RETRATO DE DON JOSÉ JULIÁN ARANGUREN, ARZOBISPO DE MANILA, EN EL CONVENTO DE AGUSTINOS RECOLETOS DE MARCILLA

Esther Elizalde Marquina
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El claustro alto del convento de agustinos recoletos de Marcilla alberga una interesante colección de retratos de ilustres personajes de la orden religiosa, iniciada en el siglo XIX, cuando la comunidad tomó posesión del complejo monástico, y continuada ininterrumpidamente hasta la actualidad. A pesar de que su valor artístico es muy variable, presentan un innegable valor histórico, ya que todos ellos se hallan identificados tanto por inscripciones, como por heráldica.

Entre estos destaca con luz propia uno correspondiente al Arzobispo de Manila José Julián Aranguren (1801-1861). Nacido en la actual Casa Parroquial de Barásoain, localidad en la que vivió hasta que en 1818, marchó a la Universidad de Zaragoza para estudiar Derecho. Seis años más tarde se alistó en el ejército como soldado de caballería. Esta aventura militar le llevó a replantearse su vida, tomando el hábito de agustino recoleto en diciembre de 1825 en el Colegio de Alfaro y renunciando definitivamente a su carrera académica. 

Tras ordenarse sacerdote en Zaragoza dos años después y obtener el título de Lector, fue designado Presidente de la primera Misión de los Religiosos del Colegio de Monteagudo en Filipinas (Misión XXXIV), llegando al puerto de Manila en abril de 1829. Una vez instalado en las Islas Filipinas, su carrera sacerdotal fue imparable. En un primer momento se dedicó a la lectura de la Sagrada Teología en la casa de Estudios de los Recoletos en Manila intramuros, así como al aprendizaje del idioma “tagalo” o “tagalog”, base del filipino actual, para poder comunicarse con los nativos y educarlos en la fe cristiana. Esto le sirvió en su labor como sacerdote Misionero de Capas en 1831. En el Capítulo Provincial de la Orden de 1834, fue elegido Secretario Provincial de las Misiones de los Recoletos en las Filipinas. También se hizo cargo de la administración espiritual del pueblo Masinloc desde 1835 hasta 1843. Fue designado Prior Vocal de la parroquia de Baclayon y Vicario Foráneo de la provincia de Zambales en el capítulo de 1837. Tres años después, los Agustinos Recoletos lo nombraron Definidor de la Provincia de Manila, y en 1843 salió elegido Prior Provincial, mandato que le permitió revisar los Métodos de administración para los Padres Recoletos en las Filipinas, un texto que puede tratarse del gran éxito de su vida como misionero. 

Descrito como un honesto y respetable religioso, sus méritos en Filipinas llegaron a instancias de las autoridades civiles y a la alta jerarquía eclesiástica. De esta forma, la Reina Isabel II lo escogió para ocupar la sede metropolitana de Manila por Real Cédula de 16 de Noviembre de 1845, siendo preconizado el 19 de enero de 1846 por el Papa Gregorio XVI como Arzobispo de Manila y consagrado en la Iglesia de P.P. Recoletos de dicha ciudad el 31 de Enero de 1847.

Según los documentos revisados, su labor como arzobispo fue magnífica, dejando una importante serie de libros de Gobierno, así como una versión “tagala” sobre la doctrina cristiana, entre otros textos. Al mismo tiempo, se ocupó del Derecho canónico filipino y derecho público ultramarino, faceta por la que también es conocido. Igualmente, fue el responsable del establecimiento de las Hermanas de la Caridad en Filipinas en 1852 y de la fundación del Banco Español-Filipino en 1851, actual Banco Central de Filipinas.

Su lealtad a la corona española fue recompensada con la concesión de la Gran Cruz de Isabel la Católica, y con el nombramiento de senador vitalicio por Real Decreto de 19 de septiembre de 1951, aunque no lo llegó a aceptar. Tras caer enfermo, falleció en Manila el 18 de abril de 1861.


