LOS ARCOS Y SU DISTRITO: TRES SIGLOS ENTRE DOS REINOS (1463-1753)

16 de septiembre de 2016

Armañanzas: tras las huellas de su iglesia, retablos y casas blasonadas
D. José Javier Azanza López. Universidad de Navarra

Emplazada en la zona occidental de la merindad de Estella, la villa de Armañanzas se eleva sobre un pequeño montículo entre dos laderas, con la iglesia parroquial de Santa María en lo alto del caserío. Se trata de una iglesia de origen medieval, época de la que se conservan algunos vestigios, que fue objeto de una ampliación en el siglo XVI conforme al lenguaje gótico renacentista. El artífice de la misma fue Juan de Landerráin (h. 1535-1608), perteneciente a una dinastía de canteros procedentes de la localidad guipuzcoana de Régil (Víctor Pastor Abaigar ha estudiado en profundidad su trayectoria personal y profesional en Navarra en un artículo publicado en la revista Príncipe de Viana), cuya labor se documenta igualmente en este período en localidades como Los Arcos, Legaria, Sansol, Viana, Larraga y Murillo el Fruto. Con posterioridad, en 1765 Ventura Ciarra llevó a cabo una ampliación del templo mediante la apertura de sendas capillas laterales (a la del lado de la Epístola se adosa la sacristía) y un nuevo tramo más estrecho a los pies.

En definitiva, el edificio parroquial tiene su punto de partida en la Edad Media, período del que se conservan algunos vestigios arquitectónicos, y adquiere su fisonomía definitiva en la Edad Moderna, con sendas ampliaciones en el Renacimiento y el Barroco, episodios todos ellos recogidos en el Catálogo Monumental de Navarra. El resultado es una planta de nave rectangular de gran anchura (la sensación espacial al interior es de amplitud), dividida en dos tramos cuadrados que concluye en una reducida cabecera recta. Pilares con columnas adosadas rematadas en capiteles con bolas de época Reyes Católicos actúan como soporte de los dos tramos de bóvedas estrelladas de claves decoradas con la Virgen, bustos de santos y símbolos de Cristo que cubren la nave del templo. A ellas se suma una sencilla bóveda de terceletes con claves decoradas a base de escudos con cruces que cubre la capilla mayor, a la que se ingresa a través de un arco de medio punto. Por su parte, el acceso al interior del templo tiene lugar por una portada del siglo XVI de medio punto, formada por potentes dovelas, protegida por un pórtico del siglo XVII formado por triple arcada sobre pilares, encima de la cual se dispone un cuerpo de ventanas. Rodea el edificio un pequeño muro que hace las veces de lonja, en cuyo doble acceso encontramos los relieves de san Pedro y san Pablo (este último acompañado de la fecha: AÑO 1681) y de la Virgen con el Niño y san Juan Bautista.

Custodia la parroquia de Armañanzas un conjunto de retablos que permiten hacer un recorrido desde el Renacimiento hasta el Rococó, de indudable interés desde el punto de vista de la evolución de la mazonería y del lenguaje formal. El punto de partida se encuentra en el retablo mayor, del segundo tercio del siglo XVI, que conforma junto con los de Genevilla, Lapoblación y El Busto (podríamos añadir también el de Piedramillera) “el mejor conjunto de retablos de nuestro renacimiento plateresco”, en palabras de José Esteban Uranga. Su escultura se atribuye al taller de Andrés de Araoz (¿quizás Juan Ruiz de Heredia o Juan Fernández de Vallejo?), en tanto que su montaje corrió a cargo con casi toda probabilidad del ensamblador Martín Gumet, cuya actividad se documenta en estos momentos en Armañanzas.

Armañanzas. Parroquia de Santa María
Interior

Armañanzas. Parroquia de Santa María
Retablo mayor

 

Muestra su traza claridad compositiva al quedar organizada en banco, dos cuerpos de tres calles divididos por columnas de capitel compuesto y fuste con el tercio inferior decorado y el resto acanalado, y ático de columnillas que remata en frontón triangular y lo flanquean copetes mixtilíneos con bustos de profetas; dado el dominio de los temas marianos en el retablo, quizás puedan identificarse con Isaías y Jeremías, dos de los profetas -junto con Miqueas- que se refieren indirectamente a María en aquellas profecías que predicen la Encarnación del Verbo de Dios. Separan los distintos cuerpos del retablo unos frisos ornamentados con querubines y grutescos de motivos mitológicos, y quedan encuadrados por unas pulseras laterales con los relieves de San Antón y Santiago y una fina decoración a candelieri.

