EL BUSTO RELICARIO DE SAN ESTEBAN, 
OBRA DE AMBROSIO DE BENGOECHEA Y JUAN DE LUMBIER

María Josefa Tarifa Castilla
Universidad de Zaragoza

 

La iglesia parroquial de Arguedas cuenta con un rico y variado patrimonio religioso mueble, entre el que se encuentra el busto relicario en madera policromada del santo patrono de la localidad, San Esteban protomártir. Una obra que fue recogida en el Catálogo Monumental de Navarra, en el tomo primero correspondiente a la Merindad de Tudela, que vio la luz en 1980, descrita como una pieza romanista del último tercio del siglo XVI.

Busto relicario de San Esteban
Parroquia de San Esteban de Arguedas (Navarra
Ambrosio de Bengoechea y Juan de Lumbier, 1597
(Foto: M. J. Tarifa)


 

El busto representa al que es considerado el primer mártir cristiano según el pasaje del Nuevo Testamento (Hecho de los Apóstoles, 6-7), y el primero de los siete diáconos elegidos por los apóstoles para colaborar en la difusión de la nueva fe cristiana. Su elocuencia para convertir a los profanos le valió la enemistad de los judíos, quienes lo acusaron de blasfemar contra Moisés, por lo que murió apedreado por la multitud a las afueras de la ciudad de Jerusalén. A causa de las piedras empleadas en su lapidación, fue un santo invocado contra los cálculos y dolores de cabeza, entre otras enfermedades como la tiña, según refiere el diccionario de iconografía de Réau.

La consulta de los fondos del Archivo Real y General de Navarra nos ha permitido localizar documentación inédita referente a la autoría del busto relicario, que hasta ahora permanecía en el anonimato. El escultor que acometió la talla de bulto en madera de San Esteban fue el guipuzcoano Ambrosio de Bengoechea (doc. 1581-1623, †1625), comprometiéndose en el mismo contrato de ejecución a realizar unas andas en las que procesionar la imagen, y que dejó en blanco y concluidas para julio de 1597. Bengoechea fue uno de los discípulos sobresalientes del destacado escultor romanista Juan de Anchieta (nac. ha. 1533, act. 1551-1588, †1588) y el artista más relevante de la escultura manierista guipuzcoana. Además de participar en 1592 en la realización del desaparecido retablo mayor de la parroquia de la Asunción de Cascante junto con Pedro González de San Pedro, a su buen hacer se deben el retablo mayor de la iglesia de San Vicente de San Sebastián (1583-1592, junto con Juan de Iriarte) y en la primera década de 1600 los retablos mayores de Berástegui, San Francisco, Santa María y la Piedad de Tolosa, un sagrario para Hernani, el retablo de Olejua y el retablo mayor del convento de San Francisco de Pamplona, entre otros.

La documentación hallada revela que el 13 de julio de este mismo año de 1597 el regimiento de Arguedas, presidido por el alcalde, encargó la pintura, dorado y estofado de la imagen de San Esteban y las andas a Juan de Lumbier (act. 1578-†1626), artista con taller en Tudela desde 1582. Sin lugar a dudas, uno de los pintores navarros más sobresalientes de los que trabajaron entre las décadas finales del siglo XVI y el primer cuarto del XVII para las diferentes localidades de la Ribera de Navarra, alcanzando su radio de acción a los actuales territorios aragoneses de la comarca de Tarazona, el Moncayo y del Campo de Borja, además de la localidad riojana de Casalarreina, como han estudiado Echeverría Goñi, García Gainza y Criado Mainar. Un artista que desarrolló una pintura propia de la corriente manierista imperante en la época, de pleno carácter italianizante, con estudios pretenebristas, figuras monumentales, utilizando el escorzo como medio de expresión y aplicando a sus cuadros colores tornasolados de estirpe veneciana. Pintor que con anterioridad, en 1594, había contratado el retablo de Nuestra Señora del Rosario para la misma parroquial de Arguedas, por el que todavía estaba percibiendo pagos en 1597.

A su faceta de pintor de pincel sumó la de pintor dorador de retablos y esculturas, como es el caso que nos ocupa con el busto de San Esteban de Arguedas. De acuerdo con el convenio establecido, Lumbier acometería primero la labor de policromía del busto y después la pintura, dorado y estofado de las andas, comprometiéndose a finalizar su labor para el día primero del siguiente mes, con objeto de que el día tres de agosto, festividad del santo patrono, se pudiese sacar en procesión.

Lumbier, que percibió inicialmente 50 ducados, cumplió el acuerdo concluyendo su trabajo en el plazo establecido, aunque la tasación del mismo no tuvo lugar hasta dos años después, nombrando para ello el 29 de agosto de 1599 a Miguel de Salazar (c.1550-1618), artista residente en Pamplona, mientras que los regidores de Arguedas designaron el 20 de septiembre a Miguel de Arara, vecino de Sangüesa. El 23 de septiembre los estimadores valoraron “unas andas y peana y figura de Señor Santesteban bocacion de la dicha billa, quel dicho Joan de Lumbier a dorado, estofado y pintado…y fallamos que valen ansi las andas como la peana y la figura de señor Sant Esteban, por estar como esta todo bien echo y acabado con toda la perfeccion y cuidado, quinientos y setenta y seys ducados, muy bien balidos y ansi mismo emos visto la escritura que sobre la dicha obra se otorgo con al qual el dicho Joan de Lumbier a cumplido muy bien”.

