Publicador de contenidos

2017-06-16-opinion-FYL-carpinteros-y-herreros

Ricardo Fernández Gracia, Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Los trabajos y los días en el arte navarro (6). Carpinteros y herreros

vie, 16 jun 2017 16:41:00 +0000 Publicado en Diario de Navarra

Se trata de dos profesiones con amplia presencia en pueblos y ciudades, por la necesidad que había para realizar utillaje y mobiliario, su reparación y para herrar animales de labranza. Al respecto, hemos de considerar que ambos oficios resultaban de importancia en construcciones de todo tipo, no sólo las grandes iglesias y palacios, sino la propia arquitectura doméstica y la realización y arreglo del utillaje agrícola necesitaba de ambos oficios de manera diaria.

 

Un ejemplo gótico: en la catedral de Pamplona 

Un taller de carpintería se incluye en uno de los capiteles del claustro gótico de la catedral de Pamplona, concretamente en el que se narra la construcción del arca de Noé (Gen. 6, 22), en la crujía oriental, perteneciente a la primera fase constructiva que coincide con la actividad del maestro Miguel, citado en un documento de 1286. La profesora Fernández-Ladreda ha señalado su carácter naturalista y minucioso, con diverso utillaje que copia modelos reales y que, a la postre, es una muestra de la familiaridad de los artífices con todos aquellos y a la vez una reproducción de un taller de carpintería de la época, similar al que intervino en la fábrica del propio claustro catedralicio.

Como es sabido, en las construcciones medievales, a pie de obra, trabajaban distintos grupos de artesanos. Entre estos últimos, destacaban los carpinteros, encargados de la realización de todos los útiles que se fabricaban con la madera, la construcción de escaleras, poleas y grúas, carretillas, andamios y cimbras. Junto a los canteros, y en menor medida, herreros y cordeleros conformaban los grandes grupos de trabajo en la fábrica de los edificios y conjuntos de escultura monumental.

 

En el taller de San José

Nada mejor para reconstruir una carpintería de los siglos del Antiguo Régimen que fijarnos en algunos lienzos seiscentistas del patrimonio navarro. En ellos se refleja en imágenes lo que escritores y teólogos afirmaban acerca de la profesión del santo, singularmente el Padre Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, confesor de Santa Teresa y autor del Sumario y Excelencias del Glorioso San José (1597), reeditado en numerosas ocasiones, con el título de La Josephina, que pasa por ser uno de los instrumentos más importantes en el impulso devocional hacia el Santo Patriarca. La edición príncipe se la dedicó a los carpinteros de la Ciudad Eterna. En uno de sus capítulos trata del oficio del santo, concluyendo que había más razones a favor de su profesión como carpintero que como herrero, argumentando que el oficio de herrero era sucio y ruidoso y no encajaba con la limpieza del hogar de Nazaret, y que cuando tenía que trasladarse para trabajar de un lugar a otro, era fácil llevar consigo los útiles, la sierra al hombro, la azuela en la cinta y un cepillo, compás y escoplo en la faltriquera.

El mismo Padre Gracián dice que San José practicó otras artes mecánicas, aunque se dedicó a las artes de la madera, habiendo realizado diferentes obras de otras tantas especialidades, como obras vivas (norias, arados y carros) y muertas (mesas, bancos … etc.), de obra prima o de entalladura, e incluso las trazas o modelos, tareas propias de los carpinteros viejos. Al tratar de este último aspecto, hace un paralelismo con la obra de la Redención y el papel del Santo Patriarca en ella, explicando la función del carpintero destacado y su intervención en los planos de los edificios, en unos momentos en que en España se utiliza la palabra arquitecto, en referencia al que diseña retablos de madera policromada. Así lo escribe el Padre Gracián: “Suele un gran maestro que quiere labrar un suntuoso palacio escoger oficiales que le ayuden, peones que sirvan, y buscar los materiales convenientes para la fábrica; mas primero que ponga mano a la obra, ni ordene ni mande a los oficiales que han de labrar, busca un carpintero viejo y experimentado y trata con él el edificio que pretende hacer. Y los dos a solas dibujan la planta, hacen el diseño, fabrican el modelo y, después de todo prevenido, apuntado y concertado, se ponen las manos a la labor”.