Detallando su iconografía, en el banco figuran los relieves del Descendimiento y del Santo Entierro, que dan paso ya en los cuerpos a una programa de clara significación mariana: en el primero los relieves del Nacimiento de Jesús y adoración de los pastores, y de la Adoración de los Magos, en el segundo la Anunciación, la talla de la Virgen sedente con el Niño coronada por ángeles, y la Visitación, y en el ático la talla de la Asunción rodeada por ángeles sobre la que se encuentra el busto del Padre Eterno. Con su policromía original con abundante uso de oro, la escultura ofrece la característica expresividad del segundo tercio del siglo XVI, con las figuras de cabellos serpenteantes, boca entreabierta y plegados largos y ondulados.

El sagrario del retablo presenta planta trapezoidal, y originariamente constaba de dos cuerpos. Se conserva el primero, con el relieve de Cristo a la columna flanqueado en los laterales por san Pedro y san Pablo; ha desaparecido el segundo, en el que figuraban la Piedad y dos santos. Su lugar fue ocupado por la talla de san Juan Bautista, procedente de su ermita, originaria del siglo XV aunque retocada en época barroca. En este emplazamiento fue fotografiada en el Catálogo Monumental de Navarra, aunque una reforma posterior lo trasladó a una capilla lateral, siendo sustituido por una talla de la Virgen con el Niño, románica del segundo/tercer tercio del siglo XIII, que la profesora Fernández-Ladreda clasifica dentro del grupo de vírgenes sustentantes, que transmiten una concepción más humanizada que sus predecesoras (imágenes Trono de la Sabiduría), por cuanto María deja de ser mero sitial del niño con los brazos en ángulo recto sin tocar al Niño, y pasa a sujetar a Jesús con el brazo izquierdo, lo que la pone en relación con su hijo e insinúa su carácter de madre.

Armañanzas. Parroquia de Santa María.
Retablo mayor
(Foto: Catálogo Monumental de Navarra)



María, sedente y frontal, sujeta a Jesús por la parte inferior con el brazo izquierdo y levanta el derecho para presentar la esfera; viste túnica ajustada a la cintura mediante ceñidor, manto y velo. El niño, que ocupa la rodilla izquierda materna, viste túnica y manto, bendice con la diestra y sostiene un atributo con la izquierda. En ambos casos, la indumentaria se caracteriza por un plegado anguloso, que obedece a fórmulas ya vistas en otras obras románicas, como las imágenes del tipo Pamplona-Irache. Aspecto novedoso con respecto a las tallas anteriores es la acentuación del sentido ascensional que se logra merced a la esbeltez de las figuras, la alargada proporción de los rostros y la concepción verticalista del plegado.

Pasando a los retablos colaterales, a comienzos del siglo XVII se fechan los retablos del Rosario y de San Roque; la presencia de santa Teresa de Jesús, beatificada en 1614 y canonizada en 1622, sirve como referencia para una posible datación cronológica en torno a estas fechas. Con mínimas variantes en su traza, se suceden en ambos un banco, cuerpo de tres calles y ático, con una articulación a base de columnas de capitel compuesto y fuste entorchado con el tercio inferior acanalado. En su rica iconografía destacan las imágenes titulares de la Virgen del Rosario, con una bella policromía de la época a base de motivos vegetales, y de san Roque, con el bordón de peregrino en su mano izquierda y el perrillo a sus pies, dejando ver la herida en su pierna derecha. La escultura, inspirada en un romanismo tardío con influencias castellanas de Gregorio Fernández, se caracteriza por el plegado duro y quebrado de las vestiduras y por los angulosos rasgos faciales, vinculándose al taller de los Jiménez de Viana.

A propósito del retablo de San Roque, queremos plantear algunas hipótesis, comenzando por su advocación. La presencia en el tablero central del banco del relieve del Martirio de san Sebastián (recordemos a este respecto que en el banco del retablo del Rosario figura la escena de la Virgen entregando el rosario a santo Domingo y conecta, por tanto, con la imagen titular), las proporciones de las tallas de san Roque y san Sebastián (en el ático) en relación con los espacios que las acogen (la de san Roque resulta demasiado pequeña para la hornacina, en tanto que la de san Sebastián difícilmente cabe en la caja superior y parece además haber sido cortada), y el potente estudio anatómico de este último, nos lleva a pensar en una posible advocación original del retablo a san Sebastián, habiéndose producido un cambio posterior como consecuencia de un “baile” de imágenes; de esta manera, el tablero central del banco coincidiría con el titular, al igual que en el retablo del Rosario.