Retrato de D. José Julián Aranguren, arzobispo de Manila
Convento de Agustinos Recoletos. Marcilla


 

El lienzo que muestra al Padre Aranguren es de considerables dimensiones y se encuentra recortado en su parte baja, donde se incorpora la inscripción acreditativa sobre un pedazo de madera pintado: “El Excmo. Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. José Aranguren de Sn Agustín nació en la villa de Barasoain, diócesis de Pamplona, en Navarra, el día 16 de Febrero de 1801. Tomó el hábito de Agustino Recoleto el año de 1825 en el Colegio de Alfaro, en el que obtuvo el grado de lector y explicó Teología. El año de 1829 pasó a las Islas Filipinas, donde desempeñó los cargos de Misionero, Cura párroco y Vicario Foráneo, y siendo Provl. de su Orden, fue presentado por la Reina Dª. Isabel 2ª. para Arzobispo de Manila, preconizado en el Consistº. de 19 de Enero de 1846, consagrado en la Iglesia de P.P. Recoletos de dicha Ciudad el 31 de Enero de 1847. Murió el día 18 de Abril del año 1861”.

Retrato de D. José Julián Aranguren, arzobispo de Manila. Detalle

Por lo que respecta a la iconografía, presenta al arzobispo en tres cuartos, observando con expresión fría y reflexiva al espectador, portando en su cabeza un cerquillo postizo, es decir, una variedad de peluca que el Padre Aranguren utilizaba para disimular su calvicie. Está vestido de pontifical, con roquete, muceta negra y cruz pectoral, bendiciendo con la diestra, mientras sostiene el bonete con la mano izquierda. También, se aprecia la Gran Cruz de Isabel la Católica, a la que antes se ha hecho referencia, tanto a modo de venera sobre el pecho, como a modo de collar con su correspondiente banda, en colores amarillo oro y blanco. A su lado, sobre fondo neutro, se sitúa un bufete en el que descansan otros atributos episcopales como el palio, el báculo y la mitra, cuyo motivo decorativo central es el anagrama agustino. Por último, figura una cruz de altar con engarces de esmeraldas.

Retrato de D. José Julián Aranguren, arzobispo de Manila. Detalle
 

En la parte superior derecha de la composición se encuentra la heráldica del arzobispo Aranguren, acogida por el capelo y las veinte borlas, correspondientes a su dignidad. En él se aprecia una iglesia, quizás haciendo referencia a su condición de cabeza de la Iglesia en Filipinas; el emblema agustino, con el libro y el corazón inflamado atravesado por una flecha; de igual modo, figura un lirio, atributo de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, donde se inscribía el citado archipiélago. Todo ello se circunda con la leyenda en latín: “D. D. F. R. JOSEPH. ARANGUREN. ORDIN. DISC. P. N. AUGUST. ARCHIEP. MANILENCIS”.

 

Retrato de D. José Julián Aranguren, arzobispo de Manila. Detalle
 

En cuanto a la ejecución se refiere, la pintura no presenta gran calidad, apuntando más la autoría a un fraile agustino del propio convento aficionado a la pintura, algo habitual en esta colección de retratos, que a un artista profesional. Tampoco se aprecia firma alguna y es muy probable que de haberla habido, haya desaparecido, pues como se ha comentado, la composición fue mutilada en su parte inferior para engarzar la inscripción biográfica transcrita anteriormente.

A pesar de ello, el hallazgo de la fuente gráfica de origen filipino que inspiró la composición, una litografía divulgada por la publicación periódica titulada “Ilustración Filipina”, nos ofrece una fecha postquem (1860), situando la realización de la pintura en el tercer cuarto del siglo XIX. Se trata de una de las revistas más tempranas editadas en el archipiélago asiático. Aunque sobrevivió solo veinte meses y contó con cuarenta y cuatro números, destacaba por la presencia de grabados litográficos de gran calidad, acompañándose la tipografía de “los encantos del buril del artista”, que retrataron tanto la historia, como los paisajes y costumbres de sus habitantes.

