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Las campanas: patrimonio material e inmaterial. La mayor en uso en España, en Pamplona


FotoMiguel Bretos/Campaneros con la campana María en la catedral el día de Santiago de 2021.

Las campanas, además de su valor material como bienes culturales tangibles, poseen también gran parte de los secretos que guarda el patrimonio inmaterial, por recordarnos, con sus diferentes toques, la vida cotidiana de nuestros antepasados, que vivieron atentos a sus sonidos, marcando y organizando su devenir diario 

En Occidente fueron adoptadas por la Iglesia en el siglo V, si bien eran conocidas desde siglos atrás. Los romanos las denominaron tintinabula y los cristianos signum, porque servían para anunciar sus cultos. Por los menos, a partir del siglo VII, encontramos el nombre de campanas. Por referencias documentales y por testimonios que han llegado hasta el presente, los modelos altomedievales eran de dimensiones reducidas, si bien con el tiempo fueron aumentando de tamaño sucesivamente hasta que, en el siglo XIII, se hicieron de grandes dimensiones, en un proceso que siguió creciendo posteriormente. La forma más usual de las campanas es de copa invertida, haciéndose sonar a través de una cuerda unida al badajo. 

Tradicionalmente se han fundido en bronce, si bien se admiten diferentes aleaciones según las épocas y territorios, utilizándose el hierro, la plata e incluso el oro. Muchas de ellas presentan inscripciones procedentes de salmos e himnos litúrgicos y, por supuesto, suelen tener su nombre grabado. El ritual para su bendición, además de quedar recogido en los libros litúrgicos, se puede recrear visualmente en un grabado de B. Picart que ilustra la edición de las Cérémonies et coutumes religieuses de tous les peuples du monde (1723).

Bendición de la campana, según un grabado de B. Picart en la obra Cérémonies et coutumes religieuses de tous les peuples du monde (1723)

Las campanas se alojan siempre en torres y espadañas. Las torres, que también albergaban los conjuratorios, adquirieron un gran desarrollo conforme los usos de las campanas se multiplicaban, no sólo para llamar a los fieles y señalar las fiestas religiosas, sino también para regir la vida ciudadana con el anuncio de las horas, los avisos a incendios, guerras y otros acontecimientos de carácter civil.

Sus sonidos en todo tipo de fiestas y celebraciones

Las funciones de las campanas han sido secularmente litúrgicas y horarias, existiendo algunas tanto para el uso litúrgico, como para un reloj de torre. El ceremonial para el culto divino de catedrales y templos tenían codificados los diferentes toques como expresión externa de unas fiestas de distinto carácter. Sus sonidos estaban ligados a lo festivo, pero también a lo fúnebre e incluso a la conjuración de nublados y plagas. Su uso se define con estas frases latinas: Laudo Deum verum (Alabo al Dios verdadero), plebem voco (llamo al pueblo), congrego clerum (congrego al clero), defunctos ploro (lloro a los difuntos), pestem fugo (ahuyento a la peste), daemonia ejicio (expulso a los demonios) et festa decoro (alegro la fiesta). Amén de estos usos canónicos, sabemos que se utilizaron también para otros más heterodoxos, como la convocatoria a concejos, subastas e incluso a rebato para atajar graves contingencias. En algunos casos, el visitador no pudo sino levantar su voz, como en 1625 en Lezáun, al comprobar que ni el abad del lugar podía atajar la costumbre de convocar, a toque de campana, la traída de los bueyes para que el zagal o boyarico los apacentase.


Tablilla con un folio manuscrito, de comienzos del siglo XIX, en el que constan las campanadas se tocaban en caso de incendio en las parroquias de Madrid. Colección Particular

En la catedral de Pamplona, la campana María

Sobre las campanas de la seo pamplonesa, tenemos noticias desde la Edad Media y, asimismo, sabemos que cobraron especial significación desde el año 1092, cuando el rey Sancho Ramírez determinó que las poblaciones que viesen la iglesia madre y oyesen sus campanas deberían de acudir a celebrar ciertas fiestas especiales de rogativas. Los cronistas catedralicios y, de modo especial en el Siglo de las Luces, don Fermín de Lubián, prior, hombre diligente, cultísimo y gran conocedor de la historia diocesana y catedralicia se hicieron eco de aquella costumbre. El referido canónigo hizo notar a mediados del siglo XVIII que aquel privilegio se guardó inalterablemente a lo largo del tiempo, hasta que a mediados del siglo XVII, por la distancia, se libró de aquella obligación hasta cincuenta localidades y, más tarde, a fines de la misma centuria al resto, quedando únicamente hacia 1750 las iglesias de Burlada y Ansoain, a las que se  solía dispensar por el cabildo catedralicio “para que en atención a la mala obra de sus feligreses, puedan volver antes de hacerse la rogación de la catedral”.

La catedral pamplonesa conserva, dentro de una de sus dos torres, una campana denominada la María, realizada en 1584 por el maestro Villanueva, que es la mayor en uso de España. Su badajo pesa 300 kilos y la campana 13.000 kilos. De generación en generación se ha transmitido este verso:

María me llamo
cien quintales peso
y quien no lo crea
me lleve al peso

Su realización hay que enmarcarla en unos momentos en que el culto divino era objeto de magnificencia por parte de dignidades, canónigos y obispos. Por crónicas tardías que copiaron antigua documentación se sabe que, tras fundirse el día 15 de septiembre de 1584, se subió a la antigua torre el 27 de octubre del mismo año, en menos de tres horas, sin desgracia alguna. 


Campaneros con la campana María en la catedral el día de Santiago de 2021. Foto Miguel Bretos

El autor de la campana, Pedro de Villanueva, era originario de la localidad de Güemes, en la merindad de la Trasmiera y llegó a tierras navarras en busca de encargos, en torno a 1576, falleciendo en 1591, tras haber trabajado campanas “muy buenas y escogidas”. Desde fines del siglo XVI, los sonidos de la gran campana María han acompañado al ceremonial catedralicio en los días de grandes fiestas litúrgicas, procesiones, fallecimientos de obispos y miembros del cabildo, así como en otros acontecimientos históricos de todo tipo.

Para saber más

FERNÁNDEZ GRACIA, R., “Los trabajos y los días. La campana María”, Cuando las cosas hablan. La historia contada por cincuenta objetos de Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2915, pp. 131-135
URSÚA IRIGOYEN, I., Las campanas de la catedral de Pamplona, Pamplona, Imprenta Zubillaga, 1984

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