EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA VICTORIA 
DE CASCANTE 

Mª Josefa Tarifa Castilla
Universidad de Zaragoza

 

La iglesia del primitivo convento que la orden de los frailes Mínimos fundaron en Cascante a su llegada en 1586, actual parroquia Nuestra Señora de la Victoria, está presidida desde el primer cuarto del siglo XVII por un retablo mayor del que hasta hace poco nada sabíamos al respecto. La consulta de la documentación conservada en distintos archivos navarros nos ha permitido dar a conocer los distintos artistas que intervinieron en su elaboración, así como el contrato de ejecución.

Tal y como había quedado establecido en la escritura fundacional del convento, el patronato de la capilla mayor había quedado reservado al regimiento de la localidad, por lo que además de correr con los gastos de ejecución de su fábrica, concluida hacia 1605, también debía hacerse cargo del exorno del presbiterio. El Consejo Real de Navarra otorgó en julio de 1621 permiso a la localidad cascantina para que de sus rentas gastase 200 ducados en la realización de dicho retablo mayor, si bien antes de sacar la obra a remate de candela les debían hacer sabedores de los distintos modelos presentados para este fin. 

La obra fue subastada en la casa del ayuntamiento el 22 de agosto del presente año, acudiendo a la población diferentes maestros de arquitectura y pintura, los mejores que trabajaban en el ámbito de la Ribera de Navarra y la comarca de Tarazona, quienes presentaron hasta seis trazas diferentes con las que poder acometer esta pieza. Los regidores encargaron al artista pamplonés Juan de Lumbier (act. 1578- †1626), uno de los pintores navarros más destacados del último tercio del siglo XVI y comienzos del XVII, asentado en Tudela, al architecto Francisco del Pontón y a Juan de Biniés, escultor residente en Tudela, que escogiesen de entre todos los diseños presentados el más conveniente.

Los maestros seleccionaron las dos trazas que consideraron más apropiadas y de menor cuantía para hacer realidad el proyecto, una en pergamino firmada por Jerónimo de Estaragán, maestro activo en la Ribera que trabajó en la década de 1630-1640 realizando retablos clasicistas, y la otra dibujada sobre papel por Juan de Irigoyen y Macaya, a lo que se sumaron las capítulas de ejecución de dicho retablo. Según establecían éstas, el artista que se adjudicase el mueble lo llevaría a cabo siguiendo uno de los dos diseños preseleccionados, en los que además del sagrario, estarían presentes la representación de san Francisco de Paula, la Virgen de Nuestra Señora de la Victoria, san Francisco de Asís con las llagas, santo Domingo, san Juan Bautista, san Juan Evangelista y un Cristo crucificado en el ático.

Para su ejecución se emplearía madera de pino “de Ebro, de buena ley y seca”, mientras que la pintura que lo recubriría sería al óleo y dorada, quedando toda la arquitectura del retablo cubierta de oro liso bien bruñido. El maestro que lo rematase debía concluirlo en el plazo de cuatro años, cobrando anualmente 50 ducados hasta finiquitar el total de la cantidad en que fue contratado, siendo reconocida la obra tras su conclusión por maestros puestos por ambas partes que corroborarían o no su ejecución de acuerdo a las capítulas y traza elegida al respecto. En la subasta pujaron diferentes maestros, como Juan de Berganzo (doc. 1601-1625), ensamblador vecino de Tarazona, el pintor Juan de Lumbier, Juan de Gurrea, ensamblador vecino de Tudela y fundador de un taller de importantes retablistas en Tudela en las primeras décadas del siglo XVII, o el cascantino Juan de Gessa, si bien finalmente se adjudicó la obra Bernardo del Bosque, vecino de Tarazona, en 720 ducados.

Esta cantidad triplicaba el presupuesto inicial permitido al regimiento cascantino, por lo que en septiembre de 1621 el fiscal aconsejó reformar la traza “quitando della algunas cosas que no sean de muy grande consideración”. El Consejo Real otorgó el 11 de diciembre del mismo año la licencia oportuna para acometer el retablo mayor, en el que podrían gastar de las rentas municipales únicamente 300 ducados. Otro de los maestros que también participó en la elaboración del retablo fue Juan de Gurrea, concretamente en la mazonería o arquitectura del mueble, al menos desde el mes de abril de 1623, por la que percibió al año siguiente de 50 ducados.



Retablo mayor. Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante

 

El retablo, de planta recta, se asienta sobre un zócalo de obra, ocupando el lienzo central del ábside poligonal. Se articula en dos cuerpos de tres calles, enmarcadas por columnas de basa moldurada, fuste entorchado y capitel compuesto. Las cajas laterales del primer cuerpo quedan rematadas por frontón curvo, mientras las de piso superior lo hacen con frontón triangular, describiendo la calle central un arco de medio punto sobre pilastras. A este segundo nivel se superpone un friso de separación que culmina en los extremos con frontón curvo y remates piramidales. El ático, formado por una sola calle central recorrida por columnas de fuste estriado sobre las que se dispone un frontón curvo partido, queda unido al piso inferior por aletones curvos. Con posterioridad se le añadió el tabernáculo barroco que ocupa el cuerpo bajo de la calle central, formado por pedestal y cuerpo de columnillas decoradas, albergando el sagrario en su interior.

