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Los primeros pasos de las mujeres en el Opus Dei (1930-1950)

En esta entrevista, Beatriz Comella Gutiérez, historiadora y docente de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, nos adentra en los primeros pasos de las mujeres en el Opus Dei durante las décadas de 1930 a 1950 en España. Comella analiza tres momentos fundamentales en esta historia, resaltando las dinámicas sociales y educativas que influyeron en las mujeres pioneras de esta institución.

03 | 10 | 2023

¿Cómo fue recibido el mensaje del Opus Dei entre las mujeres españolas?

El mensaje del Opus Dei experimentó un comienzo gradual entre las mujeres. Durante la década de 1930 en España, las mujeres se encontraban en una situación social que limitaba su libertad para participar en eventos y tomar decisiones de manera independiente. Frecuentemente, a las solteras se les exigía la compañía de una hermana u otra persona al asistir a actos sociales o realizar cualquier actividad, además de solicitar permisos en general al padre o hermano mayor.

En cuanto a las primeras mujeres que se aproximaron al Opus Dei, podemos identificar tres períodos clave. El primero de ellos tuvo lugar antes de la Guerra Civil española; el segundo durante la Guerra Civil, cuando algunas pocas mujeres se unieron a la Obra; y finalmente, a partir de la década de 1940, con el inicio del primer centro de mujeres. Durante estos primeros años, el crecimiento fue modesto; por ejemplo, para el año 1946, solo había 29 mujeres pertenecientes a la institución, en comparación con los más de 500 hombres que formaban parte del Opus Dei.

Beatriz Comella Gutiérrez, historiadora y docente de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.
 

¿Cuáles eran los perfiles socio-ocupacionales de las primeras mujeres en el Opus Dei?

Las primeras mujeres que se acercaron al Opus Dei durante este período presentaron una diversidad de perfiles. En su mayoría, eran lo que se solía denominar "hijas de familia", es decir, mujeres solteras que dependían económicamente de sus padres o hermanos mayores. Esta dependencia se mantenía hasta que alcanzaban la mayoría de edad a los 25 años o bien, tomaban estado civil, lo que implicaba casarse o ingresar a una orden religiosa.

En este contexto, las primeras mujeres que se acercaron a la Obra en los años 30  tuvieron perfiles heterogéneos. Entre ellas destacaba Carmen Cuervo, madrileña licenciada en Filosofía y Letras, y profesora en el Colegio de la Asunción, situado cerca del patronato de Santa Isabel en Madrid, donde el fundador de la Obra era rector. Sin embargo, esta joven posteriormente ganó una oposición como inspectora de trabajo, se mudó de Madrid y perdió el contacto con la institución.

Otras tenían estudios primarios. Dos de ellas se encontraban gravemente enfermas y murieron tempranamente. Me refiero a María Ignacia García Escobar, cordobesa que tenía estudios primarios y  de Cultura General y murió en el año 33 en el Hospital del Rey. La otra era Antonia Sierra, una mujer vasca  casada y con una hija. Ella estaba ingresada en el Hospital General de Madrid, ubicado junto al Patronato de Santa Isabel.

Además de estas experiencias, entre las mujeres que se unieron al Opus Dei se encontraban una maestra, una joven que estudió piano en el Conservatorio de Madrid, una empleada en una empresa alemana y algunas  que habían cursado estudios en corte y confección. Otras trabajaban en pequeños negocios familiares. Sin embargo, entre todas estas mujeres, solo una mantuvo una relación continua con el Opus Dei: Dolores Fisac, quien tenía estudios primarios y conocimientos en Cultura General.

En primer plano, Guadalupe Ortíz de Landázuri y María Isabel Pérez. Tras ellas, Raquel Botella, María Teresa Aranguren, Pilar Apodaca, María Rosario Arellano y Roser Martí. Fotografía tomada en la residencia Abando, Bilbao (1947). 

Los perfiles de estas mujeres reflejaban en gran medida la situación de las mujeres españolas en ese período anterior a la guerra. Es importante destacar que sólo un 22% de las mujeres en España completaron el bachillerato entre las décadas de 1930 y 1940. Aunque había maestras y algunas mujeres que posteriormente estudiaron magisterio u otros estudios de nivel medio, como comercio, mecanografía, artes y oficios, enfermería y matronas, tener el bachillerato superior, que preparaba para la universidad, no era común.

Por otro lado, con respecto a las jóvenes universitarias hay que tener en cuenta que en España entre los años 30 y 39, su porcentaje era del 8,9%. En el caso de las mujeres que por entonces pertenecían al Opus Dei, se cuentan tres universitarias: Carmen Cuervo, Dolores Jiménez Vargas y  Carmen Munárriz. Este porcentaje fue modificado en los años de posguerra. Se sabe que en 1948 el Opus Dei contaba con unas 35 numerarias, de las cuales 10 de ellas eran universitarias de diversas carreras: medicina, química,  filosofía de letras, filología clásica. Por entonces, la proporción universitarias en España era del 13,2%; aplicando el porcentaje, se concluye que las mujeres de la institución, entre 1940 e inicios de los 50, superaban el nivel de sus colegas.

¿Qué actividades o iniciativas llevaban a cabo las primeras mujeres del Opus Dei? 

