4 de septiembre de 2014

Conferencia

 

Siglos de Arte y Devoción en torno a la Virgen del Yugo

D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

Devoción legendaria y secular
El origen de la devoción secular a la Virgen del Yugo, en Arguedas y en otras localidades de la zona, se pierde en el tiempo, sin que se pueda precisar la fecha de la leyenda de su aparición, que el imaginario popular sitúa allá por el año 1189, fecha que se hizo coincidir en 1889 con las singulares celebraciones en el santuario con motivo de la efeméride del décimo tercer centenario del III Concilio de Toledo.

La leyenda, hermosa como otras muchas, cuenta con elementos que se repiten en numerosas advocaciones marianas: el árbol (un pino), un utensilio de labranza (el yugo), la aparición, la incredulidad inicial de los vecinos, el milagro en la persona devota (un labrador cojo) y la acogida y recepción de la imagen por parte de las autoridades y todo el pueblo. Los primeros testimonios históricos nos llevan a mediados del siglo XIV, cuando el alcalde de Arguedas compró una pieza a los obreros de “Sancta María del Iugo”. La misma escultura se data en la segunda mitad del siglo XIV y Fernández-Ladreda la pone en relación con las imágenes de la Virgen de la leche, con el consabido gesto del Niño llevando su brazo al pecho materno que queda pudorosamente oculto por los ropajes.

La fiesta de la aparición se celebraba tradicionalmente el 25 de marzo, día de la Encarnación, que se trasladaba al segundo día de Pascua de Resurrección si había impedimento por coincidir con la Semana Santa. En 1863 la villa hizo voto para celebrar misa cantada con sermón el día del Dulcísimo Nombre de María. Hasta ese año había otras muchas fiestas con visita al santuario, como ocurría el día de San Gregorio y la Cruz de mayo, prácticas que se suprimieron por la reducción del cabildo. Entre las fechas destacadas en torno a su culto, hay que mencionar también el año 1795 en que fue nombrada como patrona y abogada del Batallón número 10 de los Voluntarios de Navarra, con lucidos festejos. 


Nuestra Señora del Yugo
Segunda mitad del siglo XIV

 


Respecto a las rogativas y traslados extraordinarios a la parroquia, citaremos algunos. En 1817, se hizo a petición de los labradores y ganaderos de la localidad, teniendo en cuenta “los apuros que se están experimentando en los campos y pastos por la escasez tan extraordinaria de lluvias …, han resuelto renovar la rogativa … sacando y conduciendo a la parroquia la milagrosa imagen de Nuestra Gloriosa Patrona y Protectora la Madre de Dios del Yugo, a fin que con su poderosa intercesión se consiga sean redimidos los campos y pastos con la lluvia necesaria en la presente calamidad y escasez”. En 1834, en un contexto de peste y guerra, se hizo lo propio con un bando municipal, ordenando “que todos los vecinos acudan a las nueve y media asistir a la misa de rogativa que se celebrará en esta iglesia delante de Nuestra Señora, y que ningún vecino vaya a trabajar hasta después de medio día”

La imagen se volvió a bajar a la parroquial en distintos momentos del siglo XIX. En 1854-1855 con motivo del cólera morbo y en 1889, para celebrar el VIII Centenario de la aparición, con una gran concentración de 8.000 personas procedentes de la villa, Villafranca, Milagro, Cadreita, Valtierra, Carcastillo, Murillo el Fruto y Mélida. 

Entre las últimas salidas mencionaremos las de 1936, con motivo de la Guerra Civil; 1946, para asistir a la coronación de Santa María la Real en Pamplona; 1952, para proceder a su restauración en Madrid, por cierto bastante desafortunada; 1981, por obras en la ermita; 1989, para celebrar el IX Centenario de la aparición; 2000, por el Jubileo y 2010 en que además de visitar Arguedas lo hizo, por primera vez, a Valtierra y Cadreita.

En cuanto a cofradías, tenemos noticias de tres. La primera establecida en 1728, con gracias e indulgencias otorgadas por Benedicto XIII, mediante bula papal de 17 de abril de aquel año. La integraban vecinos de Arguedas y de otros pueblos. La segunda, con título de Hermandad de la Virgen del Yugo, se fundó en 1893 y estaba compuesta por sacerdotes. La tercera se constituyó en 1927, con estatutos aprobados por el obispo de la diócesis don Mateo Múgica el 7 de febrero de 1928.

