1 de diciembre de 2012

Conferencia

 

Historia, arte y religiosidad. El convento de Mínimos de Cascante

Dña. Mª Josefa Tarifa Castilla.
Universidad de Zaragoza

 

Una de las joyas del patrimonio arquitectónico de Cascante es la iglesia del convento de mínimos de Nuestra Señora de la Victoria, en la que el pasado 1 de diciembre de 2012 tuvo lugar in situ una conferencia a cargo de Mª Josefa Tarifa Castilla, organizada por la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro y la Asociación Cultural Vicus. 

El fuerte crecimiento demográfico que experimentó la población cascantina a lo largo del Quinientos despertó en las autoridades concejiles el deseo de establecer en la villa una comunidad de clérigos regulares para atender mejor las necesidades de la numerosa feligresía. Con esta intención se dirigieron en 1584 al convento Nuestra Señora de la Victoria de Zaragoza, perteneciente a la orden de los mínimos, establecidos en la capital aragonesa en 1576, quienes aceptaron el ofrecimiento, firmándose la escritura de la que será la única fundación mínima en Navarra el 4 de diciembre de 1586. Éstos recibieron del concejo de la villa el edificio del hospital de Santa Catalina, además de unas casas y patio situadas cerca de él, con el propósito de que pudieran construir allí un convento junto con su iglesia.

Las obras se iniciaron el 9 de diciembre de 1586 de la mano del obrero de villa Pedro Verges hijo, ocupado primeramente en la edificación del complejo conventual. Un año más tarde dio comienzo el proceso constructivo de la iglesia, que fue largo, costoso y con numerosas interrupciones, rubricándose más de cuatro condicionados, en el que se sucedieron numerosos maestros como Martín de Arriba (1589-1592), Pedro de Corta (1592-1593), Martín de Olazábal y Pedro de Berroeta (1593-1598), Miguel de Muxica (1599-1603) y Pacual de Horaa (1600-1607). Éstos se ocuparon principalmente de la fábrica de la nave de la iglesia, de tres tramos volteados con bóvedas de crucería estrelladas, y un coro alto a los pies. Por su parte, la capilla mayor del templo fue financiada por el regimiento que ostentaba el patronato de la misma, de ahí la colocación de los escudos de la localidad en sus paredes, prerrogativa de mero carácter honorífico, ya que el derecho de patronato no es una consecuencia del derecho de propiedad. Fue edificada por Miguel de Miranda (1593-1605), quien la volteó con una bella y compleja bóveda de crucería estrellada de acuerdo a la traza presentada. 
Por su parte, las familias más destacadas de la nobleza cascantina adquirieron algunas de las capillas abiertas entre los contrafuertes de la nave con una finalidad funeraria, como los López de Ribaforada, cuyo blasón pictórico realizado por Juan de Lumbier campea sobre el arco de entrada a la capilla, o la fundada bajo la advocación de San Francisco de Paula por Miguel Cruzat, prior de la orden de San Juan de Jerusalén, como indica el estandarte pictórico de la cruz de Malta.

Entre todas ellas sobresale la capilla de Luis Enríquez Cervantes de Navarra, prior de Berlanga de Duero, fundada en 1593 bajo la advocación de San Luis, tanto por la decoración pictórica de tipo heráldico que campea sobre el muro de entrada a la misma, como por el retablo que la preside, cuya tabla central dedicada a la Asunción y Coronación de la Virgen es obra de un pintor seguidor del flamenco Rolan Mois, posiblemente Francisco Metelín. 

Por su parte, la capilla de San Juan Bautista acoge un retablo bajo la misma advocación fechado en 1615 que ha sido atribuido a Juan de Lumbier, artista navarro activo en Tudela entre 1578-†1626, con diferentes escenas dedicadas a la vida del precursor, que presenta similitudes con el retablo mayor del mismo autor de Cortes, y cuyas tablas destacan por sus composiciones bien estructuradas y su paleta cromática vibrante.

Al exterior, los muros de aparejo de mampostería y ladrillo, recorridos por un sencillo rafe de ladrillo con labores geométricas, tan sólo se ven interrumpidos por las ventanas que se abren en la parte superior de la nave, cabecera, y capillas del lado del Evangelio, y por los contrafuertes escalonados adosados a la cabecera y cuerpo de la iglesia, quedando éstos ocultos en la parte inferior de la nave por las capillas hornacinas, cubiertas a menor altura. Al paño central de la cabecera poligonal se adosa la sacristía barroca, de dos tramos rectangulares.

resentes habitualmente en los templos hispanos, en su mayoría piezas de astil. De esta forma, se ha conservado un nutrido conjunto de cálices, que abarcan desde la primera mitad del siglo XVI hasta 1900, en los que podemos ver la evolución estructural y decorativa en este tipo de piezas a través de los diferentes estilos artísticos, desde el gótico de la primera mitad del siglo XVI hasta los estilos historicistas de finales del siglo XIX. Siguiendo con este tipo de piezas, también se custodian copones y relicarios, así como custodias, entre las que destaca un magnífico ejemplar de mediados del siglo XVIII con punzón de Zaragoza, labrado en plata sobredorada, con profusión de decoración a base de elementos vegetales alternos con cabezas de querubín, y con un doble viril enmarcados por ráfagas de rayos rectos y flameados en el ostensorio. Y junto a estas obras nos encontramos diversos ejemplares de otras tipologías, como son navetas, vinajeras, portapaces, crismeras, hostiarios, lámparas o cetros, estos últimos, un conjunto de cuatro, con las únicas marcas de Pamplona presentes en las obras cascantinas Importante resulta también el capítulo de cruces, tanto de altar como procesionales, entre las primeras un magnífico ejemplar relicario de la primera mitad del siglo XVI, con una fina labor grabada de elementos vegetales recorriendo los brazos, y peana añadida a mediados del siglo XVIII. Mientras que entre las segundas se guardan sendos ejemplares barrocos del siglo XVII, la primera una obra desornamentada que sigue modelos puristas, y la segunda con los brazos de la cruz de cristal de roca con engastes de plata en el cuadrón y Crucificado, y cañón del mismo metal, ambos añadidos en la primera mitad del siglo XIX. Y finalmente se custodian dos conjuntos de coronas de la Virgen del Romero y el Niño, el primero obra barroca muy restaurada, y el segundo realizado en Pamplona por la Joyería Astrain para la coronación de Nuestra Señora del Romero en 1928, y sufragado por suscripción popular. Se trata de un conjunto de coronas para la Virgen y el Niño, halo y rostrillo, que sigue modelos historicistas, labrado en oro con engastes de pedrería, y medallones con esmalte que inscriben los escudos del Papa Pío XI y de Isidro Gomá, obispo de Tarazona, diócesis de la que dependía Cascante, así como los de Navarra y Cascante, junto a ocho medallones con alegorías de la letanía lauretana.
 

Cascante. Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Victoria.

Cascante. Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Victoria. 1586-1607