21 de diciembre de 2014

Conferencias

CICLO DE NAVIDAD

Estampas navideñas en el arte navarro

D. José Javier Azanza López
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

Ante un concurrido auditorio que se congregó en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Villatuerta, Javier Azanza realizó un recorrido religioso y artístico por el denominado “Tríptico Navideño”, que comprende los episodios del Anuncio y Adoración de los Pastores, la Matanza de los Inocentes y la Huida a Egipto, y finalmente el ciclo de los Magos.
 

La conferencia se desarrolló en la parroquia de Villatuerta
 

Uno de los grandes temas de la iconografía navideña es el del Anuncio y Adoración de los Pastores, en el que San Lucas separa claramente dos momentos consecutivos: el anuncio del ángel a los pastores, y la llegada de estos al portal de Belén, donde encontraron al Niño reclinado en un pesebre. Durante la mayor parte de la Edad Media la atención de los artistas se centra tan sólo en la primera parte del episodio, es decir, en el anuncio con la aparición del ángel, concebido bien como escena independiente, bien como fondo de la Natividad. Tan sólo a partir del siglo XV se generalizará la representación de la adoración de los pastores en el portal de Belén, desplazando al tema del Anuncio en los siglos siguientes. El texto del evangelista deja la puerta abierta a múltiples interpretaciones y a posibles variantes de representación de la escena, desde la reverente y silenciosa, hasta la alegre y bulliciosa con cánticos y humildes regalos al recién nacido.
 

Fitero. Parroquia de Santa María. Retablo mayor
Adoración de los pastores, 1590. Rolán Mois

 

La orden decretada por Herodes de matar a los inocentes, uno de los temas más dramáticos de la historia del arte sacro, y la huida a Egipto de María y José con el Niño, abren el último período de la infancia de Cristo. Aunque los Evangelios de San Mateo y San Lucas apenas contienen referencias a estos años, los textos apócrifos y la literatura de devoción acuden en su auxilio. En la Edad Media, las representaciones de la matanza siguen un modelo casi único: Herodes, sentado en el trono, da la orden y ante sus ojos los soldados matan a los niños, que en ocasiones las madres intentan proteger. Por el contrario, en la Edad Moderna Herodes va perdiendo protagonismo hasta que finalmente acaba desapareciendo de la escena, que se centra en la matanza en sí. La huida de la Sagrada Familia a Egipto parte de unos elementos esenciales: María, con el Niño en sus brazos, monta sobre un asno conducido por José, en su papel de protector de la Sagrada Familia; en ocasiones los acompaña un ángel que les guía y muestra el camino. Menos frecuente resulta la presencia de una mujer que según los Evangelios Apócrifos debemos identificar con Salomé, la comadrona incrédula. La fatiga de María por el viaje la obliga a descansar, lo que proporciona una nueva escena con numerosas representaciones en la historia del arte. No faltan tampoco los sucesos milagrosos que acontecieron en el transcurso del viaje, algunos de los cuales alcanzaron cierta difusión iconográfica, caso del milagro de la palmera y el milagro del trigo. En el retorno de la Sagrada Familia, el Niño camina de la mano de sus padres, y no viaja en brazos de La Virgen.

Uno de los episodios que mayor fortuna ha tenido en la historia del arte ha sido el de la Adoración de los Magos, circunstancia a priori paradójica si consideramos los escasos datos que proporciona el relato de San Mateo, único de los cuatro evangelistas que recoge el extraordinario suceso. Establecer una iconografía de los Magos obliga a profundizar en su realidad teológica, histórica y legendaria para determinar su origen, número, nombre, aspecto y ofrendas, a lo que contribuyen autores y textos como Tertuliano, Orígenes, el papa León I, el Evangelio Armenio de la Infancia (siglo IV) y el Liber Pontificalis de Ravena (siglo IX).

Aclarados estos aspectos, organizar un ciclo narrativo resulta relativamente sencillo, ya que el relato evangélico señala cada uno de los episodios: la aparición a los Reyes Magos de la estrella milagrosa que anuncia el nacimiento del Mesías; el viaje o cabalgata de los Magos, guiados por la estrella y a lomos de camello o a caballo, de acuerdo con el gusto más o menos pronunciado por el exotismo oriental; la visita de los Magos al rey Herodes, que no falta en el arte medieval, con Herodes caracterizado como un soberano de la época con sus atributos de poder, sentado en su trono, con corona y cetro o espada; la Adoración del Niño, escena central del ciclo cuya abundancia e representaciones permite establecer una serie de fórmulas empleadas en los diferentes períodos de la historia del arte con variantes en la composición, personajes y actitudes; los Magos advertidos en sueños por un ángel; y, finalmente, el regreso a Tarso en barco, según relata Santiago de la Vorágine en la Leyenda Dorada.

Los anteriores episodios encuentran su plasmación en el arte navarro de la Edad Media y Moderna, en un conjunto de obras escultóricas y pictóricas en diferentes soportes que configuran un atractivo recorrido navideño, para el que el Javier Azanza seleccionó ejemplos de las catedrales de Pamplona y Tudela, el Museo de Navarra, el santuario del Yugo de Arguedas y la ermita de la Esperanza de Valtierra, y las parroquias de Los Arcos, Huarte, Artajona, Fitero, Ororbia, Villatuerta, Valtierra, Desojo, Ilundáin (Valle de Aranguren), Eguiarte, Ujué, San Saturnino de Pamplona, San Miguel y San Pedro de la Rúa de Estella, Santa María de Viana, Santa María de Tafalla, la Magdalena de Tudela, Santa María de Olite, Santa María de Sangüesa y Santiago de Puente la Reina.


Los Arcos. Parroquia de Santa María
Retablo de la Visitación. Primer tercio del siglo XVI
Adoración de los Magos, atribuido a Pedro Díaz de Oviedo