JUAN DE HUICI: PROMOTOR DEL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA IGLESIA DEL CONVENTO DE LOS MÍNIMOS DE CASCANTE

María Josefa Tarifa Castilla
Universidad de Zaragoza

Una de las joyas del patrimonio arquitectónico renacentista de la localidad navarra de Cascante es la iglesia del primitivo convento de Nuestra Señora de la Victoria, única fundación que los frailes de la Orden de los Mínimos realizaron en Navarra a finales del siglo XVI. Un templo de una sola nave dividida en tres tramos, a cuyos lados se abren capillas hornacinas de distinto desarrollo, ejemplo de la promoción artística realizada por familias nobles oriundas de la localidad, quienes las adquirieron con una finalidad funeraria. Hasta ahora conocíamos los nombres de los pudientes mecenas que hicieron posible la construcción de algunas de estas capillas, dotadas en origen con un rico exorno artístico, como la de la Asunción, fundada en 1593 por el prior de Berlanga, Luis Cervantes Enríquez de Navarra, presidida por un retablo cuya tabla central dedicada a la Asunción y Coronación de la Virgen es obra de un pintor influenciado por el flamenco Rolan Mois; la de San Francisco de Paula fundada por Miguel Cruzat, prior de la orden de San Juan de Jesuralén, como indica el estandarte pictórico de la cruz de Malta que campea sobre el arco de embocadura a la misma; o la capilla de San Miguel, cuyo patronato ostentaron los López de Ribaforada, como nos sigue indicando el blasón pictórico realizado por Juan de Lumbier, entre otras.


Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante
Foto: M.J. Tarifa

Además de las capillas de la Asunción, San Francisco de Paula, San Miguel, Nuestra Señora de la Soledad, en el lado del Evangelio, y del Santo Cristo, las Ánimas, Nuestra Señora de la Concepción y Nuestra Señora del Pilar, en sus advocaciones primitivas, en el lateral derecho de la nave la iglesia contó en origen con otra capilla situada a los pies del templo, en el lateral de la Epístola y bajo el espacio del coro, construido en alto a principios del siglo XVII, de la que nada sabíamos hasta el momento. El hallazgo de datos documentales inéditos localizados en diferentes archivos navarros nos permiten aportar información referente a su primitivo patronato, advocación y retablo con el que fue dotada la estancia.

La referida capilla, instituida bajo la advocación de San Diego, fue adquirida el 22 de julio de 1613 por el licenciado Juan de Huici, vicario de la parroquial de Cascante, con derecho de enterramiento para sí y sus familiares y “poner tumulo y blasones y adornarla con las insignias que le pareciere poniendo en ella si le pareciere otro retablo del que al presente tiene de qualquier inbocacion de santo o santos que le pareciere y rexa o rexado y hacer sepulturas y enterramiento a toda su espontanea y libre voluntad”. Además de la asignación entregada a los frailes por el uso y propiedad de la dependencia, 103 robos y medio de trigo, 10 ducados y un censo sobre una parcela, el vicario también se comprometió a dotar esta estancia con un retablo dedicado a San Juan Bautista, San Juan Evangelista y San José. Con posterioridad, la capilla siempre aparece en la documentación identificada bajo la titularidad del santo patrón del promotor, es decir, el Precursor, por lo que deducimos que el titular del mueble sería el mismo.

Retablo de San Juan Bautista. 1615. Atribuido a Juan de Lumbier
Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante 
Foto: R. Lapuente


 

Nuestras investigaciones nos han llevado a concluir que el referido retablo no es otro que el mueble que en la actualidad se encuentra en la primera capilla situada a los pies del templo en el lateral del evangelio, que fue adquirida en 1603 por los cofrades de Nuestra Señora de la Soledad, quienes encargaron su edificación al obrero de villa Agustín Ximénez. En esta capilla se guardaron las imágenes de la cofradía que procesionaban el Viernes Santo, hasta que en 1826, con la adquisición de nuevas figuras, como un Cristo articulado con su cruz y la imagen de la Virgen de la Soledad del escultor larragués Miguel Zufía, el espacio resultó insuficiente. Por ello, parte de las mismas se trasladaron a la capilla del Cristo de la Vera Cruz, la más próxima a la cabecera por el lateral derecho, tras solicitar el oportuno permiso a sus dueños, las familias Grasa y Guerra de la Vega.

Con posterioridad a este año de 1826 y antes de 1869 el retablo de San Juan Bautista fue trasladado a la referida capilla de Nuestra Señora de la Soledad, donde se conserva en la actualidad. Quizás el motivo del traslado del mueble se deba a las intervenciones arquitectónicas que sufrió este espacio de los pies del templo tras la exclaustración de los Mínimos, como consecuencia de las medidas desamortizadoras de Mendizábal, con objeto de independizar las dependencias del convento que comunicaban con la iglesia, que adquirió la condición de parroquia en agosto de 1869, habilitándose a su vez en esta zona una serie estancias destinadas a la vivienda del párroco. 

Por lo que se refiere al retablo de San Juan Bautista, es una destacable obra del arte navarro cuyas tablas pictóricas han sido atribuidas al pintor Juan de Lumbier, artista navarro activo en Tudela entre 1578-†1626, que cuenta con una amplia producción en la Ribera, así como en localidades aragonesas y riojanas. Una obra que está fechada en el propio mueble, el año de 1615.

La arquitectura del retablo es acorde al estilo clasicista imperante a principios del siglo XVII, formada por una predela sobre la que asienta un solo cuerpo articulado en tres calles separadas por columnas de fuste estriado y capitel jónico, cuyas cajas rectangulares culminan con frontón, triangular los laterales y curvo el central. Sobre el friso de separación dos frontones curvos rematan las calles laterales, jalonados por pináculos en los extremos. Culmina el ático formado por un cuerpo central articulado igualmente por columnas jónicas que se unen al inferior por aletones, rematado por frontón partido.

Las escenas muestran distintos episodios de la vida del Precursor, con composiciones bien estructuradas y una paleta cromática vibrante. En el banco se dispone la Predicación a los gentiles, el Descendimiento de Jesús y la Decapitación del Bautista, separadas por las basas de las columnas donde se efigian los cuatro evangelistas. El cuerpo acoge las tablas del Nacimiento de San Juan y el Bautismo de Cristo en el Jordán, pinturas muy similares a las mismas escenas representadas por este artista en la parroquia de San Juan Bautista de Cortes unos años antes, en 1608 lo que ha llevado a los estudiosos a ratificar su atribución. Todo ello queda rematado por la escena del Calvario.

La calle central del retablo está presidida por la talla del titular, de estilo romanista. San Juan, dispuesto en pie y en contraposto, viste una túnica roja que cubre gran parte de su musculoso cuerpo, dejando al desnudo el brazo derecho y la mitad del tórax. Con el índice de su mano derecha señala el cordero, situado a sus pies.


Retablo de San Juan Bautista. Detalle de la Predicación a los Gentiles.1615
Atribuido a Juan de Lumbier. Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante 
Foto: R. Lapuente

 

Retablo de San Juan Bautista. Detalle del Descendimiento.1615
Atribuido a Juan de Lumbier. Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Victoria de Cascante. 
Foto: R. Lapuente

 

 

BIBLIOGRAFÍA
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- TARIFA CASTILLA, M.J., “La imagen del poder de la nobleza navarra del siglo XVI a través de la promoción de obras de arte”, en el VI Congreso de Historia de Navarra, Navarra: Memoria e Imagen, Pamplona, SEHN, 19-22 de septiembre de 2006, pp. 507-522.