EL TÚMULO PARA LAS EXEQUIAS DE MARÍA AMALIA DE SAJONIA EN CORELLA, 1829

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro


Entre el fondo de dibujo de la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva el del catafalco para las honras fúnebres, en Corella, por la Reina María Josefa Amalia de Sajonia (DIB/14/47/32). Una inscripción en el pie del monumento efímero identifica el lugar para el que fue diseñado y dice: "LA CIUDAD DE CORELLA, / EN LA TEMPRANA Y SENSIBLE MUERTE / DE LA PIADOSA REYNA. / MARIA JOSEFA AMALIA DE SAXONIA". En el margen inferior derecho su autor dejó constancia de la autoría: “A. de Sesma y Landa 1829”.

Se trata de un dibujo sobre papel amarillento realizado con pluma, pincel, tinta y aguadas negras y gouache que representa el sencillo y lúgubre catafalco en memoria de la reina, tercera de las esposas de Fernando VII, que había fallecido prematuramente en el Palacio de Aranjuez en mayo de 1829.
 

Catafalco levantado en Corella para las exequias de María Amalia de Sajonia
Agustín de Sesma y Landa, 1829
(Biblioteca Nacional)

 

El autor del diseño don Agustín de Sesma y Landa era natural de la ciudad de Corella, nació en 1803 y falleció en 1843, llegó a ser teniente coronel de artillería y su retrato pintado por Antonio María Esquivel en 1835 se conserva en la colección Arrese de Corella, a donde llegó a través del heredero del militar don Fermín Arteta y Sesma, ministro de la gobernación. Agustín fue hijo del coronel del Felipe de Sesma y Payán de Tejada y de doña Teodosia Landa y Orizando, permaneció soltero y falleció en Pamplona en junio de 1843, siendo trasladados sus restos a Corella en la primavera de 1863 al panteón familiar de Corella. Su epitafio rezaba así:

Ni el estruendo del cañón 
que manejó con destreza
ni la bélica fiereza
ni del siglo la infección
torcieron el corazón
ni la virtud singular
del valiente militar
don Agustín Sesma y Landa 
que la piedad veneranda
colocó en este lugar

Retrato de Agustín de Sesma y Landa, obra de Antonio María Esquivel, 1835
Colección Arrese

 

El túmulo se adecua a los modelos fríos y de líneas neoclásicas. Consta de cuatro cuerpos decrecientes forrados de bayeta negra sin apenas decoración de ningún tipo, ni siquiera las consabidas calaveras o tibias. En el primer cuerpo figura la inscripción a la que hemos hecho referencia, en el segundo con ocho candelabros una placa con guirnalda, en el tercero seis candelabros y un gran escudo con las armas de la difunta y en el cuarto tras cuatro candeleros la urna cubierta por manto rojo y almohadilla del mismo color sobre la que aparecen un gran cetro y la corona real. 

Como es sabido este tipo de arquitecturas se levantaban en las iglesias fuera de los presbiterios, por lo general en los cruceros, singularmente en ciudades y entes de población importantes, desde siglos atrás, para la celebración oficial de los lutos por monarcas, papas y otros dignatarios. Sin ese tamaño y ostentación también se erigían para otros funerales, novenarios y oficios de difuntos y ánimas, incluso lo suplía un paño negro en el suelo. Precisamente ante él se oficiaba la denominada absolución al catafalco que consistía en el canto de un solemne responso por el difunto. Con el séquito del crucífero, los ceroferarios y acólitos con el incensario y el acetre y colocados según el ceremonial que ordenaba situar a los primeros delante del túmulo en frente del altar y el resto con el preste en el otro extremo. Tras cantar el Libera me Domine disponía y bendecía el incienso, se cantaban los Kyries y el celebrante entonaba el Pater noster que todos continuaban en secreto. Posteriormente se rociaba el túmulo con agua bendita, mientras el acólito que portaba la cruz se inclinaba al paso del celebrante y los acólitos acompañantes hacían genuflexión. Para finalizar se incensada y se entonaban las preces y la oración final, retirándose todos a la sacristía.