Los antiguos alumnos, embajadores de la reputación de la universidad

Racional


La serie de congresos “Building universities reputation” (BUR) se propone estudiar el alcance y la relevancia de la reputación de las universidades.

Tomando como punto de partida la definición de reputación como “calidad percibida”, estos congresos vienen a destacar que la buena imagen de las instituciones universitarias tiene una base objetiva -la calidad de la labor  académica- y requiere también un buen trabajo de comunicación.

El cultivo de la reputación requiere una visión de 360 grados, una mirada que incluya a los diferentes stakeholders de la universidad: alumnos; empleados; empresas y empleadores; reguladores; entorno, entre otros. La universidad mantiene relación y establece un diálogo con esos grupos de personas, les informa y tiene en cuenta su opinión y sus expectativas; la universidad enseña y a la vez aprende.

El BUR 2017 estuvo centrado en la reputación desde la perspectiva del estudiante, que se sitúa en el centro de la actividad universitaria y de alguna manera le da sentido. Los ponentes recordaron la importancia de cuidar esa relación, que abarca “el ciclo de vida” completo del estudiante (antes, durante y después de su paso por las aulas); de prestarles un servicio que represente para ellos una experiencia satisfactoria. En definitiva, la buena reputación de la universidad depende de la buena reputación de sus estudiantes. Si a ellos les va bien, la universidad habrá cumplido una parte importante de su misión.

La próxima edición, que tendrá lugar del 2 al 4 de octubre 2018 en Madrid, se centrará en los antiguos alumnos como “embajadores de la reputación”. Después de reflexionar sobre los alumnos, parece oportuno detenerse en este otro stakeholder que son los alumni, como una forma de dar continuidad, a la vez que variedad, a la trayectoria de los congresos.

De hecho, se observa una gran continuidad también temática, al considerar que el vínculo del antiguo alumno nace y se fortalece sobre todo en su paso por la universidad. Si la experiencia del estudiante es positiva, memorable, se crea un sentido de pertenencia que tiene vocación de permanencia.

Ese vínculo afectivo o moral fomenta en el estudiante un sentido de responsabilidad que le lleva a poner los medios para ayudar a las siguientes generaciones de universitarios. Así, el antiguo alumno se involucra de diversas maneras, participando en actividades curriculares o extra curriculares, compartiendo su experiencia, ofreciendo su consejo.

De entre las muchas y variadas formas de colaborar, hay dos que merecen particular mención: una es la ayuda al empleo, que es uno de los temas de preocupación más serios de los universitarios; y otra es la contribución económica, tanto en forma de becas como con otras modalidades, especialmente las que facilitan la financiación de la investigación.

Pero la universidad no puede limitarse a pedir ayuda a los antiguos alumnos. En virtud de esa relación que perdura, la universidad debe dar, tiene que aportarles algo relevante. Las nuevas tecnologías hacen posible que se les ofrezca formación profesional permanente, oportunidades de especialización, tanto de modo presencial como digital. También los antiguos alumnos son sensibles a la carrera profesional, no solo para el primer trabajo, sino también en otras fases de la trayectoria vital. Además, la universidad propicia ocasiones de networking profesional y momentos que sirven para mantener vivas las relaciones personales que surgieron durante los años pasados en el alma mater.

La relación con los antiguos alumnos lleva consigo un trabajo articulado, que comienza con la adecuada atención a los estudiantes, continúa con una comunicación permanente con ellos al abandonar las aulas, requiere un buen servicio de carreras profesionales, en estrecha relación con las empresas y una cartera actualizada de actividades de formación permanente.

Por la movilidad de los antiguos alumnos, la atención de estas tareas no es posible sin un buen soporte tecnológico y una adecuada organización, especialmente de los aspectos económicos y financieros ligados a la captación de fondos.

El vínculo de la universidad con los estudiantes permanece en el tiempo. Cuidar la relación permite que la universidad siga aportando a sus alumnos, y que los alumni contribuyan a la universidad donde se formaron. Si se logra un vínculo estable y satisfactorio para todos, los antiguos alumnos son factores activos de la reputación de la universidad. Son sus mejores embajadores ante otros posibles alumnos, donantes y empleadores. Un antiguo alumno comprometido es un indicador incuestionable de calidad.

Durante el congreso BUR 2018 se plantearán estos temas y otros similares. Además de contar con ponentes internacionales con experiencia, la participación de los asistentes será fundamental para enriquecer el programa. Una ocasión única de potenciar la relación de la universidad con sus antiguos alumnos.