Un importante conjunto de gremios de carpinteros se documenta a lo largo de la geografía foral desde época medieval hasta el XVIII: Pamplona, Tudela, Estella, Sangüesa, Corella, Cascante y Corella, entre otros. San José fue su patrono en casi todos los casos. De su estudio se ha ocupado Eduardo Morales Solchaga en distintos trabajos. Junto a estas asociaciones de corte profesional, también se fundaron otras cofradías de marcado carácter devocional entre las que destacaron las de Pamplona y Tudela, todas ellas en el siglo XVIII. En aquel contexto vamos a situar algunas pinturas localizadas a lo largo de la geografía foral, en las que se reproduce el taller de carpintería con todo detalle o la actividad del santo cual carpintero virtuoso y trabajador.

 

Todo el utillaje del carpintero en un retablo de Puente la Reina

Los netos del retablo de San José de las Comendadoras de Sancti Spiritus de Puente la Reina presenta el más completo ejemplo de todas herramientas de una carpintería, con la fineza de un maestro que tallaba muy bien en época rococó. La pieza fue contratada junto a otros tres retablos para la misma iglesia, en 1768,  por Nicolás Pejón “de profesión escultor, tallista y arquitecto”. El dorado de todos ellos fue obra de Juan José del Rey. En el banco del retablo se suceden los siguiente motivos, perfectamente tallados en sus netos: limas, hacha, martillo, sierra, formón, gubia, compás, maza, tenaza, escuadra, regla, sargento y banco del oficio. Se trata de algo excepcional en un retablo navarro.

 

Imágenes del taller: preponderancia de las pinturas

En la catedral de Pamplona, un delicado lienzo de formato apaisado con el tema del Taller de Nazaret nos muestra el obrador del carpintero en el que trabaja afanosamente San José, junto a la Virgen atareada con sus labores de costura y el Niño que recoge las virutas con un ángel. Lo que más llama la atención del cuadro es el gran número de herramientas representadas, así como su ordenación por tamaños dentro de sus tipologías, destacando las sierras, garlopas, azuelas, limas y formones. La basílica del Cristo de las Aguas de Allo guarda otro lienzo con el mismo tema de la ayuda del Niño en el taller, bien recreado con el banco de carpintero y diversas herramientas. San José con una azuela desbasta un madero y el utillaje vuelve a tener su protagonismo. En este caso, el Niño se ayuda de una escoba y un cubo para recoger. Con el mismo tema conservan sendas pinturas las Clarisas de Olite de la primera mitad del siglo XVII y la parroquia de San Cernin de Pamplona, esta última datada en 1687 y con un ambiente muy hogareño que incorpora chimenea, redomas de vidrio y diversos platos. En el castillo de Javier otra pintura de mayor calidad, de la segunda mitad del siglo XVII también recrea el taller del santo, al igual que en Tudela en la pintura de Vicente Berdusán de 1671. En la mayor parte de estos lienzos la actitud de la Virgen, ocupada en sus labores, responde al texto evangélico de San Lucas, que afirma que María observaba atenta cuanto acontecía a su hijo, de acuerdo con la profecía del anciano Simeón.

