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Dos factores clave para entender la reputación universitaria

Concepción Naval.- La Universidad tiene como fin colaborar en la formación de ciudadanos democráticos a través de sus dos principales funciones: la social y la cultural. En esta perspectiva, la Universidad se re-plantea constantemente cuestiones de gobierno y gestión, e introduce reformas que acompañan a los diversos fenómenos transversales que forman parte del quehacer mundial de la educación superior en el siglo XXI.

En ese escenario, la función social de la universidad adquiere un papel decisivo en la generación, promoción y difusión de conocimientos mediante la investigación y el fomento de la interdisciplinariedad. Sin embargo, el reto quizá de más calado al que se enfrenta la universidad como institución académica, es la calidad educativa entendida en términos de reputación.

Es por ello que una preocupación constante de los gobiernos de diversos países es si sus instituciones educativas universitarias tienen una posición destacada en los rankings. Además, los académicos usan esas posiciones como índices de calidad de sus sistemas universitarios y los dirigentes de las universidades incorporan la gestión de la imagen y de la reputación para atraer estudiantes, profesores y recursos para la investigación. Todo ello lo reflejan los analistas socio-políticos Pérez-Díaz y Rodríguez en su investigación sobre reputación de las universidades.

Los rankings como índice de calidad de los sitstemas universitariosrsitario

Para responder a la pregunta de por qué es importante la reputación universitaria, en la discusión y gestión de una institución educativa superior, conviene apuntar a dos factores claves:

1) La competición, entendida como las diversas transformaciones en las que están inmersas muchas universidades, que les llevan a pugnar por más estudiantes, mejores profesores y más recursos financieros.

Las causas que fomentan esta competición son el decrecimiento de los fondos públicos para las universidades y, concretamente, las reglas de distribución de esos fondos destinados a la investigación. En ese escenario y debido a que se ven abocadas a competir entre sí, la universidad necesita comprender cómo son percibidas por sus diversos públicos.

En este punto, la variedad de públicos y de ámbitos hace referencia a las diversas funciones que puede cumplir la universidad. De allí que una universidad puede tener buena reputación como una universidad que hace una investigación de calidad; que prepara excelentes profesionales para el mercado laboral; que brinda una formación liberal a sus alumnos o que contribuye a desarrollar una ciudadanía más cívica y responsable entre sus alumnos, entre otras facetas.

 

2) Los rankings, entendidos como las distintas medidas y métricas de la reputación que despiertan una discusión amplia sobre la universidad.

Entre estas medidas, debemos distinguir los factores objetivos (los que reflejan en la medida de lo posible la realidad de la institución educativa) y los factores subjetivos (los que modulan los intereses, las expectativas o percepciones de quienes emiten los juicios). Ambos deben formar el conjunto de medidas disponibles para entender y explicar las estimaciones que hagan de la reputación los distintos públicos.

En conclusión, la competición y los rankings son dos factores que conducen a una de las discusiones actuales más ricas en el mundo de la educación superior: la reputación como calidad percibida.