2 de septiembre

Ciclo de conferencias

EN TORNO AL PATRIMONIO CULTURAL EN EL VALLE DE RONCAL

Tras las huellas de Fructuoso Orduna en Navarra

José Javier Azanza López 
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro


En su conferencia, el profesor Javier Azanza realizó en primer lugar una aproximación a la figura de Fructuoso Orduna Lafuente (Roncal, 1893-1973), considerado el escultor más importante de la primera generación de escultores navarros (nacidos entre 1890-1920). Aludió a los inicios de su formación en Zaragoza en el taller del escultor Dionisio Lasuén y en la Escuela de Artes Industriales y en la Escuela Superior, así como a sus difíciles inicios en Madrid, adonde marchó en 1914 y fue admitido en el taller de Mariano Benlliure; explícita de esa dificultad es la solicitud de ayuda recogida por Diario de Navarra el 31 de julio de 1915 (“Sepan que hay en Madrid un joven navarro que puede dar días de loria a su pueblo si encuentra quien le ayude a realizar su obra”) y que sería atendida por la Diputación Foral de Navarra con una pensión económica de 2.000 pesetas. La valía del joven Orduna pronto quedó de manifiesto con sus triunfos en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1920 (Cabeza de roncalés, medalla de tercera clase y nueva pensión de la Diputación Foral para trasladarse a Roma) y 1922 (Post Nubila Phoebus, medalla de primera clase), que le permitieron consagrarse como uno de los jóvenes talentos del panorama escultórico español.

El mérito de Orduna fue reconocido de inmediato, como pone de manifiesto su primera exposición individual celebrada en diciembre de 1923 en el Palacio de la Biblioteca y Museos de Madrid, y los elogiosos comentarios de la prensa y revistas especializadas, con especial mención para las reseñas aparecidas en La Esfera (19 de enero de 1924, p. 15) y en la Revista Hispanoamericana de Ciencias, Letras y Artes (Diciembre 1928, pp. 440-444). Tras una trayectoria plagada de éxitos, en 1962 fue nombrado académico de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando, tomando posesión de la plaza el 7 de abril de 1963 con el discurso “La necesidad de las Bellas Artes en la vida humana”, con contestación de Enrique Pérez Comendador. En uno de sus habituales veraneos en Roncal se sintió enfermo, falleciendo el 26 de agosto de 1973.

Aludió también Azanza en esta primera parte de su intervención al lenguaje formal del escultor, de gran virtuosismo técnico y heredero del clasicismo tardío, expresándose principalmente en materiales nobles como el mármol y el bronce aunque sin desdeñar la piedra y la madera. Orduna puso de manifiesto su capacidad para el estudio anatómico en obras como Los atletas (conjunto de seis estatuas instaladas de manera alineada en el Estadio Instituto Ramiro de Maeztu). Se expresa asimismo como un excelente retratista, en tanto que en la estatuaria religiosa se muestra heredero de los mejores imagineros españoles. Y cultivó igualmente una de las manifestaciones escultóricas más características del siglo XX como fue el monumento público, dados los numerosos encargos que recibió, principalmente de las instituciones oficiales de Navarra, aunque también de otros puntos de España, por cuanto el lenguaje figurativo del roncalés satisfacía plenamente los requisitos exigidos por los comitentes de las obras.

Dio así paso el conferenciante a la segunda parte de su intervención, en la que realizó un recorrido por la escultura urbana de Orduna en Navarra, que se extiende prácticamente desde los inicios hasta el final de su trayectoria artística. Dio comienzo con el busto a Julián Gayarre inaugurado en 1917 en Roncal, donde pese a la temprana fecha ya se aprecia su maestría en el dominio del material; busto que debido a su deterioro sería sustituido en 1953 por uno similar realizado en bronce por el propio Orduna y que en 2007 en el jardín anexo a la Casa Museo. En 1923 realizó el busto de Ciriaco Morea, aezkoano de Garayoa enriquecido en Argentina y generoso benefactor de su localidad natal. Un año más tarde se colocaba, en la casa natal de Gayarre en Roncal, la placa conmemorativa dedicada por la Tertulia Navarra de Madrid, una vez introducida en ella la correspondiente modificación epigráfica, por cuanto fue concebida inicialmente para la casa madrileña en la que murió el tenor roncalés. Y también en 1924 Orduna concibió el boceto para el irrealizado monumento a Fr. Diego de Estella en su ciudad natal.

En 1928 se inauguraba en Garde el monumento a Pedro Navarro, destacado estratega e ingeniero militar distinguido por el Gran Capitán con el título de Conde de Oliveto por sus acciones en la guerra de Nápoles, y para cuyo retrato Orduna se inspiró en la obra Ritratti et Elogii di Capitani Illustri (Roma, 1635); las 35.000 pesetas de su coste fueron aportadas por los vecinos y el Ayuntamiento de la localidad roncalesa, con su alcalde José Glaría al frente. Un año más tarde tenía lugar en Pamplona la inauguración del monumento al General Sanjurjo, en reconocimiento a la victoria alcanzada por el Ejército de África al mando de Primo de Rivera; sin embargo, su posterior participación en el Alzamiento de 1936 rodeó de polémica el monumento que fue objeto de sucesivos atentados hasta la definitiva retirada del busto en 1988, quedando así despojado de su significado original y a la espera de recibir un nuevo uso y función. Ese mismo año de 1929, el monumento funerario de Hilarión Eslava en el cementerio de Burlada quedaba coronado por un busto de bronce del compositor obra de Orduna; y Tudela rendía homenaje a José María Méndez Vigo, diputado a Cortes por el distrito de Tudela entre 1914 y 1923 e incansable benefactor de la ciudad y su comarca, con un monumento proyectado por el arquitecto madrileño José Luis Marrero y ejecutado por Orduna, con la alegoría de la Agricultura y el retrato de perfil del ilustre bienhechor.