Antes de la Guerra Civil, la relación de las primeras mujeres del Opus Dei con la institución se centraba principalmente en la dirección espiritual proporcionada por el fundador, Josemaría Escrivá. Él también impartía algunas clases de formación cristiana en el Patronato de Santa Isabel y en una academia facilitada por el Padre Póveda, amigo del fundador y director de las Teresianas. En estos encuentros, una de las asistentes se encargaba de transcribir las enseñanzas, permitiendo que el material llegara a aquellas que estaban en hospitales.

Además de estas actividades, las primeras mujeres del Opus Dei realizaban catequesis en los barrios periféricos de Madrid. Es importante destacar que en esa época, en la capital española, existía un cinturón de barrios periféricos caracterizados por la pobreza, la falta de educación y la escasa instrucción religiosa. Para abordar esta situación, algunas instituciones como las Damas Apostólicas y las conferencias de San Vicente de Paul ofrecían catequesis en parroquias de estos barrios, contribuyendo así a la formación religiosa de la comunidad local.

¿Hubo cambios en las actividades de las mujeres del Opus Dei después de la apertura del primer centro en 1942?

Definitivamente, con la apertura del primer centro de mujeres del Opus Dei en 1942, se produjeron cambios significativos en las actividades que estas mujeres desarrollaron dentro de la institución. Desde el inicio, el fundador, Josemaría Escrivá, les brindó una visión amplia de lo que serían las mujeres dentro de la Obra.

Cuarto de estar del centro de la calle Jorge Manrique.

Un testimonio relevante es el de Ramona Sánchez Elvira, anterior a 1936, quien relató que el fundador les explicó que la Obra sería «un instrumento en medio del mundo para que mucha gente encontrara santidad, un camino abierto a personas solteras, casadas, viudas, jóvenes, mayores, ricas, pobres…Nos explicó que se trabajaría en toda clase de actividades:
talleres de moda, ministerios, universidades, institutos». Es decir, la visión del fundador era amplia. 

En 1942, Encarnación Ortega, una de las primeras mujeres que vivió en ese primer centro de mujeres ubicado en la calle Jorge Manrique de Madrid, también compartió la visión que Josemaría Escrivá les transmitió: «las mujeres promoverían granjas para campesinas, centros de capacitación profesional para la mujer, residencias universitarias, actividades en el campo de la moda, clínicas, librerías, bibliotecas». 

Estos testimonios me parecen representativos de la idea que tenía el fundador sobre el rol de la mujer en el Opus Dei. 

¿Qué tipo de actividades se promovieron en el centro de la calle Jorge Manrique?

Las mujeres del Opus Dei se enfocaron principalmente en promover medios de formación cristiana para jóvenes. Esto incluyó la organización de círculos de estudio, meditaciones y cursos de retiro. Muchas de estas mujeres eran amigas, hermanas de miembros masculinos del Opus Dei o participaban en las actividades de los varones dentro de la institución.
Además de estas actividades espirituales, las mujeres continuaron brindando catequesis en barrios periféricos de Madrid. Esta labor contribuyó a abordar la  escasa instrucción religiosa en estas comunidades.

En ese mismo período, algunas de estas mujeres pusieron en marcha un proyecto editorial. Este proyecto fue liderado por María Jiménez Salas, una mujer con un fuerte interés intelectual que trabajaba en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Aunque María Jiménez Salas no era miembro del Opus Dei, tenía conocimiento de la institución. El fundador del Opus Dei la alentó, junto con otras jóvenes de la institución, a llevar adelante este proyecto editorial, al que llamaron "Editorial Minerva".

A pesar de su corta duración y la publicación de un número limitado de libros, esta editorial dejó su huella. Su trayectoria ha sido objeto de estudio por parte de la profesora Mercedes Montero. Es interesante destacar el contexto en el que se inició este proyecto, marcado por los años de posguerra, cuando conseguir papel y recursos era especialmente difícil.

¿Las actividades realizadas por las mujeres del Opus Dei tenían similitudes con las de otras instituciones o asociaciones católicas de la época, como las Teresianas, la Acción Católica o alguna otra? 

En algunos aspectos, las actividades de las mujeres del Opus Dei guardaban cierta relación con las de otras instituciones o asociaciones católicas de la época. Durante la posguerra en España, las escuelas hogar se convirtieron en una actividad exitosa entre las mujeres españolas. Estas escuelas eran ofrecidas tanto por la sección femenina de la Falange Española como por organizaciones confesionales, como la Acción Católica.

Tanto el Opus Dei como estas otras instituciones tenían programas de escuelas hogar. Este enfoque en la formación doméstica y en el rol de esposa y madre se promovió ampliamente durante la posguerra, en gran medida debido a la alta mortalidad durante la guerra y la necesidad de proteger y fortalecer a las familias, de acuerdo con el ideario católico.

A pesar de estas similitudes en los objetivos generales, existían diferencias en el espíritu y la implementación de estas actividades. En esa época, todas las mujeres españolas entre 17 y 35 años debían completar cursos de hogar, que eran dirigidos por la sección femenina de la Falange. Estos cursos eran requisito previo para matricularse en la universidad, obtener un pasaporte o viajar fuera de España.

He tenido la oportunidad de entrevistar a mujeres que estudiaron en escuelas hogar y arte, promovidas por personas del Opus Dei tales como Llar en Barcelona y  Montelar  en Madrid. Las entrevistadas han destacado que estas escuelas tenían un nivel educativo superior y un ambiente más refinado en comparación con otras instituciones similares. Ofrecían clases de cocina de alta calidad, así como cursos de artes aplicadas y decoración, lo que enriquecía la formación de las mujeres con un enfoque en la educación y el desarrollo personal.


 

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