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La pieza del mes de mayo de 2026

TESIS DE GRADO DE TOMÁS SOMOZA

Eduardo Morales Solchaga
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Las hojas o tesis de grado, como se ha puesto de manifiesto en otras ocasiones en esta misma sección, constituyen uno de los testimonios más significativos de la cultura académica de la Modernidad, al reflejar la estrecha relación entre conocimiento, prestigio social y representación simbólica en la universidad del Antiguo Régimen. Más allá de su función estrictamente académica, estos impresos actuaban como instrumentos de legitimación pública del saber y de proyección del estatus familiar, integrando elementos artísticos, ceremoniales y comunicativos. Su evolución formal, desde la sobriedad inicial hasta el refinamiento barroco, evidencia la importancia cultural de un género documental que acabaría perdiendo su dimensión simbólica en el siglo XIX.

 
Tesis de grado de Tomás Somoza

En una colección particular de Pamplona, se preserva una tesis de grado vallisoletana impresa en tafetán amarillo, enmarcada por una moldura dorada en la parte superior, y un rodillo en la inferior, que se encaja sobre la primera tras recoger el documento y le confiere portabilidad en caso de que no se exhiba sobre soporte fijo. 

A pesar de este lujoso despliegue, estructuralmente se muestra bastante sencilla, pues simplemente goza de un marco xilográfico en el que se incorporan pequeños paisajes con enmarcación rococó, combinándose en las esquinas con jarrones de lirios. En cambio, el contenido resulta muy interesante ya que se cuenta con documentación específica sobre las circunstancias de su creación, algo que por otra parte no resulta tan habitual.

 
Decoración del marco de la tesis de grado

Entre las fuentes que de una u otra manera explican el documento destaca el Diario Pinciano (1787 - 1788), primer periódico publicado en Valladolid y un claro ejemplo de la prensa ilustrada española. La publicación abordaba una amplia variedad de temas, tal como indica su título: históricos, literarios, legales, políticos y económicos, con el objetivo de difundir conocimientos útiles para el progreso de la sociedad. Fue editada en la imprenta de Francisco Antonio Garrido por don José Mariano de Beristáin (1756 - 1817), sacerdote, profesor y erudito de origen hispanoamericano, que participó en prestigiosas instituciones académicas y desarrolló una intensa labor como escritor y bibliógrafo, destacando posteriormente por su obra Biblioteca Hispanoamericana Septentrional

La actividad universitaria reflejada en el Diario Pinciano pone de manifiesto el papel de la universidad como centro fundamental de producción intelectual durante la Ilustración. Beristáin difundió discursos, disertaciones y textos académicos con el objetivo de extender el conocimiento más allá del ámbito estrictamente universitario. Al mismo tiempo, insistió en la necesidad de que estos escritos presentasen una elevada calidad lingüística y literaria, evitando incorrecciones, vulgarismos y defectos de estilo, ya que consideraba que la universidad debía ser un modelo de rigor intelectual y de buen uso de la lengua. 

La tesis fue defendida el 17 de marzo de 1788 a las 9 de la mañana en la Universidad de Valladolid por don Tomás Somoza y Somoza de Prado, estudiante de Derecho Civil en la Facultad de Filosofía, del que lamentablemente no se tienen apenas noticias. En el encabezado, la dedica a doña Joaquina de Vicuña, condesa viuda de Lérida tras la muerte de don Manuel de Torres y la Cerda en 1784.  Había casado en segundas nupcias - tras consignarse una pensión de viudedad de 11.000 reales - con José Martínez de Bustos, diputado y consejero de Hacienda con Carlos IV, que obtendría plenos derechos en el citado organismo en 1798 y que probablemente financió los estudios del susodicho Somoza. La dedicatoria reza lo siguiente:

A LA MUY ILUSTRE SEÑORA DOÑA JOAQUINA DE VICUÑA,
y Plaza, Andión, y Ubilla de Andaola, DIGNÍSIMA ESPOSA DEL SEÑOR
DON JOSEPH MARTÍNEZ, MURGIA Y BUSTOS, MANRÍQUEZ DE LARA,
del Consejo de su Majestad en el Real de Hacienda, y Diputado de estos Reinos

El que, queriendo dar el honor de ofrecer a los P. de V. S. los primeros frutos de sus ejercicios literarios, intentara referir por menor los gloriosos timbres de su ascendencia, los heroicos blasones de su nobleza, las ilustres proezas de sus antepasados, y los esplendores de su sangre, sería intentar un imposible.

Solamente pues aspiro Señora con este pequeño obsequio a manifestar a V. S. la ingenuidad de mi veneración, y el profundo respeto que me inspira el mismo con que pongo a los P. de V. S. esta corta ofrenda de mis ejercicios literarios, deseando expresar por este medio el reverente rendimiento, y gratitud con que se reconoce el más obligado servidor de V. S.