Por último, hemos de destacar una pintura de mediados del siglo XVII, conservada en el monasterio de Leire, en este caso sin la presencia de la Virgen y con un interés iconográfico notable porque se ha de leer a la luz de algunos textos del momento que presentan al Niño recogiendo astillas y juntando dos de ellas en forma de cruz. En ello hay un paralelismo con algunos textos de piadosas visiones. Concretamente en la obra del comediógrafo valenciano Guillén de Castro El mejor esposo, compuesta entre 1618 y 1625, hay un momento en la jornada tercera en que San José despide a sus oficiales y se queda solo en el taller de carpintería con el joven Jesús. Mientras sierran y cepillan una de las talas para hacer una puerta, dos pequeñas astillas se cruzan por casualidad y forman una cruz, y al ver así las maderas, Jesús los toma rápidamente recitando unos versos alusivos, que rezan así: “Que bien parecen así / cuanto me alegro de vello / Pues por mi divino ser / tan importantes serán / que en esta forma en que están /puertas del cielo han de ser / mediante mi sangre pía / por mí en ellos derramada/ ¿Cruz bendita, esposa mía, / pues aquel dichoso día / seréis mi trono real / y la cátedra inmortal / donde yo padecer, / de mi amor he de leer / la doctrina celestial”. En otro lienzo seiscentista de las Carmelitas de San José de Pamplona con el tema de la casa de Nazaret en el que la Virgen se ocupa en sus labores de costura y San José en el banco de carpintero, el Niño Jesús ha tomado un par de astillas componiendo una cruz que muestra a San Juanito.

La escena del taller es menos frecuente en escultura, destacando el relieve de uno de los colaterales de la parroquia de Ezcároz, de mediados del siglo XVII.

 

Un par de herreros de la portada de Sangüesa: la leyenda y el oficio

Los herreros, al igual que los carpinteros tenían su parte destacada en los edificios. Eran los encargados de fabricar, templar y reparar las herramientas construidas con hierro, las herraduras de los animales de carga, grapas y cuñas, así como otras piezas del mismo metal empleadas en máquinas más complejas.

La portada de Santa María de Sangüesa muestra un par de herreros. Los dos trabajan sobre el yunque, y el más conocido es el identificado tradicionalmente con el herrero Regín de la leyenda nórdica del Anillo de los Nibelungos, aunque otros autores señalan que se trataría de la mera representación del oficio artesanal, según recoge Clara Fernández-Ladreda en su estudio.

 

Herreros en Sangüesa y Corella bajo el patrocinio de San Eloy

San Eloy, patrono de herreros, plateros, cerrajeros y otros oficios relacionados con los metales en Europa tuvo varias asociaciones gremiales bajo su advocación en Navarra, incluso parte de sus reliquias se conservaban en la localidad de Mendívil en Navarra y algunos zapateros también le invocaban como su patrono en la cofradía que radicaba en la parroquia de San Nicolás de la capital navarra.

En Sangüesa, la cofradía de San Eloy, al parecer sólo de los plateros en su origen, incorporó, según Juan Cruz Labeaga, desde fines del siglo XVI a los herreros y cerrajeros. En el informe de cofradías de 1771 se detallan algunos datos. Según estos, las primeras ordenanzas de 1535 se reformaron en 1628 incluyendo en ella a los herreros, caldereros y oficiales que labran con fuego y martillo. Inmediatamente a la fecha de constitución de 1535 habría que datar el busto relicario del santo que porta en sus manos el martillo y otro instrumento percutor, a modo de cincel.

La parroquia de San Miguel de Corella guarda un lienzo de San Eloy, realizado hacia 1670 y que atribuimos a Francisco Crespo, discípulo de Vicente Berdusán, con el que aprendió su oficio entre 1657 y 1662. Procede del convento de la Merced, en donde radicaba su cofradía, que agrupaba en Corella a herreros y caldereros desde el siglo XVII y celebraba su fiesta el día 25 de junio de cada año. Junto a la imagen episcopal del santo, en un paisaje con árboles y arquitecturas, destaca una fragua, un yunque, una caballería preparada para herrarse y otros objetos que aluden a la profesión del santo como herrero que habría practicado según la leyenda antes de dedicarse a la platería. Junto a todos esos útiles y la fragua se encuentra una fachada de una iglesia típicamente conventual que posiblemente aluda a las afamadas capillas de San Eloy, a las que se dirigían los fieles con los caballos en el día del santo, precisamente en una fiesta en la que aquellos animales quedaban exentos de su trabajo ordinario.