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03_01_2018_OPINION_EyP_Gerardo Castillo Ceballos

Gerardo Castillo Ceballos, Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

¿Educamos hoy para la vida?

mié, 03 ene 2018 12:48:00 +0000 Publicado en Diario de AltoAragón, 24-12-17

Actualmente, la investigación educativa está mucho más interesada en la cuestión de los medios que en la de los fines. Asistimos a un espectacular desarrollo de la tecnología al servicio de la educación (televisión, vídeo, programas informáticos, Internet, medios audiovisuales, máquinas de enseñar, aprendizaje con ordenador, etc.), que no se corresponde con la investigación sobre la finalidad de la educación.

 Por otra parte, la exagerada  confianza de muchos educadores en los medios tecnológicos contribuye  al “olvido” de los fines, lo que a su vez suele  desembocar en una pérdida del rumbo educativo.  “Si no sabes hacia dónde se dirige tu barco, ningún viento te será favorable” (Séneca).

¿Cuál es la finalidad de la educación? Para muchos ilustres pedagogos de la historia es “preparar para la vida”. Dos ejemplos:

John Dewey (1859-1952): “La finalidad de la educación es preparar para la vida por medio de experiencias relevantes de vida social”.

Víctor García-Hoz (1911-1998)  “El fin de la educación es desarrollar en los educandos la capacidad para dirigir su propia vida, de hacer efectiva su libertad personal”.

Muchas empresas de ahora valoran en sus empleados la madurez personal  y  la cualidad de “ser persona”, tanto o más que el buen conocimiento de su oficio o profesión.

La mejora personal no se logra cuando “preparar para la vida” se reduce a que los estudiantes acumulen información. Este reduccionismo ha sido una de las consecuencias de las teorías conductistas sobre el aprendizaje.

 El conductismo considera al profesor como el protagonista del proceso de enseñanza-aprendizaje, y al alumno como una tabla rasa que hay que llenar con los conocimientos que transmite el profesor.  De esta forma no se fomentan los procesos mentales del discente; además, la evaluación del rendimiento se limita a medir los resultados observables de su conducta.

A pesar de que en la actualidad  el conductismo es un paradigma docente en decadencia, aún sigue en muchas escuelas. Está muy relacionado con  la concepción utilitarista de la existencia.

Los padres y  profesores con mentalidad utilitarista exigen a cada hijo o alumno que obtenga siempre calificaciones brillantes y que sea el primero de su clase. Además,  le indican que se dedique solamente a estudiar y que lo haga incluso en los momentos de ocio.  Imponen a sus hijos un exceso de actividades extraescolares como garantía de que tendrán futuro en una sociedad muy cambiante:

“-Papá: el lunes tengo inglés, el martes informática, el miércoles piano, el jueves taller de memoria y el viernes clase de chino. ¿Podré salir a la calle con los patines algún día?

-No seas infantil, hijo mío.”

En descargo de los padres utilitaristas hay que decir que la preparación para la vida profesional actualmente es más exigente que en épocas anteriores.  El elevado índice de paro juvenil obliga a los candidatos a un puesto de trabajo a completar la formación recibida en la carrera con una formación añadida (prácticas de trabajo en vacaciones, cursos de capacitación laboral, etc.)

 Este problema  obedece también a la  considerable distancia que existe entre lo que exigen las nuevas organizaciones y la preparación que proporcionan las escuelas y universidades. En cualquier oferta de trabajo se pide un mínimo de experiencia laboral; poseer amplios conocimientos de informática, dominio de un segundo idioma; poseer varias competencias de inteligencia emocional, como, por ejemplo, automotivación, iniciativa,  toma de decisiones, creatividad y trabajo en equipo. 

Sugiero que el estudiante adquiera por su cuenta esas capacidades a lo largo de su carrera, sin aplazarlo para el final, ya que en este segundo caso su formación sería  acelerada y por ello de poca calidad.

Séneca criticaba a los retóricos de su tiempo, porque se limitaban a enseñar a los adolescentes y jóvenes a disputar, sin ningún interés por aprender y descubrir alguna verdad. Añadía que era preferible enseñarles a vivir (desarrollar la voluntad orientada al bien, aprender a trabajar y a convivir). Invitaba a los jóvenes a vivir conforme a la virtud.

El filósofo  cordobés aconsejaba cinco medios para preparar a los adolescentes y jóvenes para la vida honesta: 1- los buenos ejemplos (“largo es el camino con preceptos, pero breve y eficaz con ejemplos”); 2 - reducir las necesidades del cuerpo al mínimo requerido por la naturaleza (templanza y sobriedad); 3-  el orden en la propia vida: “es grave mal para el cuerpo y frecuentemente para el alma hacer del día noche y convertir  la noche en día”; 4- las buenas amistades; 5- la formación el carácter por medio de la exigencia.