La pieza del mes de septiembre de 2026
DOS FALDONES BORDADOS DE LA IGLESIA DE SAN JUAN EVANGELISTA DE PERALTA
Alicia Andueza Pérez
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro
Dentro del extenso y rico patrimonio textil de la iglesia de San Juan Evangelista de Peralta, encontramos dos faldones bordados que en origen decoraron las dalmáticas de un terno y que hoy en día han sido acomodadas, como tantas veces pasa con los ornamentos litúrgicos, en los extremos de un paño de atril de damasco blanco.
Los faldones, cuya disposición y decoración es idéntica, miden 43 centímetros de alto por 54 de ancho. Están enmarcados por una magnífica retorcha de oro con motivos enlazados y sus fondos están conformados por un terciopelo azul en gran parte perdido. La decoración está compuesta por motivos renacentistas dispuestos en total simetría a modo de una cartela de cueros retorcidos. En el medio, un medallón cobija sendas imágenes de los evangelistas San Mateo y San Marcos sentados con sus atributos, un ángel y un león respectivamente, y sobre un fondo de paisaje.
Técnicamente, el protagonismo recae en los hilos de oro, plata y sedas de colores, que, combinados por diversos procedimientos, van ejecutando los distintos motivos decorativos. En este caso, estos se conforman principalmente mediante la técnica del oro llano, llamado también oro tendido u oro atravesado, y que consiste en cubrir la superficie a bordar con una serie paralela de hilos metálicos que se sujetan al lienzo con unas pequeñas puntadas de seda amarilla o anaranjada que resultan casi imperceptibles. La colocación horizontal o vertical de los hilos de oro y, en estos faldones concretamente también de hilo de plata sin dorar, y la disposición de las puntadas de seda, permite lograr diversos diseños y dibujos geométricos. Además, puede apreciarse la presencia del cordoncillo de oro y la combinación, en algunas zonas, del oro y la plata con hilos de sedas de colores, especialmente roja, lo cual hace que los efectos polícromos de estos bordados aumenten significativamente.
En cuanto a los medallones centrales, los materiales utilizados son los mismos, las hebras metálicas y las sedas de colores, pero dispuestos de una forma distinta. Sobre el fondo se asientan una serie de torzales redondos muy espaciados entre sí, que se sujetan al lienzo del fondo por medio de puntadas de sedas de colores, al igual que ocurre en la técnica del oro matizado, el punto más destacado e importante en el que se combinan los hilos de seda con el oro. La diferencia del bordado que encontramos aquí respecto al referido, radica en la distancia que existe entre los hilos metálicos, mayor en este procedimiento, y la cantidad de seda empleada, que es menor. Fue Isabel Turmo, una de las pioneras en los estudios sobre el bordado, en el estudio que llevó a cabo, allá por los años cincuenta del siglo pasado, sobre los bordados y bordadores sevillanos, la que identificó esta técnica con el punto recogido en la documentación como punto rajel o punto simón. En el caso de los evangelistas representados en estos medallones y al haberse perdido parte de los hilos de seda, puede apreciarse perfectamente que están ejecutados por medio de la técnica descrita.
Respecto a la autoría y cronología de las obras que nos ocupan, la documentación apunta al bordador Miguel de Sarasa. Según consta en un proceso conservado en el Archivo Diocesano de Pamplona, este artífice realizó, hacia 1600, doce casullas y dos conjuntos completos para la parroquia de Peralta. De los dos ternos, uno de ellos compuesto en origen por un tejido de fondo de brocado, se corresponde con el conjunto conservado en la iglesia y en el que se reproduce el ciclo iconográfico de San Juan Evangelista, con el episodio final de martirio en el capillo de la capa pluvial. Las diversas escenas, que Biurrun y Sotil relacionó con las pinturas de Juan de Landa, están recosidas y, algunas de ellas, distan mucho de la apariencia que debieron tener en un principio.