En 1933 se inauguraba en Pamplona el monumento a Juan Huarte de San Juan, concebido por Orduna como un relieve escultórico ejecutado en una plancha de bronce e inscrito en un pedestal de piedra, en el que plasmaba los rasgos físicos del filósofo, psicólogo y médico nacido en San Juan de Pie de Puerto que se acompaña de su Examen de ingenios para las ciencias. Un año más tarde, el frontón de la fachada del Palacio de Diputación orientada hacia la Avenida de Carlos III acogía una decoración escultórica en clave alegórica representando a Navarra rodeada de sus trabajos y oficios. También en Pamplona, los jardines de la Taconera acogieron el Monumento a Julián Gayarre, inaugurado en 1950 y fruto de la colaboración entre Víctor Eusa y Fructuoso Orduna; ejecutado en mármol blanco, su linterna inferior queda decorada por catorce figuras esculpidas en relieve que simbolizan la glorificación de la carrera del tenor roncalés y el sentimiento de dolor que causó su muerte, culminando el conjunto la estatua de Gayarre, al que el escultor representa en su interpretación de la ópera Los pescadores de Perlas, y ante el que un crítico exclamaba que “Orduna, en el mármol, ha hecho a Gayarre un poema a golpe de cincel”.

La fachada del Palacio de Diputación que mira hacia el Paseo de Sarasate recibía en 1951 un grupo escultórico de Orduna que representaba el escudo de Navarra sostenido por alegorías masculinas de la Ribera y la Montaña, concebidas a modo de togados romanos. La presencia en el escudo de la Laureada de San Fernando (concedida a Navarra en 1937 por Francisco Franco) supuso, en cumplimiento de las leyes de símbolos y de Memoria Histórica, la retirada del grupo escultórico en 2016, siendo sustituido por una vidriera con el escudo oficial de Navarra realizada por el olitense Alberto Chueca Lenzano. La misma fachada de Diputación acogió en 1952 en sendas hornacinas las estatuas en bronce de los reyes navarros Sancho el Mayor y Sancho el Fuerte. Y un año más tarde, a las puertas del cementerio de Roncal se levantaba un monumento en homenaje al político y prestigioso prohombre Valentín Gayarre.

Orduna se encuentra con un nuevo personaje del Renacimiento en su monumento al célebre condotiero, príncipe y político italiano César Borgia, inaugurado en 1965 en Viana, donde encontró la muerte en 1507 luchando contra los ejércitos de Castilla. En 1967 se erigía en Javier un monumento a san Francisco Javier, en el que Orduna se ajusta a la iconografía tradicional del santo que trabaja a base de grandes planos sin prestar tanta atención al detalle. La última obra de Fructuoso Orduna será el busto del duque de Ahumada, inaugurado en 1969 en Pamplona junto a la Comandancia de la Guardia Civil, en el que el escultor roncalés manifiesta en el rostro del fundador de la Benemérita sus cualidades para el retrato. Se cierra así el periplo por la escultura pública de Orduna en Navarra, en un recorrido que nos ha aproximado a algunas de sus obras más representativas y a algunos de los personajes más significativos que forman parte de la identidad del viejo Reino.

Fig. 1. “Un escultor navarro. Fructuoso Orduna”, La Esfera, nº 524, 19-1-1924, p. 15.

Fig. 2. “Fructuoso Orduna”, Revista Hispanoamericana de Ciencias, Letras y Artes, nº 68, Diciembre 1928, pp. 440-441

Fig. 3. Busto de Julián Gayarre con dedicatoria de Fructuoso Orduna a su amigo Valerio Labari. Roncal, 1917. Col. José Ignacio Riezu Boj.

Fig. 4. Fructuoso Orduna. Boceto del monumento irrealizado a Fr. Diego de Estella, 1924.

Fig. 5. Fructuoso Orduna. Monumento a José María Méndez Vigo. Tudela, 1929.

Fig. 6. Víctor Eusa y Fructuoso Orduna. Monumento a Julián Gayarre, Pamplona, 1950.

 

Bibliografía

Arahuetes Pérez, C., Fructuoso Orduna, Col. Panorama nº 7, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1986.
Azanza López, J. J., El monumento conmemorativo en Navarra. La identidad de un Reino, Col. Panorama, nº 31, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2003.
Azanza, J. J., Muruzábal, J. M., Urricelqui, I. y Zubiaur, F. J., Guía de escultura urbana en Pamplona, Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 2010.
Muruzábal del Solar, J. M., Escultura pública en Navarra. Catálogo y estudio, 1800-2008. Tesis doctoral defendida en la Universidad de Navarra.
Urricelqui Pacho, I. J., “Post Nubila Phoebus, de Fructuoso Orduna, y la cultura artística de su tiempo”, Príncipe de Viana, nº 265, 2016, pp. 661-688.
Zubiaur Carreño, F. J., “Escultores contemporáneos”, El Arte en Navarra, T. II, Pamplona, Diario de Navarra, 1994, pp. 609-624.