TESIS DE GRADO DE ANTONIO JESÚS CLAESSENS

Eduardo Morales Solchaga
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Nos encontramos ante una tesis de grado también conocida como hoja de grado. En dichos documentos impresos, quedaban plasmadas las conclusiones académicas de un grado académico. Su valor radica, además de la interesante información que proporcionan, en el innegable protagonismo que en ellas juegan las labores artísticas. Por su soporte se trata de un caso excepcional, ya que, a pesar de que durante los siglos del barroco existieron en Navarra dos universidades, la del monasterio benedictino de Irache y la de Santiago, de los Dominicos de Pamplona, el porcentaje de tesis impresas es bastante bajo. En su favor, podemos afirmar que de los más de dos millares de documentos de este tipo conservados en el Archivo General de la Nación de Méjico, solamente una se imprimió sobre seda roja. Aún y todo, no podemos advertir una proporción tan ínfima en la España peninsular, donde las publicaciones en seda fueron más frecuentes.

La estructura básica de este tipo de documento, consiste en un encabezamiento, con el escudo del padrino, el propio, el de la ciudad, el de una orden religiosa, o bien una estampa devocional, en la que el autor se vea, de un modo u otro, identificado, pudiendo ser su santo patrón, el de su lugar natal, el fundador de la orden de la que es miembro etc.… Muy excepcionalmente se sitúan retratos, bien del padrino, o de una personalidad importante de la familia del graduando. A continuación figura el nombre de su mecenas o padrino, quien ha invertido sus erarios en la formación del individuo en cuestión. Enfrentado a él figura el nombre del autor de la tesis, bajo el cual se sitúa un texto explicativo de la tesis sustentada, acompañado de las conclusiones principales de la misma. Tras ello se menciona el nombre del maestro director de la misma y la fecha en la que se celebrará la ceremonia, acompañada de las credenciales del presidente del tribunal que juzgará el trabajo.

La belleza del documento radica en su complejo proceso creativo, ya que supone varias estampaciones. En primer lugar las tipografías que consolidan la orla ornamental. A ello se une la impresión del texto, y la ulterior incorporación de la estampa calcográfica de tipo heráldico, retratístico o devocional. Por lo que respecta al soporte, en su mayor parte se hacía sobre papel, reservando para los receptores más insignes materiales más nobles, como sedas, tafetanes o vitelas, en muy variados colores, destacando sobre todos ellos el amarillo. Por tanto intervienen varias personalidades, destacando entre ellos el grabador y el impresor.

También encontramos diferentes modalidades que responden a la época de la impresión variando, desde la sencillez de las tesis defendidas durante el siglo XVI, hasta el excesivo barroquismo de las tesis del XVIII. A su vez, existen variaciones regionales, destacando por su complejidad las sustentadas en universidades ubicadas en el Septentrión europeo. Su canto de cisne llegó con la llegada del siglo XIX, cuando la ornamentación se simplifica, para posteriormente derivar en un simple documento acreditativo, de carácter administrativo y pragmático, dejando de lado materiales y procesos decorativos.




Tesis de Grado de Antonio Jesús Claessens
Pamplona, Imprenta de Pascual Ibáñez, 1768. Colección particular


La tesis de grado que aquí se presenta, impresa en seda de color amarillo, resulta, sin ninguna duda insólita. El documento se encabeza, con un grabado anónimo de San Antonio de Padua, que mantiene en su regazo al niño Jesús, mientras que en la diestra porta una vara de azucenas. El hecho se explica en que se trata del santo patrón del doctorando flamenco, Antonio Jesús Claessens, cuyos dos nombres quedan reflejados, según el milagro que aconteció al santo franciscano, en dicho grabado. Con seguridad, la estampa no se abriría con objeto de la tesis, sino que la estampación se realizaría con una plancha conservada posiblemente en el convento franciscano asentado en la capital navarra, perteneciente a la cofradía del santo o a sus devotos.

