6 de marzo de 2007

Ciclo de conferencias

LECCIONES DE ARTE CONTEMPORÁNEO EN NAVARRA

Tendencias de la escultura de la contemporaneidad: el monumento conmemorativo

Dr. Javier Azanza López.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

A la hora de abordar un tema como éste se hace inexcusable de entrada una reflexión: el valor del monumento conmemorativo no se limita tan sólo a su faceta artística, a sus aspectos formales, sino que es mucho más: viene a plasmar en piedra, mármol o bronce un sentimiento, una manera de ser o de pensar, una conducta a seguir o a imitar, la conciencia y el orgullo de pertenecer a una localidad o a toda una comunidad, en definitiva, la identidad de un reino. Pocas obras más enraizadas en el contexto histórico, sociológico y cultural que la escultura conmemorativa representativa de hechos históricos o de personajes ilustres con los que se identifica el espíritu colectivo de un pueblo.

Junto a ello, la comprensión de todo monumento conmemorativo implica el análisis de sus componentes formales, tipológicos, materiales y temáticos. Resulta fundamental prestar atención al emplazamiento, al espacio que rodea al monumento conmemorativo y con el que en la mayoría de las ocasiones establece un diálogo directo. Junto al emplazamiento, el estudio de la tipología resulta clave a la hora de abordar el monumento conmemorativo, desde los que responden a un planteamiento arquitectónico hasta los plenamente escultóricos en sus diversas variantes: figuras en pie, sedentes, estatuaria en grupo y bustos. Carece Navarra de monumentos ecuestres, seguramente porque esta tipología resulta inseparable de políticos y militares ilustres, grupo que adquiere un protagonismo menor en nuestra comunidad. 

Muy interesante resulta conocer los comitentes que tomaron la iniciativa de levantarlos y los que los sufragaron, así como las ceremonias públicas, oficiales y populares, que rodearon los actos de inauguración de los diversos monumentos. El capítulo dedicado a los artistas constituye otro de los aportes de este tema por cuanto conviven diversos lenguajes escultóricos, desde los más historicistas a la escultura abstracta. Y así, han tenido cabida en esta disciplina desde nombres como Fructuoso Orduna y Ramón Arcaya, inscritos en la corriente figurativa y realista de la primera mitad del siglo XX, hasta los más recientes de Jorge Oteiza, Faustino Aizkorbe o el estellés Carlos Ciriza, sin olvidar a otros artistas como Áureo Rebolé, Antonio Loperena, Rafael Huerta, Juan Manuel Campos Mani, José Ulibarrena, Henriette Boutens, Manuel Clemente Ochoa, Boregan o Pedro Jordan, que nos permiten realizar un amplio recorrido por la escultura navarra del siglo XX en sus diversas tendencias. 

Tan importante como el estudio de los artistas resulta el de la iconografía del monumento conmemorativo, que en Navarra es susceptible de una clasificación en cuatro grandes grupos. En primer lugar los monumentos que celebran acontecimientos de diversa índole relevantes para la historia de Navarra, ya sean de naturaleza política, militar o religiosa. Encabeza este grupo el monumento a los Fueros de Pamplona, al que se suman otras localidades que también cuentan con su correspondiente homenaje foral.


Monumento a los Fueros

Pamplona. Monumento a los Fueros. Manuel Martínez de Ubago


Más numeroso resulta el grupo dedicado a los personajes históricos, en el que se incluyen nombres tanto de talla internacional como pertenecientes a la pequeña historia local de algunas poblaciones. Así, han merecido el honor del pedestal monarcas, pertenecientes a la dinastía navarra y en consecuencia situados cronológicamente en la Edad Media; personajes vinculados al mundo de la política, los cuales presentan el denominador común de haber actuado –y, desde luego, así son recordados- como insignes benefactores de los lugares en donde se les dedican las estatuas; gentes de la milicia, caudillos y guerrilleros, si bien la ejecución o posterior conservación de alguno de estos conjuntos monumentales no ha quedado exenta de polémica; santos, todos ellos relacionados con la historia de Navarra, que han abandonado circunstancialmente los altares para ocupar un lugar en la vía pública; personajes del mundo de las artes y de las letras, terreno siempre más proclive a la unanimidad a la hora de reconocer los méritos de los homenajeados, y situados por norma general en parques y jardines públicos, como si existiera una asociación representativa entre tal ámbito y esta faceta de la cultura; médicos, puesto que el ejercicio de tal profesión ha gozado siempre de un respetable valor social; y finalmente, teólogos y miembros de órdenes religiosas que asoman a la vía pública, ya sea por su prestigio literario, su dedicación a actividades benéficas y su sacrificio hacia los demás, o como promotores y fundadores de instituciones y colegios.


Monumento a Sancho VII el Fuerte

Tudela. Monumento a Sancho VII el Fuerte. Antonio Loperena


El tercer grupo estaría dedicado a los monumentos de naturaleza religiosa en el que adquieren especial protagonismo los dedicados al Sagrado Corazón, iconografía que adquirió protagonismo en Navarra en los años cuarenta y se prolongó durante las dos décadas siguientes, y a la Inmaculada Concepción.


Monumento a San Francisco Javier

Pamplona. Monumento a San Francisco Javier. Faustino Aizkorbe


Por último, adquieren también protagonismo en Navarra los monumentos de naturaleza simbólica y sociológica, que representan un símbolo o una idea, o rinden homenaje a una actividad, profesión o tradición profundamente arraigada en nuestra tierra. Monumentos dedicados a la paz, a la familia, a los peregrinos del Camino de Santiago o a Javier, al encierro, al auroro, al pastor o al hortelano, configuran igualmente muchos de los valores representativos de nuestra comunidad.


Monumento a José Joaquín Arazuri.

Pamplona. Monumento a José Joaquín Arazuri.