Charo Sádaba

«La pandemia nos ha enseñado las luces, pero también las sombras, sobre el papel de la mujer. Es otra de las lecciones que debemos aprender de esta crisis»

 

Charo Sádaba Chalezquer (Pamplona, 1972) es doctora en Comunicación y profesora titular de Publicidad en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Su docencia ha estado siempre vinculada a las áreas de Comunicación Digital, Publicidad y Marketing tanto en grado como en posgrado. También imparte clases en programas oficiales y propios de varias universidades nacionales e internacionales, públicas y privadas. Desde junio de 2017 es decana de la Facultad de Comunicación y en 2018 fue incluida en el TOP 100 de mujeres líderes de España.

La capacidad de consenso y la empatía son algunos de los rasgos que Charo Sádaba identifica en el liderazgo femenino. Opina que quedan aún techos que derribar para que la mujer logre un mayor protagonismo en los ámbitos de decisión y asegura que la pandemia nos ha enseñado buenos ejemplos de liderazgo y gestión, pero también ha puesto de manifiesto niveles de malestar más altos entre las mujeres.   

 

¿Qué caracteriza el liderazgo femenino?

En mi opinión, el liderazgo por parte de una mujer aporta una mirada un poco más comprehensiva, de querer sumar más voluntades. Las mujeres tenemos la conciencia de que llegamos más lejos si las decisiones están consensuadas. Una manera de funcionar que, a corto plazo, puede parecer menos eficiente, porque tardas más tiempo en tomar la decisión; pero a largo plazo es más sostenible, porque has conseguido sumar voluntades.  Mostramos empatía y pensamos en cómo va a afectar mi decisión, qué impacto va a tener en la vida de otros. 

 

¿Qué barreras siguen encontrando las mujeres para acceder a esos puestos de responsabilidad? 

Soy optimista por necesidad pero creo que siguen existiendo esos techos de cristal y a veces, nos los ponemos nosotras mismas de modo preventivo. Tenemos cierta necesidad de protegernos. 

 

¿Y cómo podemos derribarlas?  

Como en todo, no se puede generalizar, pero quizá las mujeres tendemos a ser menos asertivas, decimos menos lo que nos gustaría. Esperamos que la gente reconozca nuestra valía. Y, en ocasiones, nuestros colegas hombres, son mucho más directos a la hora de dejar claras sus aspiraciones profesionales. Hay que aprender de esa naturalidad de expresar las metas que nos gustaría lograr. Por otro lado, creo que en distintos contextos todavía cuesta reconocer que las mujeres pueden optar a puestos de dirección y liderazgo, directamente no se piensa en ellas, algo que, a día de hoy, me resulta hasta ofensivo. 

 

Para una mujer, ¿acceder a un puesto de máxima responsabilidad sigue siendo sinónimo de renuncia en su ámbito personal? 

Buena parte depende del ámbito personal de cada una, pero socialmente, todavía se carga a la mujer que accede a un puesto de máxima responsabilidad con una especie de presunción de culpabilidad. Se espera que desarrolle bien su trabajo y se le reconoce, siempre que no descuide la atención de su familia, por ejemplo. La mujer recibe mensajes del entorno social que ellos nunca han recibido y que hacen que te plantees si estás desatendiendo lo realmente importante. 

 

Desde su puesto de responsabilidad, ¿ha tenido dificultades para conciliar su vida laboral y familiar? 

En mi caso, no he tenido problemas. Aunque todo trabajo de responsabilidad te obliga a salir de tu zona de confort y a romper tus rutinas habituales: viajar más, no comer en casa con toda la frecuencia que te gustaría… pero creo que esa incidencia no es diferente a la que conlleva para un hombre, lo que es diferente es cómo lo siente cada uno. 

 

La pandemia, ¿ha servido para poner de manifiesto la necesidad de ese liderazgo femenino y el papel esencial de la mujer en la gestión de una crisis como la que estamos viviendo? 

Esta pandemia ha arrojado muy buenos ejemplos de liderazgo femenino, como la presidenta de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, o la propia canciller alemana, Ángela Merkel,  pero también ha puesto de manifiesto una sensación de malestar entre las mujeres en general. Desde el ICS realizamos una encuesta sobre la sensación de bienestar o malestar durante el confinamiento, en la que participaron 10.000 personas de España y América Latina y uno de los grupos que presentaban mayores niveles de malestar eran precisamente las mujeres. 

La lectura que hicimos fue que las mujeres en general, no solo directivas, han tenido que teletrabajar, cuidar a sus hijos, estar pendiente de su familia, de la casa…  y eso ha contribuido a arrojar mayores niveles de malestar. Es otra de las lecciones que tenemos que aprender de esta crisis. La pandemia nos ha dado luces pero también sombras sobre el papel que ha desempeñado la mujer. 

 

En 2018, la Plataforma Mujeres&Cia la incluyó en el Top 100 de Mujeres Líderes, en la categoría de Pensadoras y Expertas, por ser un referente en la investigación sobre la tecnología en niños y adolescentes. ¿Cuánto pesa esa mochila? 

Pesa. Recuerdo que me sentí “enhuertada” porque no va con mi carácter postularme para este tipo de eventos. Pero creo que la visibilidad que te aportan estos reconocimientos hay que agradecerla, aprovecharla y sobre todo, ejercerla. Siembras también para quien viene detrás. 

 

¿Estamos aprovechando bien todas estas plataformas digitales, esa sociedad hiperconectada, para enviar mensajes que fomenten la igualdad de oportunidades?

Esos mensajes llegan, el problema es que en el uso de estas plataformas que utilizan para comunicarse sobre todo los adolescentes también se reafirman estereotipos no muy saludables, que son difíciles de erradicar. Si a la presencia de la tecnología, le añades la inmadurez propia de la edad y esa salsa de instantaneidad, el resultado es una bomba de relojería: estereotipos de los que queremos huir, chicos y chicas interesados solo por su imagen o que utilizan la tecnología para controlar al otro en una relación personal, por ejemplo.