Armañanzas. Parroquia de Santa María
Retablo de San Roque 


Junto a ello, no debemos pasar por alto que ambos, san Sebastián y san Roque, son abogados contra las pestes, lo cual justifica su presencia en el retablo (también aparecen, por ejemplo, en la sillería del coro de Los Arcos). Y si sumamos a los anteriores la inclusión en el mismo retablo de san Emeterio y san Celedonio (santos mártires calagurritanos considerados según la tradición como santos sanadores de enfermedades relacionadas con huesos y articulaciones, tales como reuma, artrosis y artritis, tal y como ha estudiado Jesús González Celada), santa Bárbara (protectora contra las tormentas), santa Casilda (abogada contra los flujos de sangre y la esterilidad de las mujeres) y santa Margarita (abogada de las mujeres en el embarazo y parto), parece evidente que nos encontramos ante un retablo de marcada significación “taumatúrgica”. Finalidad que se vería complementada en su colateral del Rosario con la presencia de santa Lucía (abogada defensora de la vista), santa Inés (patrona de las muchachas jóvenes), santa Águeda (patrona de las nodrizas y de las madres lactantes), san Blas (protector contra las enfermedades de garganta) y santa Catalina de Alejandría (patrona de jóvenes casaderas y mujeres solteras). En definitiva, dos retablos que sin duda constituían un auténtico “dispensario médico” para la población rural navarra del siglo XVII.

Por último, los retablos de la Dolorosa y del Santo Cristo son de estilo rococó, ejecutados por Antonio Izaguirre y Miguel López de Porras respectivamente. Ambos presentan planta mixtilínea y decoración de rocallas. Cobija el último un Crucificado barroco de la segunda mitad del siglo XVII, de dramática expresión con la mirada dirigida hacia lo alto; lo flanquean sendas tallas de la Dolorosa y San Juan del siglo XVIII, figuras características del rococó con rostro fino y ampulosos paños.

Alcanzamos así el ámbito de la arquitectura civil, donde Armañanzas cuenta con un buen número de casas blasonadas. Destaca entre ellas la denominada “Casa grande” (fig. 5), una construcción de sillería que, como significa Pilar Andueza Unanua, se ajusta a modelos barrocos del tránsito entre los siglos XVII y XVIII, y puede ponerse en contacto con otros ejemplos de Los Arcos, Sansol y Añorbe. Se configura como un sobrio bloque de desarrollo longitudinal en el que se suceden dos cuerpos de altura y ático coronado por un alero de madera con ménsulas ricamente decoradas con follaje. En el piso inferior se practica la puerta adintelada con molduras, flanqueada por pilastras rematadas en pirámides con bolas, en tanto que en el piso noble se abren tres balcones con rejería de la época y dos ventanas, los cinco enmarcados por baquetones con orejetas y coronados con frontones triangulares con dentellones y una estrella en el tímpano. Acoge el edificio en su interior una magnífica escalera cubierta por cúpula rebajada de disposición rectangular con fajas entre las que se abren lunetos y linterna en el remate, todo ello sobre un moldurado entablamento con placas recortadas (fig. 6).

Armañanzas. Casa Grande
Fachada

Armañanzas. Casa Grande
Escalera


Entre los balcones campean sendos escudos de armas. El primero de ellos es barroco del siglo XVII, sobre cartela de cueros retorcidos, con mascarón inferior y doble timbre de yelmo y capelo arzobispal sobre diez borlas en cuatro series. Su campo cuartelado presenta en el primer cuartel banda engolada en cabezas de dragones, acompañada en lo alto de una estrella; en el segundo, ave acompañada en lo alto de un creciente ranversado; y en el tercero y cuarto, dos leones enfrentados sobre calderas. Se trata (con alguna ligera variante) del escudo de los Garín de Lazcano, familia originaria de la casa-palacio de los Lazcano, en la villa guipuzcoana del mismo nombre. Una rama familiar se estableció en las localidades navarras de Armañanzas y Desojo, y posteriormente pasó a la villa alavesa de Moreda de Álava. Poseían ejecutoria de hidalguía desde 1555, obtenida en la Corte mayor del reino de Navarra, la cual les permitía ejercer los oficios más importantes del concejo.

