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“En él habita la plenitud de la divinidad” (Col 2, 9-15)

Publicado en

OMNES

Juan Luis Caballero |

Profesor de la Facultad de Teología

La mediación de Cristo es uno de los puntos centrales de la cristología de la Carta a los Colosenses. Partiendo de la situación concreta de la comunidad cristiana de Colosas, Pablo universaliza su mensaje y ofrece una profunda reflexión sobre la primacía de Cristo en la creación y en la redención. El texto del que señalamos unas claves es Col 2, 9-15, especialmente los versículos 13-15: “Y a vosotros, que estabais muertos por vuestras culpas y por la incircuncisión de vuestra carne, os ha hecho revivir con él, habiendo perdonado todas vuestras culpas, habiendo cancelado el manuscrito, con sus decretos, que nos era adverso, y lo ha suprimido, después de haberlo clavado en la cruz; habiendo desarmado a los principados y las potestades, las ha dado en espectáculo con seguridad, celebrando con una procesión triunfal su victoria sobre ellas, en él”.

Contexto del pasaje

El contenido general de Colosenses es la obra de Cristo por la santidad de los creyentes y la fidelidad al evangelio recibido y anunciado por Pablo. Estos temas se desarrollan en Col 1, 24-4, 1. El corazón de la exposición (Col 2, 6-23) consta una serie de exhortaciones y advertencias que encuadran las razones cristológicas: Cristo y los creyentes con él (Col 2, 9-15). Esta unidad se divide en dos etapas argumentativas:

a) La primera, unas motivaciones basadas en la situación presente (versículos 9-10): en Cristo habita toda la plenitud de la divinidad “corporalmente” (relación Cristo/Dios); en él habéis sido plenamente colmados (relación Cristo/creyentes); Cristo, cabeza de todo principado y potestad (Cristo/potestades).

b) La segunda, unas motivaciones basadas en acontecimientos pasados (versículos 11-15). Por un lado, la transformación realizada en los creyentes: separación de la carne y del pecado (circuncisión, con connotación bautismal, v. 11) y unión con Cristo (muerte/resurrección, con connotación bautismal, v. 12). Por otro, el obrar de Dios/Cristo en su favor por medio de la cruz (versículos 13-14) y la acción sobre las potestades (v. 15).

El punto decisivo es la plenitud recibida en Cristo por los creyentes: están colmados en él, han resucitado con él. En Cristo los creyentes ya han recibido todo y no tienen ninguna necesidad de prácticas que suponen incompletos, o aún por obtener, los dones salvíficos recibidos en Cristo.

La situación presente y los acontecimientos pasados

Los versículos 9-10 subrayan que la plenitud de la divinidad se encuentra en Cristo, solo en él y en ningún otro, de una forma real, verdaderamente, realmente, plenamente, y que los cristianos tienen acceso a esa plenitud, sin necesidad de recurrir a las potencias espirituales y a las prácticas que ellas exigen, por la incorporación “en Cristo”. También se subraya que Cristo es la cabeza de todo principado y potestad. La relación de Cristo con los cristianos es la de cabeza de un cuerpo; la relación de Cristo con las potencias es la de cabeza como superioridad y dominación. Las potencias, sometidas a Cristo, no pueden cuestionar ni amenazar la plenitud que los creyentes reciben tan solo de Cristo. Estos, habiendo recibido todo de él, no están sujetos a las potencias, tanto angélicas como terrenas.

Con estos versículos, la argumentación pasa de la situación actual de los creyentes (la unión definitiva a Cristo) a lo que la ha producido.

Partiendo del rito de la circuncisión como un desembarazarse de un trozo de carne, Pablo habla de la superioridad de la “circuncisión de Cristo”, espiritual y que transforma a todo el hombre, aligerándolo de todo lo “carnal” (alusión a la nueva condición del cristiano, ahora en el orden de Cristo) por medio del bautismo, posibilitando así el acceso a la plenitud divina por la unión definitiva con Cristo muerto y glorificado, sin necesidad de ninguna práctica o rito especial añadido. Esta separación o desvestirse de lo carnal va unida a una unión como muerte y resurrección, entendida ésta como vida nueva y transformada del bautizado (unión personal con Cristo), pero aún pendiente de la glorificación definitiva. Esta resurrección ha sido posible por la apertura (fe) al poder de Dios.

Los versículos 13-15 pasan ahora a poner el énfasis en la mediación de Cristo al no explicitar el sujeto de los verbos usados. Nuestra muerte tenía su causa en la no adhesión a la voluntad divina, que es lo mismo que “incircuncisión del corazón” como rechazo a renunciar a la “carne”; la vida (asociación a la plenitud de Cristo) ha venido gracias a Cristo y al perdón de los pecados.

El sentido de los versículos 14-15 podría resumirse así: Cristo, cabeza, ha obrado la pacificación entre Dios y los hombres, reduciendo a la impotencia a todo poder que se le oponía y desarmando a todo poder que, incluso estando sometido, tenía un papel punitivo y coercitivo. En el texto, por tanto, la expresión “principados y potestades” se refiere a ambos tipos de potencias, tanto a las malas como a las buenas. La expresión “dar en espectáculo” se refiere, igualmente a ambas: con una connotación negativa (victoria y entrega a la burla) y con una connotación neutra o positiva (manifestación de su fidelidad), según de quien se trate. La celebración triunfal afecta, igualmente, a ambas. El documento al que se hace referencia en el v. 14 es el libro en el que los ángeles registraban los pecados de los hombres, merecedores por ellos de un castigo por cuya aplicación y ejecución debían velar los ángeles. La muerte de Cristo en la cruz ha hecho desaparecer este documento, habiendo sido perdonados los pecados por gracia.