17 de octubre de 2012

Ciclo de conferencias

EN TORNO A LA EXPOSICIÓN OCCIDENS. DESCUBRE LOS ORÍGENES

La catedral gótica de Pamplona: iconografía del claustro

Dña. Soledad de Silva y Verástegui
Universidad del País Vasco

 

Durante los siglos del gótico se llevaron a cabo dos importantes empresas artísticas en la Catedral de Pamplona. En primer lugar, el nuevo claustro gótico que sustituyó al antiguo románico, obra iniciada ya a fines del siglo XIII que quedó concluida, en gran parte, a mediados del siglo siguiente. Y en segundo lugar, la nueva iglesia catedralicia que comenzada en la última década del siglo XIV permaneció en construcción a lo largo de todo el siglo XV. Ambas obras requirieron una espléndida ornamentación arquitectónica tanto esculpida como pintada, además de la dotación de importantes monumentos funerarios, labrados ex profeso, retablos, púlpitos, imágenes de devoción, o el ajuar litúrgico que comprendía excelentes piezas de orfebrería y manuscritos ilustrados. Tratar de todo este conjunto de obras en el tiempo de una hora obligaría a reducir la conferencia a poco más que un inventario o catálogo, por lo que ésta se centró en el programa iconográfico esculpido en el claustro, una de las más bellas creaciones del gótico universal que sobrepuja, por su exhuberancia decorativa, la labor de otros claustros hispanos coetáneos como los de Burgos, León, Oviedo o Toledo.

El claustro era un espacio esencial en la vida de los canónigos de la Catedral de Pamplona desde que éstos, a fines del siglo XII, se habían convertido en canónigos regulares sometidos a la Regla de San Agustín. La vida en común exigía una serie de dependencias como la sala capitular, el refectorio y la cocina, el dormitorio y otras estancias donde discurría aquélla, siendo el claustro uno de los lugares mas transitados y de paso obligado para acceder desde cualquiera de ellas a la iglesia o viceversa. La decoración esculpida de este recinto se centró en tres niveles, que comprenden, las claves de bóveda en el más elevado, los capiteles a mitad de altura, y finalmente las portadas y los grupos esculpidos que quedan más abajo, al alcance de la mirada.

Las primeras, especialmente la mayoría de las claves situadas en el ala oriental, norte y occidental del claustro, nos proporcionan una alegoría del mundo o del orbe terrestre donde rigen las categorías del espacio y del tiempo evocadas respectivamente por las imágenes de los vientos y de los ríos del Paraíso, y de un calendario representado ,como fue habitual en la Edad Media, por las labores de los meses del año. El Agnus Dei, alegoría de la Redención, confiere al conjunto un significado de nueva Creación.

A un nivel más bajo se sitúan los capiteles que desarrollan la actividad humana con un gran despliegue de temas profanos, muy variados, en la que se inserta la historia de la Salvación. Esta se inicia con la creación del primer hombre y prosigue en los cuatro capiteles que representan diversos episodios del Génesis hasta la Torre de Babel, cuya construcción presenta una imagen de la vida cotidiana. El tema de Job, prefigura de la Pasión de Cristo, en otros dos capiteles, nos permite enlazar el Antiguo Testamento con el ciclo de la Pasión representado en las puertas del Refectorio -que incluye un programa de exaltación eucarística-y del Arcedianato en el ángulo suroeste. 

Excepcional interés iconográfico ofrece la Puerta del Amparo que representa la Koimesis en el tímpano y una bellísima imagen de la Virgen y el Niño en el parteluz, ambos coronados, y acompañados de otras escenas, entre ellas una Anunciación y el episodio de la caída de Adán y Eva, que sirvieron a los teólogos medievales para explicar las razones de este singular privilegio mariano. Finalmente, la ultima gran portada del claustro, llamada la Puerta Preciosa, en el lado meridional, desarrolla el ciclo de la muerte y Coronación de la Virgen. Sin duda la repetición del salmo:” pretiosa est in conspectu Domini, mors sanctorum eius”que acompañaba la lectura de la Pretiosa o el martirologio que los canónigos de la Catedral hacían a diario en la sala capitular, cuya puerta debían atravesar para acceder a ella, ha podido motivar su programa iconográfico. Ello explicaría también la serie de martirios de santos que se representan en las claves de las bóvedas de los tramos contiguos. Otra devoción que el cabildo debía cumplir, según decreto de los obispos, era la procesión nocturna después de Completas desde el coro a la capilla de Jesucristo que incluía, entre otras, dos paradas estacionales en el claustro, una ante el grupo de la Epifanía en el ángulo nordeste y otra, ante las efigies de San Pedro y de San Pablo situadas en la puerta de la capilla Barbazana. Los documentos de la Catedral nos han permitido conocer las antífonas y oraciones que los canónigos rezaban ante estas imágenes.
 

Catedral de Pamplona. Claustro. Portada del Refectorio.

Catedral de Pamplona. Claustro. Portada del Refectorio. Principios del siglo XIV