Si la arquitectura del retablo recibió policromía fue tardíamente, a finales del siglo XIX o principios del XX, sin haber sido estucado previamente. Una pintura de tipo plástico que imitaba mármoles de colores verdes y rojos, combinada con los dorados de las basas y capiteles, como podemos apreciar en algunas fotografías anteriores a la década de 1990. Este fue el aspecto que presentó el retablo hasta el año de 1996, cuando sufrió una importante intervención bajo la dirección del entonces restaurador del Museo de Navarra, Ángel Marcos, que eliminó la pintura anterior, estucando y dorando al agua, para policromar y realizar finas labores de pintura al temple y esgrafiado imitando motivos decorativos fantásticos de estilo renacentista. 

Por lo que respecta a la iconografía del retablo, no se siguieron al pie de la letra las indicaciones recogidas en el condicionado de 1621, ya que la mayor parte de los santos mencionados en el contrato no fueron finalmente efigiados en el mismo. Además, las pinturas que alberga el retablo actualmente pudieran no ser las originarias, ya que fotografías anteriores a 1996 muestran que las calles laterales del primer cuerpo estaban ocupadas por las esculturas del Sagrado Corazón a la izquierda y San José a la derecha, al haberse sustraído las pinturas destinadas a estos espacios.

 

Fotografía del retablo mayor anterior a la década de 1990 en que se intervino en el retablo
 

En la actualidad, la caja izquierda del primer cuerpo acoge pintura de la Santísima Trinidad, representado a Dios Padre sedente, que sustenta con sus dos manos la cruz en la que está clavado Cristo, acompañados por la paloma del Espíritu Santo, mientras que la del lateral derecho muestra a San José con el Niño, ambos dispuestos en pie, sujetando el joven patriarca a Jesús de la mano.

 

Santísima Trinidad y San José con el Niño
 

En el segundo cuerpo del retablo se colocaron, a la derecha, el lienzo de un santo mártir dispuesto en pie, con una espada clavada en el corazón, llevando en la mano izquierda la palma del martirio, mientras con la derecha señala al cordero representado en la parte superior con la inscripción latina In sanguine Agni, que hemos identificado con Pedro Arbués, inquisidor de Aragón, que fue asesinado en 1485 por un grupo de judeoconversos mientras rezaba arrodillado ante el altar mayor de la Seo de Zaragoza. La otra pintura del lateral derecho muestra a San Francisco de Sales (1567-1622), obispo de Ginebra, gran defensor de la doctrina católica frente a la reforma protestante en Francia, canonizado en 1665 por el papa Alejandro VII. 

Contemporáneas a la arquitectura del retablo son las esculturas que ocupan la calle central. Por un lado la talla de la titular, la Virgen de Nuestra Señora de la Victoria, con policromía del siglo XVIII. María, dispuesta en pie, con las piernas en contraposto, dirige su mirada al frente, sustentando en su brazo izquierdo a Jesús, apoyado en su cadera, a la vez que sujeta con la diestra la palma de la victoria. El niño, de tierna mirada y melena rizada negra, viste con una túnica de manga larga que le llega hasta las rodillas, mostrando las piernas dispuestas en una postura compleja, lo que dota de movimiento a la figura. Extiende su brazo derecho hacia delante mientras sostiene con la izquierda la bola, ayudado por su madre. 
 

Nuestra Señora de la Victoria
 


Sobre este grupo escultórico se dispuso en el ático la imagen de Cristo crucificado, que los autores del Catálogo Monumental de Navarra vinculan al estilo de Juan de Biniés. Un Cristo muerto, con un cuerpo desnudo de imponente masa muscular que parece inspirado en la estatuaria clásica. La escultura se dispone sobre una pintura con un paisaje de nubes tormentosas, con montañas de fondo y construcciones en primer término realizadas con gran detalle, como un edificio de planta central, articulado por contrafuertes y rematado por cúpula de media naranja, para cuya realización el pintor se inspiraría en grabados de la época.
 

Calvario


BIBLIOGRAFÍA 
-GARCÍA GAINZA, M.C., HEREDIA MORENO, C., RIVAS CARMONA, J. y ORBE SIVATTE, M., Catálogo Monumental de Navarra, I. Merindad de Tudela, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1980, pp. 51-52.
-FERNÁNDEZ MARCO, J.I., “Nuestra Señora de la Victoria. Cascante”, Temas de Cultura Popular, nº 348, Pamplona, Diputación Foral de Navarra. 
-TARIFA CASTILLA, M.J., El Convento de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante, Cascante, Asociación Cultural Amigos de Cascante “VICUS” y Gobierno de Navarra, 2014, pp. 113-125.