Bajo él aparece el nombre de la mecenas que sufragó sus estudios, María Manuela Antonia Sarrate. Curiosamente la estampa devocional, no por casualidad, responde a su patrón, ya que en el encabezamiento se introduce también el término “Emmanuel”, (Dios entre nosotros) término hebreo con el que la Biblia se refiere a Jesús. Con ello, el doctorando honraría a su principal valedora, como gratificación a su patrocinio, y con objeto de que le ayudase posteriormente a promocionar en la sociedad pamplonesa de la época. Utiliza la fórmula “D.O.C.”, dicat, offert et consecrat, (dedica, ofrece y consagra) fórmula latina muy habitual tanto en este tipo de documentos, como en otros de diferente índole, como por ejemplo los libros.

Tras ello se sitúa un introito, bajo el cual se enumeran las cuatro principales conclusiones de la tesis, en la que se debaten cuestiones filosóficas sobre los trabajos del también franciscano, el Beato Juan Duns Scoto, algo que no es de extrañar, ya que durante los siglos del barroco funcionó en Pamplona una prestigiosa escuela filosófica escotista, con sede en el convento de franciscanos anteriormente mentado.

En la parte inferior de la composición, figura el nombre del maestro que ha dirigido el trabajo, ya que el doctorando, según versa el texto, en todo momento se ha situado “sub umbra sui”. Se trata del fraile franciscano Joseph Rodrigo, lector en Filosofía del convento pamplonés de San Francisco. A continuación se relata la fecha en la que se debía de celebrar el acto académico, sin concretar el día, simplemente se menta el mes y el año, Mayo de 1768. Esto es debido a que la tesis se imprimía con anterioridad a su lectura, completándose el día después de la estampación, sirviendo así tanto de invitación, como de documento conmemorativo del acto. 

También se menciona al responsable del tribunal examinatorio, el R. P. franciscano Pedro de Armendáriz, lector de filosofía jubilado. Finalmente, en la parte inferior derecha queda plasmado el lugar de impresión, Pamplona, y el prestigioso impresor, Pascual Ibáñez, “impresor del Reino” y mercader de libros, con taller en la calle del Carmen de Pamplona, cuya producción, en el segundo tercio del siglo XVIII, dio lugar a más de cuarenta volúmenes de mediana calidad. Entre ellos destacó sobremanera la tercera edición de los “Annales del Reyno de Navarra” del P. Moret (1766), la obra impresa más importante de carácter identitario para Navarra durante toda la Modernidad.

Todo el conjunto se engarza en una cartela configurada a base de tipografías, que combinan elementos animales y vegetales, que parten de un mismo elemento, un delicado florero de mimbre. También interviene una segunda tipografía, en la zona central, consolidada a base de rocallas dieciochescas. La impresión, como ya se ha advertido, se realiza sobre tafetán amarillo, algo reservado para los más insignes compromisos, que se entregaba enmarcada en varas de madera, y enrollada dentro de un lujoso estuchado. De todos modos, la mayoría de las estampaciones se realizaban en papel, y, por tanto, hay que valorarlo en su justa medida. 


BIBLIOGRAFÍA
BARRIOCANAL LOPEZ, Y., El grabado compostelano del siglo XVIII, La Coruña, Fundación Pº Barrié de la Maza, 1996, pp. 102 – 113.
SÁNCHEZ DE BONFIL, Mª C., Catálogo de Ilustraciones XIII [prólogo], Méjico, Archivo General de la Nación, 1981, pp. 7 y 8.
FERNÁNDEZ GRACIA, R., “Tesis de grados de Juan Francisco de Alduán e Ibarra”, en Juan de Goyeneche y el triunfo de los navarros en la Monarquía Hispánica del siglo XVIII, Pamplona, Fundación Caja Navarra, 2005, p. 270.
GARCÍA TURZA, F.J., “Pascual Ibáñez” en Gran Enciclopedia Navarra, vol. VI., Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1990, p.30.