28 de marzo de 2012

Ciclo de conferencias

CICLO DE SEMANA SANTA

Páginas de historia de la Hermandad de la Pasión de Pamplona en su 125 aniversario

D. Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza.
Archivero-Bibliotecario del Parlamento de Navarra

 

La celebración del 125 Aniversario del nacimiento de la Hermandad de la Pasión de Pamplona es un buen momento para contemplar su trayectoria histórica y definir las etapas que han marcado su existencia, más allá de un relato meramente enumerativo de acontecimientos. Revisados convenientemente éstos, se pueden distinguir cinco períodos dentro de la vida de la Hermandad.

Los contactos para la fusión de tres hermandades penitenciales existentes en Pamplona (dedicadas a la Oración en el Huerto, el Cristo Alzado y el Santo Sepulcro) comenzaron en 1884, pero hasta el 28 de octubre de 1885 no se aprobaron las Bases para la unión. La redacción de las Constituciones y el Reglamento se encomendaron al jurista Serafín Mata y Oneca; fueron aprobadas en una reunión celebrada el 18 de enero de 1887, que se considera el acto fundacional de la Hermandad. Dos meses más tarde una asamblea constitutiva eligió primer prior a Serafín Mata. Se cerró así el proceso fundacional. La Hermandad es una muestra del asociacionismo católico, que surgió en aquellos momentos como fruto del clima de tranquilidad y colaboración entre la Iglesia y el Estado y de la maduración de los católicos, que vieron en ese asociacionismo una fórmula para contribuir a la reconstrucción religiosa del país. 

El primer período de vida de la Hermandad corresponde a la puesta en marcha de la misma (1887-1906). Se renovó la procesión del Santo Entierro, dándole un sentido alegórico y bíblico, para representar toda la Historia de la Salvación, en un diseño que se debió al prior Mata. Fue preciso dotarla de finaciación y se inició la sustitución de los pasos, que comenzó con el Sepulcro (1887), de Valmitjana, y el Descendimiento (1906), de Castellanes. También la Hermandad creó la procesión del Retorno de la Dolorosa (1889). 

La aceptación popular que tuvo la Hermandad y el sólido trabajo realizado le permitieron una Primera Etapa de Plenitud (1914-1926), que estuvo marcada por la adquisición de cinco nuevos pasos. El escultor barcelonés José Rius realizó cuatro de ellos: el Prendimiento (1915), la Última Cena y la Oración en el Huerto (1919) y la Cruz a Cuestas (1923). El grupo se completó con la Entrada en Jerusalén, del pamplonés Ramón Arcaya (1926). Además, la Hermandad promovió la conversión del traslado de la Dolorosa en una procesión. Desde el punto de vista organizativo la novedad más importante fue la creación de la Sección de Hermanas de la Soledad (1926), que permitió la incorporación de las mujeres en general a la Hermandad (hasta entonces restringida a las esposas o viudas de los hermanos), aunque sin poder participar en las procesiones ni en la Junta de Gobierno.

La Segunda República (1931-1936) marcó una etapa de crisis para la Hermandad, por el acoso externo que sufrió y que llevó a suspender las procesiones en cuatro de esos años. Sólo se celebraron en 1935. La reacción de la Hermandad fue el reforzamiento de su identidad y el crecimiento interno. Adquirió el paso del Cristo Alzado, obra de Fructuoso Orduna (1934), dio mayor solemnidad al Septenario de la Soledad, celebrado en la catedral desde 1933, y potenció la Sección de Hermanas, a la que se dotó de un Reglamento (1935) y una Junta, presidida por la Camarera Mayor.

En la postguerra la Hermandad vivió una Segunda Etapa de Esplendor (1945-1962), que permitió culminar la renovación de los pasos de la procesión, con la adquisición de la Flagelación, de Jacinto Higueras, y el Ecce Homo, de Mariano Benlliure, ambos en 1945. El ciclo se completó con el paso de la Caída, de Manuel Caicedo (1952). Mientras tanto se abordó con éxito la renovación de los Estatutos (1947), que mantuvieron las líneas esenciales definidas en la fundación. El siguiente empeño fue dotarse de una sede propia, que se construyó en 1955 gracias al amparo del arzobispo Enrique Delgado Gómez y a las aportaciones generosas de los Hermanos. La etapa se cerró con los actos conmemorativos del 75 aniversario de la creación de la Hermandad en 1962.

La última etapa ha estado marcada por la Renovación impulsada por el Concilio Vaticano II, que provocó un debate entre renovación o mutación del culto a la Pasión. Triunfó la primera opción, que desembocó en las nuevas Constituciones de 1986, que conservaron las tradiciones, pero ampliando conceptualmente la espiritualidad de la Hermandad. Fue también la etapa de la mayoría de edad de las Hermanas, que se integraron en igualdad de derechos con los Hermanos, se encargaron del Septenario (1977) y comenzaron a participar en las procesiones, tanto en Junta (1986) como entunicadas. El ciclo se cerró con la aprobación del Reglamento de 1989.

En el momento actual la Hermandad vive las transformaciones propias de la mutación de las costumbres sociales, pero a la vez experimenta la acogida popular multitudinaria de la que goza la procesión del Santo Entierro en Viernes Santo y los demás cultos de Semana Santa, que han sido completados con una procesión y acto de oración en Jueves Santo desde 2008. A la vez se ha roto el principio de unidad orgánica vigente en Pamplona durante 120 años con la aprobación canónica de otra hermandad. 


Las conferencias tuvieron lugar en el Civivox Condestable de Pamplona

Las conferencias tuvieron lugar en el Civivox Condestable de Pamplona