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Pedro Lozano Bartolozzi, Profesor emérito de la Universidad de Navarra

Huracán Trump

19/01/17 Publicado en El Correo

¡Señoras y señores! ¡Comienza el gran espectáculo, el reality show, que tiene en vilo al mundo! Con el imponente decorado del monumental edificio del Capitolio detrás y la explanada de un Mall abarrotado de una multitud expectante, al mediodía de mañana, 20 de enero, Donald Trump se convertirá en el hombre más poderoso de la tierra.

«Juro solemnemente que desempeñaré fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos, así como preservar, proteger y defender la Constitución de Estados Unidos empleando en ello el máximo de mis facultades». Esa es la fórmula legal establecida. En un principio la ceremonia tenía lugar el 4 de marzo, día en que lo hizo George Washington, hasta que la compleja transición de Herbert Hoover a Franklin D. Roosevelt cambió la fecha en 1933. Todo el protocolo quedó recogido en la Enmienda número 20.

A la hora de tomar posesión del cargo, tan sólo John Quincy Adams en 1825 puso su mano sobre un libro de Derecho y no sobre la Biblia y Franklin Pierce, en 1853, para afirmar en vez de jurar.

La audiencia televisiva, sin límites de horarios o fronteras, observará la retrasmisión en directo de la investidura de Trump. Será una especie de entronización faraónica ante millones de ciudadanos mediáticos. Todas las posibilidades están abiertas en esta peligrosa etapa histórica que ahora comienza y que afectará en primer lugar a los norteamericanos, pero también a todo el sistema internacional.

Indira Ghandi pronunció ya hace varias décadas una frase tan poética como exacta: «En el mundo interdependiente de hoy en día, no se puede agitar una flor sin perturbar una estrella».

En su escandalosa y brusca rueda de prensa del día 11, Trump no agitó flores ni habló del efecto mariposa, todo lo contrario, fue rotundo y tajante. En su discurso, apenas articulado, arremetió contra China, reconoció las injerencias cibernéticas rusas, humilló a México, desautorizó a parte de la prensa, implicó a las industrias automovilísticas y farmacéuticas, prometió desmontar la obra de Obama, especialmente la sanidad, cedió en un singular fideicomiso su conglomerado empresarial a dos de sus hijos y amenazó con la construcción del muro fronterizo con México. Todo ello sin olvidarse de proclamar un proteccionismo que impondrá altos aranceles a las empresas que no fabriquen en el país. Al menos hay que reconocer que tiene claro lo que va hacer.

Alexis de Tocqueville, aristócrata francés y liberal, viajó a Estados Unidos y escribió un libro extraordinariamente lúcido, que publicó en 1835, 'La democracia en América'. Admiró y valoró las instituciones y el espíritu democrático y la importancia de la sociedad civil, pero también alertó de los riesgos del igualitarismo y del gobierno de las mayorías si no respetan la libertades, y del peligro de caer en el personalismo de un poder casi absoluto que degenere en tiranía.

La Europa de entreguerras sufrió esta pleamar igualitaria, acrecentada por la convergencia de la sociedad de masas, el desencanto institucional, la crisis económica y el populismo caudillista.

El problema se agrava aún más en Norteamérica, como anunció Tocqueville, pues el presidente se elige para ser una especie de monarca temporal, que no tiene ministros ni gobierno, sino asesores y secretarios de Estado que nombra personalmente.

Se tachó a Trump de proponer un equipo ultraconservador, hecho que parece confirmarse, con nombres como Reine Pribus, presidente del Comité Nacional Republicano para jefe de Gabinete; de Steve Bannon, como asesor de seguridad nacional; Michael Flynn, general responsable de la inteligencia militar; Rex Tillerson, exdirigente de Exxon Mobile como secretario de Estado; del general James Mattis para secretario de Defensa; del general John Kelly para Seguridad Interior; a Rick Perry, exgobernador de Texas para Energía; al multimillonario Wilbur Ross para Comercio y a Steve Mnuchin como secretario del Tesoro. Además, ha designado al senador por Alabama Jeff Session como fiscal general. También le corresponderá nombrar a unos cuatro mil funcionarios. El vicepresidente será Mike Pence.

No hay que sorprenderse demasiado de la incorporación de militares al gabinete, si tenemos en cuenta que de los 44 presidentes, 27 fueron militares de graduación, entre ellos 11 generales. Destacan especialmente el propio George Washington (1789-1797), Ulyses S. Grant (1869-1877), vencedor de la guerra de Secesión, y Dwight Eisenhower (1953-1963), comandante jefe aliado en la Segunda Guerra Mundial.

El contrapeso de las cámaras, en este caso con mayoría republicana, no parece que será un freno suficiente. Tendrá que ser la vigilancia de los medios, la reacción de la sociedad civil, el pragmatismo del ejercicio del poder e incluso el debate interno de los partidos, quienes embriden a Trump.

No han faltado acusaciones de ciberataques, de chantajes, de espionaje y hasta de montajes para desprestigiar al nuevo mandatario.

Es momento de esperar y ver, de otorgar un margen de confianza a esta etapa que tan alborotadamente comienza y que divide al pueblo americano como en pocas ocasiones se ha visto.

En su emocionada despedida, Obama encomendó la seguridad del sistema al sentir democrático de las gentes. «Nuestra democracia nos necesita no solo cuando h ay unas elecciones, sino durante toda nuestra vida». Impresionantes palabras, válid as para los norteamericanos y para todos los demócratas.

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