INCURSIÓN EN EL CERRO DE SAN CRISTÓBAL POR PARTE DE LAS TROPAS REALISTAS, POR NEMESIO LAGARDE (1875)


Eduardo Morales Solchaga
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro


La tercera guerra carlista, que asoló al territorio español de 1872 a 1876, fue particularmente cruenta en la capital del viejo Reino, no tanto por las pérdidas materiales y humanas sino porque se mantuvo sitiada por el ejército rebelde desde septiembre de 1874 hasta febrero de 1875. Durante este tiempo, como se dilucida de las numerosas crónicas y testimonios, los habitantes de la ciudad sufrieron no pocas penurias y menoscabos. Como ya se expuso en la primera de las “piezas del mes” de la presente página web, la tercera guerra carlista se muestra más cercana al espectador, puesto que se reflejó con multitud de litografías, merced al buen hacer de los corresponsales, tanto en las revistas nacionales, destacando sobremanera La Ilustración Española y Americana, como en magazines extranjeros, que en ocasiones contaron con sus propios corresponsales, aunque la práctica habitual era la reinterpretación de los bosquejos enviados desde territorio español.

A pesar de que la ciudad fue liberada por las tropas realistas, encabezadas por el general Moriones el 2 de febrero de 1875, las incursiones de los reductos de los batallones carlistas continuaron asolando a la capital desde el cerro de San Cristóbal, que todavía no había sido fortificado. Los bombardeos, con cierta frecuencia, inquietaron más por su potencia y sorpresividad, que por los daños materiales y humanos causados a la ciudad. Particularmente destacados fueron los llevados a cabo el 7 de mayo del citado año, que quedaron recogidos en un álbum de acuarelas, recientemente publicado por el Gobierno de Navarra, y acertadamente interpretado por Ignacio J. Urricelqui Pacho, al que se debe la mayor parte de lo aportado en estas líneas que conforman el presente modesto estudio.
 

La escena recogida en la acuarela, acaecida, como su inscripción atestigua, el 24 de noviembre de 1875, destaca por el hecho de que no fue publicada en el citado álbum de acuarelas, ni tampoco insertada en un mueble realizado por los hermanos Lagarde durante el propio bloqueo, puesto que éste, como se ha comentado, ya había sido levantado por las tropas alfonsinas. Tampoco La Ilustración Española y Americana, recogió el acontecimiento plasmado sobre el papel, por lo que su valor iconográfico, resulta, cuando menos, equiparable a su factura. Inicialmente pudo estar destinado a los soportes mentados, pero bien por casualidad, bien conscientemente, quedó en manos de la familia del autor, que celosamente lo custodió en la casa que habitaban en la Estafeta, y que hoy en día se conserva en una colección particular, también pamplonesa.

El problema de su identificación radica en que los estudios generales sobre la tercera guerra carlista no recogieron pequeñas batallas ni escaramuzas como la que aquí se presenta, y los locales incidieron más en el propio bloqueo que en los acontecimientos que acaecieron a la ciudad con posterioridad. La única referencia explícita la encontramos en el diario de un carlista pamplonés, Leandro Nagore, si bien no lo precisa con tanta exactitud como otros episodios, pues en aquellos momentos se encontraba exiliado. Según su testimonio, fue el Ayuntamiento quien apremio al gobierno central, “para que con toda urgencia mandase por aquí fuerzas del ejército, con el propósito de quitar a Pamplona la molestia grande que estaba sufriendo de los carlistas que desde los cerros de San Cristóbal y Huarte, tiraban granadas a la plaza de día y de noche”, petición que fue escuchada en Madrid “porque con efecto vino una fuerte columna de tropas, y empezando el ataque por la parte del pueblo de Alzuza y Gorráiz, avanzaron en dirección a los Berrios, y en tres días se posesionaron de todos los puntos que ocupaban los carlistas, arrojando a éstos allende San Cristóbal y Miravalles, habiendo costado a los pobres soldados algún tanto cara la libertad de Pamplona, pues que hubo bastantes heridos, y gracias que los carlistas no eran más que un batallón y la partida de Rosas, que sostuvieron el ataque contra una columna de ocho o diez mil hombres”, a pesar de que los partes oficiales hablaban de 16 batallones de carlistas navarros e incluso el propio Leandro Nagore afirma que “yo mismo vi dos días antes que los carlistas no eran más que cuatro gatos para defender dichas posiciones, porque estuve en ellas cuando vine a Villava desde Santesteban”.

La acuarela muestra el momento en que las leales tropas emprenden el cruento ataque al cerro de San Cristóbal, conformando tres batallones, ataviados con el uniforme del ejército monárquico, cuyos colores resaltan sobre el rocoso paraje. Al margen de ellos, dos oficiales aparecen conversando, con distinguida pose, ajenos a lo que a pocos metros está aconteciendo. En lo alto de la montaña se divisa una intensa nube de pólvora, resultado de los encarnizados combates entablados para la toma del citado estratégico enclave. La imagen, aunque deteriorada por el paso del tiempo y la humedad, conserva su primigenio valor testimonial, refrendado en el margen inferior derecho por una escueta inscripción identificativa que reza: “Sn. Cristóbal 24 Noviembre 1875”.

Por lo que respecta a la autoría, no hay duda de que se trata del pamplonés Nemesio Lagarde y Carriquiri, tanto por sus orígenes, como por el estilo que se hace patente en toda la escena, las actitudes de los personajes, y la datación, aspectos todos ellos observables tanto en el álbum del bloqueo de Pamplona, como en las acuarelas engarzadas en el mueble del citado sitio, otras ilustraciones conservadas en manos particulares y las litografías procedentes en su mayoría de La Ilustración Española y Americana, y de La Ilustración militar. Urricelqui Pacho biografió en la monografía sobre el álbum del bloqueo tanto a Aniceto, como a Nemesio Lagarde, por lo que es preciso remitirse a ella, pues en estas líneas poco más podemos aportar. Procedentes de familias de comerciantes franceses, amén de su faceta militar, cultivaron la más puramente artística e ilustrativa, perteneciendo también al grupo más selecto, en lo que a lo cultural se refería, de la capital navarra. Ambos hermanos, Nemesio por afición, y Aniceto por su propio oficio de ingeniero, cultivaron con cierto éxito el dibujo a plumilla, normalmente acuarelado. Mientras que Aniceto se muestra más rigido y lineal en sus composiciones, como demuestran numerosas vistas de pueblos y ciudades del territorio foral, Nemesio ejecuta ilustraciones más dinámicas y desdibujadas, puesto que generalmente las fundamentaba en escenas tomadas del natural, captando un momento concreto, hecho que facilita la diferenciación entre ambos estilos, y su ulterior identificación.


BIBLIOGRAFÍA
URRICELQUI PACHO, I.J., Recuerdos de una guerra civil. Álbum del bloqueo de Pamplona, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2007.
URRICELQUI PACHO, I.J., “Una imagen olvidada de la historia contemporánea de Pamplona: los Episodios del bloqueo, dibujados por Nemesio Lagarde, publicados en La Ilustración Española y Americana", en Memoria de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, Pamplona, CPAN, 2006, pp. 167 - 169.
NAGORE, L., Apuntes para la historia 1872-1886: Memorias de un pamplonés en la Segunda Guerra Carlista, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1964.
DEL BURGO, I., Historia general de Navarra, Madrid, Rialp, 1992, Tomo III.