10 de octubre de 2012

Ciclo de conferencias

EN TORNO A LA EXPOSICIÓN OCCIDENS. DESCUBRE LOS ORÍGENES

La catedral de Pamplona y el arte románico navarro

D. Javier Martínez de Aguirre
Universidad Complutense de Madrid

 

La construcción de la catedral románica de Pamplona a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XII constituyó el acontecimiento de mayor trascendencia para el desarrollo del arte románico en Navarra. Con anterioridad se habían llevado a cabo empresas arquitectónicas de interés, como la cripta y nueva iglesia de la abadía de Leire (consagrada en 1057) y la cabecera de Ujué (en obra hacia 1089), pero ni una ni otra propiciaron un cambio sustancial del paisaje monumental del reino.

La renovación del conjunto catedralicio se inició con la edificación de la canónica en los últimos años del siglo XI, como consecuencia de la reforma del cabildo promovida por el obispo francés Pedro de Roda, firme seguidor de la política eclesiástica reformista impulsada por el papado. El edificio destinado a albergar la vida regular de los canónigos fue más tarde empleado como almacén, por lo que recibió el nombre de cillería con que fue conocido hasta la reciente identificación de su uso primigenio. En la obra intervinieron canteros locales y al menos un escultor venido del Sur de Francia, como denotan los capiteles de la portada. La canónica estuvo organizada en dos niveles separados por un forjado de madera. La distribución de espacios internos se atisba en la distribución no uniforme de las ventanas.

Hacia 1101 el mismo obispo trajo a su servicio a Esteban, maestro de la catedral de Santiago de Compostela, a quien encargó la construcción de un nuevo templo. Las obras avanzaron con rapidez, de modo que fue posible consagrar la iglesia en 1127. Conocemos su planta gracias a las excavaciones llevadas a cabo a finales del siglo XX. De notables dimensiones en sus tres naves longitudinales y transepto, incluía particularidades como la capilla mayor de exterior poligonal e interior semicircular, inspirada en la catedral compostelana.

La gran fábrica catedralicia pronto sirvió de modelo para otras iglesias de la diócesis edificadas en el segundo tercio del siglo XII, empezando por abadías como Irache, parroquias urbanas como Santa María de Sangüesa, parroquias rurales como San Martín de Unx y decanías catedralicias como Zamarce. El recurso habitual en estos templos a la combinación ventana-óculo y a la alternancia de vanos y arcos ciegos lleva a pensar que ambas soluciones existieron previamente en la seo pamplonesa. Todavía en una segunda generación de iglesias alzadas a lo largo del tercer tercio del siglo, como Santa María de Tudela, San Miguel de Cizur Menor o Santa María de Yarte es posible encontrar rastro de las soluciones constructivas empleadas en la seo pamplonesa.

En cuanto a la escultura, la portada occidental catedralicia, cuya planta conocemos gracias al plano de Ventura Rodríguez, derivaba de formas compostelanas (capiteles del Museo de Navarra). En cambio, el llamado Maestro del Claustro, creador de algunos de los capiteles mejor conseguidos de la primera mitad del siglo XII europeo, vino directamente del innovador foco de Toulouse. Sus historias de Jesucristo y Job sorprenden no sólo por el detallismo, sino muy especialmente por su capacidad narrativa. Los guiños hacia lo anecdótico del capitel de Job resultan tan atractivos como la intensidad dramática de las escenas de la Pasión y Resurrección. El eco de la portada catedralicia es perceptible en las de Gazólaz, Zamarce o Artaiz; en esta última se combina con composiciones y motivos inspirados en el claustro pamplonés.

escalera semicircular que salva el desnivel hasta la zona del “Claustrillo”. Enfrentada a esta una nueva escalera comunicaba el edificio con el exterior por el este, salvando el importante desnivel mediante nueve escalones
 

Job en oración.

Job en oración. Detalle del capitel procedente del claustro de la catedral de Pamplona (ca. 1130, Museo de Navarra)