 

Retrato de D. José Julián Aranguren, arzobispo de Manila
Litografía donde se inspiró el retrato pintado de Marcilla


La litografía, de grandes dimensiones (22 x 32 cm.), apareció en el penúltimo número de la revista (nº 23), el 1 de diciembre de 1860, unos pocos meses antes de la muerte del ilustre barasoaindarra. Repite exactamente el mismo esquema del lienzo explicado, tanto en la composición como en el rictus del arzobispo, por lo que resulta claro que éste fue inspirado en la incisión filipina. La principal diferencia es que el retrato de Marcilla se desarrolló en tres cuartos y se incorporaron los atributos episcopales sobre el bufete, si bien la litografía presenta una heráldica más desarrollada, incorporando la Gran Cruz de Isabel la Católica, así como también una variación, sustituyéndose la azucena por una estrella, atributo de San Nicolás de Tolentino. En ella también se deja entrever el capelo arzobispal a la espalda del retratado, algo que por otra parte no se aprecia en el lienzo, donde se sustituyó por el bonete. 

En este punto se ve necesario poner el valor a la fuente aquí descrita, ya que no se conservan fotografías del prelado, muy probablemente porque no las hubo, pues el primer establecimiento fotográfico de Filipinas que popularizó las tarjetas de visita fue fundado por el británico Albert Honnis en 1865. La litografía de la revista debió de circular a modo de fotografía, hecho que explica que un ejemplar, que se mantuvo en manos de su familia hasta bien entrado el siglo XX, se conserve hoy en el “Hogar Santa Elena” de su villa natal. También debió de llegar uno de ellos a la comunidad agustina, donde algún fraile aventajado se inspiró en ella para realizar la composición que hoy se preserva en el convento de Marcilla.

Afortunadamente, y como por otra parte es habitual, el grabado presenta marcas de autoría, que hacen referencia tanto al dibujante y al litógrafo, como al establecimiento donde se imprimió. El dibujo original fue realizado por Manuel Garrido, redactor literario y afamado periodista, especializado en el folklore y el costumbrismo filipino y caracterizado por un estilo afable y, en ocasiones, caricaturista. Colaboró en publicaciones de gran interés, como por ejemplo el Boletín Oficial de Filipinas o el Diario de Manila. El retrato del arzobispo Aranguren fue la única aportación del escritor a la revista. Por lo que respecta al grabador, se trata de Baltasar Giraudier, periodista y empresario catalán, autor de ocho de los dibujos y cincuenta y tres de las litografías publicadas en la revista. Probablemente formado con el alemán Jorge Oppel, primer litógrafo establecido en Manila en 1858, destacó más por su faceta como dibujante y grabador, que por sus escasas monografías y aportaciones literarias a publicaciones periódicas filipinas, destacando entre ellas el Diario de Manila, del que llegó a ser director.

Igualmente, se refleja en ella la imprenta donde vio la luz, que es la misma en la que se imprimía el resto de la publicación, la “Imprenta y Litografía de Ramírez y Giraudier”. Del último ya se han dado unas pinceladas; de su asociado e impresor copropietario, Manuel Ramírez poco se conoce. Tras su fallecimiento se mantuvo la denominación y razón social del establecimiento hasta 1887, cuando se desvinculó Giraudier, pasando a intitularse “Ramírez y Compañía”. Situada en la Calle del Beaterio, nº 10 de Manila, de sus prensas salieron publicaciones periódicas como el Diario de Manila, la Gaceta de Manila, la Revista de Filipinas o el Boletín de la Sociedad de Amigos del País, así como también más de un centenar de monografías, incluidos diccionarios, referentes a variados asuntos como: historia, geografía, costumbrismo, medicina, industria, comercio y religiosidad.
 

BIBLIOGRAFÍA
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- WENCESLAO RETANA, EMILIO, El periodismo filipino: Noticias para su historia (1811-1894) Apuntes bibliográficos, indicaciones biográficas, notas críticas, semblanzas, anécdotas, Madrid, Viuda de M. Minuesa de los Ríos, 1895.