El santuario y su exorno
La muestra más evidente y palpable de tan intensa devoción es el santuario, denominado secularmente como basílica y a quien cuidaba de él como “basiliquero”. La fábrica actual se asienta sobre otra anterior que se encontraba muy deteriorada en la segunda mitad del siglo XVI. En 1585, los cabildos eclesiástico y secular dispusieron “que la ermita y santa casa de Nuestra Señora del Yugo que es una de las tres basílicas está muy vieja y en grande peligro de caer y porque la devoción della no se pierda, sino que antes se aumente, porque en ello se acrecentarán sus rentas y limosnas, conviene y es necesario e acabe de hacer y edificar la iglesia y ermita que está principiada a hacer”. El encargado de acometer la obra fue el maestro tudelano Juan Miguel de Bara, por la cantidad de 1.050 ducados. Por haber fallecido y por haber tomado otras fábricas en Valtierra, no culminó la obra. A comienzos del siglo XVII, a partir de 1602 se retomaron las obras por el cantero Pedro de Arrese, natural de Gaviria, que se estableció durante años en Arguedas y cobró 8.000 reales.

A esa fase constructiva de fines del siglo XVI y comienzos de la siguiente centuria corresponde la nave. La cabecera y el crucero con su cúpula elíptica y arcos torales de decoración con yeserías de filiación aragonesa, son producto de una ampliación del santuario que llevó a cabo el maestro de Corella Pedro Aguirre en 1679. Una tercera fase de obras consistió en la adición de la sacristía y el camarín, obras que trazó en 1716 el veedor de obras del obispado Juan Antonio San Juan. Finalmente, en 1754, el maestro de Corella José de Argos se hizo cargo de la construcción del coro y remodelación de la fachada, tras el hundimiento y ruina del coro en 1751.
 

Basílica de Nuestra Señora del Yugo
 

Del conjunto de retablos y pinturas destacan hoy la decoración del camarín y el retablo mayor. Este último, con elegantes salomónicas y decoración carnosa ricamente policromada, fue realizado en 1679 por dos afamados maestros tudelanos que por aquellas fechas también hicieron el mayor del Rosario de Corella: Sebastián de Sola y Calahorra y Francisco Gurrea. Su dorado y policromía fue obra del aragonés Francisco del Plano en 1684, realizada con delicadeza y pulcritud, según un contrato en el que constaban todo tipo de detalles. Los lienzos son obra de Vicente Berdusán, si bien los del cuerpo principal están muy retocados y han perdido la fogosidad y luminosidad del siglo XVII.

El camarín, a nivel del templo como se hacían en Navarra en su mayor parte, se encuentra decorado por pinturas de 1728 al fresco de José Eleizegui y Asensio y que constituyen uno de los conjuntos escenográficos más interesantes del Barroco en Navarra. 

Han desaparecido algunas piezas notables del exorno de la ermita, como el órgano realizado en 1801 y la práctica totalidad de las joyas de la Virgen que, según los inventarios de los siglos XVII y XVIII, eran ricas y sin comparación por su variedad y abundancia con otras imágenes marianas del momento.


Basílica de Nuestra Señora del Yugo
Retablo mayor. 1679
Sebastián de Sola y Calahorra y Francisco Gurrea 


 

Exvotos, oratoria sagrada y estampas devocionales
Se han conservado, excepcionalmente, un par de exvotos muy interesantes, uno en relación con un cazador de 1719 y otro datado en 1696 que representa el interior de una casa madrileña, la del arguedano don Esteban de Cegama, contador del rey, cuya mujer resultó sanada tras invocar a la Virgen del Yugo. La cama con dosel, el altar con sus estrado, la recámara, las pinturas de la Soledad y los paisajes, a una con el retrato real y el espejo, son un excelente exponente de cómo eran los interiores de las casa de la Corte en la época de Carlos II.

La Virgen del Yugo fue objeto de piezas de oratoria sagrada importantes. Conocemos sermones publicados en los siglos XVII y XVIII. En 1709 se publicaba en Madrid un sermón a la Virgen del Yugo, con título de La Divina encantadora, predicado por el jesuita navarro José Miñano al que podíamos denominar como un verdadero pico de oro del momento. Está dedicado a doña Simona de Azcona, a la que se titula pomposamente como “azafata de la reina” y que figura en la nómina de la casa real entre las dueñas de retrete, junto a doña Beatriz de Valenzuela. Otro sermón fue publicado en Pamplona por el prolífico franciscano fray Buenaventura de Arévalo en 1754 con título de “La graciosísima Serrana. La ciudad sobre el monte sobre todos los montes. La universal protectora, la milagrosísima Imagen de María con el amable título del Yugo”. En 1795 también se editó el sermón a la Virgen del Yugo dedicado al teniente coronel de Voluntarios de Navarra.

No faltaron en el santuario estampas para difundir el culto a la advocación mariana del Yugo, con el pasaje de la aparición al labrador cojo. Entre las calcográficas destacaremos la que ilustra el sermón de 1754, de la que se hicieron tiradas múltiples, obra del platero y grabador pamplonés Juan José de la Cruz. Su éxito explica que en pleno siglo XIX se litografiase el mismo modelo en el establecimiento pamplonés de Sixto Díaz de Espada en 1871, junto a los gozos antiguos de la Virgen, anteriores a los de la novena de fray Juan Resa, popularizada en la monografía del santuario escrita por Lino Munárriz, editada en 1870 y reeditada en 1898.