Armañanzas. Escudo de los Garín de Lazcano
 

El segundo escudo es rococó de la segunda mitad del siglo XVIII, con orla de rocalla y doble timbre de yelmo y león de medio cuerpo. Su campo presenta cuatro carteles divididos por una cruz: en el primer cuartel, dos castillos con su torre de homenaje y una bandera con una cruz en cada torre; en segundo, dos medias lunas con trece estrellas de ocho puntas alrededor de cada una; en el tercero, un león rampante sobre pedregal; y en el cuarto, un tejo a una de cuyas ramas está atado un oso con una cadena, quedando tres frutos al otro lado del arbusto. El escudo queda cercado por una orla de trece veneras y otras tantas cruces de Santiago, alrededor de la cual se disponen trece banderas con una media luna en cada una de ellas. Sobre el escudo puede leerse la le yenda latina: Ecce beatific(amus) eos qui sustinuerunt (He aquí que honramos a quienes perseveraron), correspondiente a la Epístola del Apóstol Santiago 5, 11, en tanto que en la parte inferior se lee: “Armas de los Díez de Espinossa”. Se trata del escudo de armas del señorío de Tejada, ubicado en la Sierra de Cameros (La Rioja), concedido el año 844 por el rey de Asturias y León Ramiro I a favor de su pariente Sancho de Tejada, maestre de campo en la batalla de Clavijo. Este premio, que otorgó a Sancho de Tejada y a sus trece hijos, suponía una serie de privilegios de hidalguía para ellos y sus descendientes, entre otros el uso del escudo de armas del solar que se describe en la Real Cédula de Enrique IV de Castilla, dada en Valladolid el 10 de septiembre de 1460, siendo ratificada por los Reyes Católicos en 1491 y por el rey Juan Carlos en 1981. De los trece hijos de Sancho de Tejada, siete se asentaron en el solar de Tejada, cinco volvieron con su padre a sus tierras de origen, y el menor constituyó el Solar de Valdeosera, en el partido de Torrecilla de Cameros (Logroño), con el que comparte historia y escudo, y tuvo línea en la villa de Armañanzas. De esta línea fue Miguel Díez de Espinosa, vecino de Armañanzas, que por sí y en unión de sus hijos expuso ante los tribunales de Navarra que su abuelo Juan Bautista Espinosa había obtenido en la Real Chancillería de Valladolid ejecutoria de nobleza como descendiente de la citada casa solar de Valdeosera, y que por esa razón se le debían guardar a él y a sus hijos las mismas prerrogativas, lo que se mandó así (Enciclopedia Heráldica y Genealógica, T. 27, pp. 107-108).

Armañanzas. Escudo de los Díez de Espinosa


Otras casas señoriales de Armañanzas poseen igualmente blasones, entre los que destaca un escudo rococó de la segunda mitad del siglo XVIII entre leones tenantes y yelmo por timbre, flanqueado por niños. En su campo figuran un creciente jaquelado y una faja también jaquelada. Una leyenda inferior lo identifica como “Armas de García y Galdeano”. En la calle Mayor una casa luce un blasón ovalado de finales del siglo XVII, sobre cartela de cueros retorcidos y yelmo por timbre, cuartelado: en el primer cuartel cinco roeles y cuarto creciente en punta; en el segundo, águila explayada; en el tercero, castillo; cuarto, y en el cuarto, triple muralla con tres vanos.

Por último, en una casa de la calle de la Fuente se empotra un escudo barroco de finales del siglo XVII con orla de follaje, entre niños y yelmo por timbre; en su campo cuartelado, con cruz de Calatrava en el corazón, se suceden: banda engolada en cabeza de dragón con media luna y estrella en jefe y cinco panelas y dos calderos en punta; dos calderos y dos flores de lis; cinco jabalíes pasantes sobre cuatro palos; y tres fajas entre dos calderos y cruz de Malta. Rodea el escudo una bordura de aspas entre las que se lee: “Armas de Hugalde y Villamayor”.

PROGRAMA


Miércoles, 14 de septiembre 
Entre Navarra y Castilla (1463-1753)
D. Roman Felones Morrás. Profesor de Historia del Arte del Aula de la Experiencia. Universidad Pública de Navarra

Gustar y degustar: las artes al servicio de los sentidos en la parroquia de Los Arcos
D. Ricardo Fernández Gracia. Universidad de Navarra

Jueves, 15 de septiembre
Otra joya del Renacimiento en Navarra: el retablo de San Andres de El Busto
D. Pedro Luis Echeverría Goñi. Universidad del País Vasco

Piedra y cantería al servicio de la Iglesia y la nobleza en Sansol
Dña. Pilar Andueza Unanua. Universidad de La Rioja

Viernes, 16 de septiembre
Armañanzas: tras las huellas de su iglesia, retablos y casas blasonadas
D. José Javier Azanza López. Universidad de Navarra

El Patrimonio artístico de Torres del Río: mucho más que el Santo Sepulcro
Dña. María Josefa Tarifa Castilla. Universidad de Zaragoza 

Sábado, 17 de septiembrte
Visita guiada a Torres del Río, Armañanzas, Sansol, El Busto y Los Arcos