La capilla de San Fermín

Introducción

El deseo de erigir un cobijo digno para la imagen relicario de San Fermín llevó al Ayuntamiento de Pamplona a constituirse en promotor de su Capilla, aneja al templo parroquial de San Lorenzo, que fue edificada entre los años 1696 y 1717, según planos de los tracistas Santiago Raón, Fray Juan de Alegría y Martín de Zaldúa. En la financiación, dotada con fondos del Municipio y canalizada mediante el ejercicio de su patronato, en ocasiones discutido y finalmente ratificado en 1720, participaron también pamploneses y navarros de diversa condición, algunos residentes en Madrid, en su mayoría miembros de la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, constituida en la Corte en 1684; y otros, dispersos en Indias (América hispana y las Filipinas). Con posterioridad a su inauguración, la barroca Capilla de San Fermín fue objeto de determinadas reformas. Así, entre 1800 y 1805, las acometidas bajo la dirección de Santos Ángel de Ochandátegui, que, además de atender a la reconstrucción de la cúpula, afectaron en aspectos preferentemente ornamentales, tanto al interior del recinto como, en menor medida, al exterior, de acuerdo con el gusto académico de ese momento, preludio del Neoclasicismo. En consecuencia, el edificio responde al ideario del Barroco, preferentemente en lo estructural; y se atiene a conceptos académicos clasicistas, evidentes sobre todo en el interior, en lo que concierne a la ornamentación. A resultas de un bombardeo acaecido en septiembre de 1823, con ocasión de la expedición denominada de los Cien Mil Hijos de San Luis, resultó incediada la Capilla y derribada la linterna, remate de su cúpula, que sería reedificada para febrero de 1824.