Los regidores de la localidad consideraron que los 576 ducados era un precio excesivo, por lo que iniciaron un pleito ante los tribunales reales navarros solicitando una nueva estimación. La sentencia judicial promulgada el 29 de febrero de 1600 dictaminó que se volviese a evaluar la obra contenciosa nombrando a dos personas peritas en el arte de pintar y dorar.

La talla del busto relicario acometida por Ambrosio de Bengoechea, destinado a albergar las santas reliquias de San Esteban, comprende la mitad superior del cuerpo, con la cabeza, torso hasta la cintura y brazos completos, si bien la peana que ejecutó para procesionar la imagen no ha llegado hasta nosotros. La caracterización física del personaje nos permite identificarlo claramente. La cabeza muestra el rostro de un hombre joven e imberbe y de formas volumétricas, dotado de una mirada frontal dirigida al infinito, pero llena de vida, cuya cabellera tallada en mechones muestra la tonsura propia de su grado clerical, a la que posteriormente se le ha añadido una corona en forma de halo. Aparece vestido con la dalmática de diácono, que el escultor reproduce con gran maestría, tallando en la parte posterior las borlas pendientes de cordones, que se añadieron desde el siglo XVI y que con menor tamaño se emplearon durante algún tiempo entre los siglos VIII-XII, y que asimismo podemos apreciar en la dalmática del San Esteban que El Greco pintó con maestría en el excepcional cuadro del Entierro del Conde de Orgaz para la iglesia de Santo Tomé de Toledo.

Busto relicario de San Esteban
Parte posterior
(Foto: M. J. Tarifa)


 

San Esteban porta los atributos que lo identifican, sujetando con el antebrazo y mano izquierda un libro cerrado -quizás en alusión al libro de los Evangelios, cuya guarda correspondía a los diáconos-, sobre el que se han esculpido las piedras con las que sufrió el martirio de la lapidación, mientras que en la mano derecha, que extiende hacia adelante en un bello escorzo, sostiene, o bien la palma del martirio, fragmentada en la actualidad, o uno de los pedruscos con los que fue apedreado. La imagen tiene la reliquia del santo en un orificio abierto en la parte central del pecho.

El busto conserva la elaborada policromía original, propia de la época, ejecutada por Juan de Lumbier, con la dalmática sobre fondo dorado decorada con aplicaciones a punta de pincel al temple en carmín, azul y verde, que reproducen figuras de bichas que nacen de capullos de flor y temas vegetales con ramas y flores. En algunas partes de la vestimenta, como la cenefa de las mangas de la dalmática y la parte superior de la espalda, la policromía se completa con labores de mayor virtuosismo. Así, en la zona posterior del cuello, donde se dibuja un paño triangular, el oro ha sido cubierto de color y rayado en el borde, desarrollando en su interior una decoración vegetal de rameado a punta de pincel sobre campo de oro puntillado sobre fondo azul, emulando el trabajo propio de la decoración textil.
 

Busto relicario de San Esteban
Detalle de la policromía
(Foto: M. J. Tarifa)


 

Por su parte, en la orla de la bocamanga derecha de la dalmática, en la parte trasera de la misma se pintaron cartelas de cueros recortados que acogen en su interior un paisaje, quedando todo ello delimitado por una labor de rayado sobre fondo dorado. Decoración pictórica que también fue aplicada al borde de la manga izquierda, si bien dicha labor se ha perdido en gran parte. Finalmente, el cuello y mangas del alba presentan una ornamentación rayada sobre blanco, empleando para las zonas de la piel una carnación a pulimento, con matizaciones para los pómulos y los labios, simulando una incipiente barba en la cara de tonalidad grisácea.

Busto relicario de San Esteban
Detalle de la bocamanga
(Foto: M. J. Tarifa)


Labores de policromía que se corresponden con la etapa de transición que Echeverría Goñi definió para Navarra entre la fase final de la policromía del romano, marcada por la utilización de un acervo formal de raíz fantástica inspirado en el manierismo romano y las estampas de la escuela de Fontainebleau, y la policromía contrarreformista, en la que el vocabulario de la etapa anterior queda reducido a la representación de roleos vegetales o rameados con ensartos de cosas vivas a base de niños, bichas y pájaros. En este momento de cambio aún perduran los grutescos fantásticos, si bien irrumpe ya con fuerza un repertorio más restringido y monótono, de raigambre naturalista, que en pocos años reemplazó al precedente.

En definitiva, una destacada pieza del patrimonio artístico religioso navarro, que a día de hoy sigue teniendo el mismo uso y función cultual para la que fue creada, siendo procesionada por las calles de la localidad de Arguedas, con ocasión de la celebración de la festividad del patrón San Esteban.

BIBLIOGRAFÍA
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