 
Tesis de grado parcialmente desplegada, mostrando el encabezado

El P. Beristáin se mostró muy crítico con la misma, haciendo muestra de la sorna cáustica con la que se manejaba en su diario: “Se dedicó este acto a la Sra. Doña Joaquina de Vicuña, condesa que fue de Lérida, con una carta en castellano, que, si he de decir lo que siento, no necesita lima, sino nueva fundición”. Para él, era algo inconcebible el mezclar latín y castellano en un mismo documento, algo que al parecer era más habitual de lo deseable. Con ocasión de otra tesis doctoral defendida el 18 de abril de 1787, se expresó de la siguiente manera: hay una dedicatoria en castellano a una Señora, que a más de fastidiarle de que la Señoreen tanto, no queda airosa con que todo el mundo sepa que no entiende la lengua latina, habiendo en España tantas damas que las poseen. A más que ¿Cómo ha de apreciar el don de las conclusiones puestas en latín, cuando se la supone tan lega? Por fin, tesis en latín y dedicatoria en castellano forman un cuerpo monstruoso, como la pintura que Horacio finge a los pisones, y semejante estilo no tiene apoyo entre los hombres de gusto y erudición. No podía entender ¡Que [los actuantes] no acaben de conocer que estas inscripciones deben ser la flor y quinta esencia de la pura, propia y hermosa latinidad! ¡Y que una carta dedicatoria tiene sus partes, y sus reglas para formarse como toda obra de arte! 

Tampoco veía con buenos ojos que los aspirantes se titularan dominus, con o sin abreviatura, como en el caso que se describe, pudiéndose aplicar lo mismo que a otro aspirante examinado el año anterior: “Aunque es más moderado, pues está en abreviatura, se llamó Dominus el actuante después de decir que es humildísimo siervo. A la verdad que además de que el don español está muy postizo cuando se habla en latín, y especialmente en inscripciones, es cosa impropísima, y aún irreverente, titularse señor un cliente que implora el patrocinio de un alto mecenas. Al menos no había errores ortográficos como en otras ocasiones en las que se mostró especialmente cáustico y que se dirimieron en los tribunales civiles.

Sea como fuere y críticas aparte, la disertación del bachiller Somoza versó sobre Derecho Civil, y más concretamente sobre el Título 10 del Libro 2 del Código de Justiniano, en el que se abordaba la redacción de testamentos. Las seis conclusiones presentadas recogen una síntesis de principios del Derecho romano sobre la validez de los testamentos, centradas especialmente en el papel de los testigos. El texto establece que un testamento escrito solo es válido si cumple determinadas formalidades jurídicas, entre ellas la presencia de siete testigos que firmen el documento. Además, se especifica quiénes pueden o no pueden desempeñar esta función, excluyendo a los herederos, a los fideicomisarios universales y a los siervos, con el fin de garantizar la imparcialidad y la seguridad jurídica del acto testamentario.

 
Vista de la caja inferior de la composición

La caja inferior de la composición da cuenta del director del estudio, la imprenta y el permiso necesario. En lo que respecta al primero, identifica a Roque Suárez, bachiller en ambos derechos (Civil y Canónico) y en Sagrada Teología. A su vez era sustituto de la Primera Cátedra de Sagrados Cánones, cargo que ostentaba todavía unos meses después, cuando opositó a la Segunda de Decreto. La tesis fue editada en la imprenta de la “viuda de Santander”, uno de los más importantes talleres vallisoletanos. Fundado por Tomás de Santander, quien también era bedel, tesorero y proveedor de libros de la Universidad de Valladolid, fue continuado en 1782 por su mujer, María Benita Fernández Chicano, quien también asumió sus labores en la citada institución, valiéndose de la ayuda de tres hijos hasta 1800. Antes de publicarse, la tesis contó con el plácet de Juan de Losada y Temes (1718 - 1789) jurista gallego perteneciente a una familia hidalga vinculada a la administración borbónica, formado en el prestigioso Colegio Mayor de Fonseca de la Universidad de Santiago. En 1774 obtuvo plaza como oidor en la Real Chancillería de Valladolid, uno de los tribunales superiores de la monarquía, donde permaneció hasta su muerte, un año después de la defensa. Con anterioridad, había desarrollado su carrera en la Audiencia de Valencia, donde en 1757 fue nombrado alcalde del crimen, ascendiendo en 1766 a oidor de la misma institución.

En conjunto, el documento posee un valor patrimonial e histórico muy notable que supera con creces su relativa sobriedad estética. Aunque no alcanza la riqueza ornamental de otras tesis de grado contemporáneas, la abundancia de información que contiene lo convierte en una fuente especialmente valiosa para el estudio de la cultura universitaria de finales del siglo XVIII. La presencia de datos precisos sobre el autor, el mecenas, el director del estudio, la imprenta, el censor y el contexto académico permite reconstruir con bastante detalle las redes de patronazgo, los mecanismos de validación intelectual y las prácticas jurídicas propias de la universidad ilustrada. Asimismo, la conexión con el Diario Pinciano aporta un testimonio excepcional sobre la recepción crítica de este tipo de ejercicios académicos y sobre los ideales lingüísticos y culturales promovidos por la Ilustración.

 

Bibliografía

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