En lo que se refiere a estos faldones, consideramos que bien pudieron formar parte del segundo conjunto realizado por este bordador nacido en Tafalla. Además de por el dato documental que lo relaciona con la iglesia, existen grandes similitudes, tanto estilísticas como técnicas, con otras obras documentadas del mismo autor, como es el caso de las distintas piezas que componen el terno de Santiago de la parroquia de Santa María de Viana que fueron realizados por Sarasa y por el también bordador Pedro Martínez de Álava en el año 1601.
De hecho, Miguel de Sarasa, cuya actividad se centró en los años finales del siglo XVI y principios de la siguiente centuria, fue uno de los más destacados artífices del taller de Pamplona que, durante esta época y auspiciado por el contexto de la Contrarreforma, fue el foco principal desde el que se nutrió de ornamentos litúrgicos a los distintos templos navarros. Hijo del también bordador Juan de Sarasa, del que aprendió el oficio y del que heredó el taller, llevó a cabo obras muy significativas para iglesias de Pamplona, Estella, Sorlada, Funes o Falces, entre otras, quedando como testimonio de su buen hacer ejemplares tan destacados como el terno de Cruzat de la catedral de Pamplona o el conjunto de San Saturnino de la parroquia pamplonesa del mismo nombre, obra encargada a su padre Juan de Sarasa y que concluyó su hijo.
Por otro lado, es preciso indicar que estos faldones bordados son muestra del rico repertorio textil que atesora la iglesia de San Juan Evangelista de Peralta. Junto al terno antes señalado que representa en sus cenefas bordadas el ciclo del santo titular, sobresalen también dos dalmáticas y paños de atril de damasco carmesí con bordados decorativos de finales del siglo XVI, un conjunto verde con bordados también decorativos de principios del siglo XVII, una mitra bordada del Setecientos, dos antiguos estandartes con las imágenes de San Blas y la Virgen del Rosario de finales del XVIII - hoy en día enmarcados-, y varias piezas del siglo XIX. Además, y junto a lo citado, destaca especialmente un terno blanco bordado completamente en oro realizado por los bordadores barceloneses José Velat y José Estruch en 1772. Este, compuesto por numerosas piezas, cuenta con escenas bordadas en los faldones de las dalmáticas y con las imágenes de San Juan Evangelista y San Blas en los capillos de las capas pluviales. Mención aparte merece su palio que, decorado por preciosos angelotes con espigas de trigo y racimos de uva, es una de las mejores piezas bordadas conservadas en Navarra.
Asimismo, las obras que aquí nos ocupan y que se encuentran en un buen estado general de conservación, han sido reutilizadas, como antes hemos indicado, para decorar los extremos de un paño de atril. Esta práctica fue muy extendida en décadas pasadas ya que, al ser los ornamentos litúrgicos, piezas que, especialmente tras el Concilio Vaticano II, dejaron de tener un uso y función concreta, en el mejor de los casos fueron reutilizadas acomodando unas partes en otras. En otras muchas ocasiones, se han perdido o deteriorado de forma irremediable. De ahí, la importancia de dar a conocer y tomar las medidas oportunas para conservar, resguardar y atesorar este rico apartado del patrimonio artístico navarro, que es también ejemplo del boato y riqueza que envolvió en otro tiempo el culto divino.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Archivo Diocesano de Pamplona, C/437, nº 2, 1600.
ANDUEZA PÉREZ, A., El arte al servicio del esplendor de la liturgia: El bordado y los ornamentos sagrados en Navarra. Siglos XVI-XVIII, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2017.
ANDUEZA PÉREZ, A., Los Sarasa: una familia de bordadores navarros, Artistas Navarros (8), Diario de Navarra, Pamplona, 7 de abril de 2025.
BIURRUN Y SOTIL, T., La escultura religiosa y las bellas artes en Navarra durante la época del Renacimiento, Gráficas Bescansa, Pamplona, 1935.
TURMO, I., Bordados y bordadores sevillanos (Siglos XVI a XVIII), Sevilla, Laboratorio de Arte, Universidad de Sevilla, 1955.