de energía de origen fósil.

“Los edificios son responsables del 40% del consumo energético y de las emisiones de gases de efecto invernadero. El desarrollo de nuevas tecnologías de fachada contribuiría a alcanzar los objetivos medioambientales que llegan de Europa y que instan a los países a desarrollar una economía con una menor huella de carbono, para lo cual es imprescindible que la Arquitectura haga suya esta demanda”, explica la nueva doctora.

Juaristi –que ya se encuentra trabajando en el centro de investigación Eurac Research de Bolzano (Italia)- ha recogido en su trabajo metodologías de diseño novedosas que servirán en las primeras fases de ideación de los edificios, así como un formato de análisis dinámico del clima, de modo que se pueda prever qué fachadas adaptativas tendrían mayor potencial para cada construcción, en función de lugar donde se ubique, de su orientación, etc.

“Las fachadas adaptativas cambian su funcionamiento cuando cambian las condiciones climáticas y/o de uso del edificio. Es como si este se pudiera poner capas de ropa cuando hace más frío y se las pudiera ir quitando si las actividades en su interior generan un sobrecalentamiento”, explica la nueva doctora en Arquitectura.

Menos consumo en espacios más confortables

Para lograr este funcionamiento “inteligente” existen diversas tecnologías dinámicas que permiten, a través de las fachadas opacas, regular el intercambio térmico mediante el bloqueo o la facilitación del paso del calor, según las condiciones de cada momento. “El objetivo final es garantizar espacios confortables en el interior con la menor energía eléctrica, el menor consumo de gas natural, etc.”, subraya la arquitecta guipuzcoana.

Por el momento la investigadora reconoce que todavía no existen sistemas de fachadas adaptativas opacas en el mercado y por lo tanto no es posible aplicarlas en proyectos de construcción de manera directa: “Por eso el proyecto culminó con la propuesta de una guía que resume el proceso de diseño de las fachadas, que probamos con alumnos del Máster en Diseño y Gestión Ambiental de Edificios de la propia Universidad. La mayoría fueron capaces de diseñar y cuantificar el comportamiento térmico de las fachadas que ellos mismos proponían en función del diseño”.

“No obstante, las fachadas adaptativas no serán la única medida tecnológica que habrá que implementar para reducir las emisiones de CO2 derivadas del uso de edificios, sino que habrá que integrarlas en edificios cuya forma ya responda a criterios de reducción de energía y que se enclaven en ciudades inteligentes donde se produzca energía limpia in situ, etc.”, finaliza Miren.

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