MILAGRO DE SANTO DOMINGO EN SORIANO DE LAS CLARISAS DE ESTELLA
 

Pedro Luis Echeverría Goñi
Universidad del País Vasco

Se trata de un cuadro barroco de la primera mitad del siglo XVII en la fase inicial de la pintura del natural, en el que se advierten los primeros estudios lumínicos tenebristas. Este tema relata un milagro sucedido en 1530 en la iglesia del convento de Soriano en Calabria, entonces perteneciente al Reino de Nápoles. La aparición de la Virgen a un lego dominico con la imagen pintada de Santo Domingo, “traída del cielo” se produce en el interior de un templo de arquitectura clasicista, representándose esquemáticamente al fondo el ábside del altar mayor donde, según la visión, se debía colocar el cuadro. El sacristán Lorenzo de Grottería aparece arrodillado ante las “tres señoras de sublime aspecto”, que son la Virgen, Santa María Magdalena y Santa Catalina de Alejandría, sosteniendo esta última el lienzo de Santo Domingo de Guzmán. Nos encontramos ante el repetido artificio barroco del “cuadro dentro del cuadro”, que plasma la vera efigie del fundador de los dominicos, con una aureola refulgente a modo de nimbo, joven de rostro blanco y hermoso y barba clara, de “poco más de cinco palmos” de altura, vestido con el hábito blanquinegro de la orden y llevando como atributos la estrella sobre su frente, el libro y el ramo de azucenas en sus manos. La Virgen le enseña el cuadro ante la atenta mirada del hermano, en tanto que María Magdalena lo señala asimismo atrayendo la atención del espectador. La jerarquía espiritual de las tres mujeres queda bien representada, pues la Virgen se destaca con un resplandor sobre su cabeza que deslumbra, velo transparente, túnica roja y una vistosa cenefa de piedras contrahechas y perlas en su manto azul. Las dos santas, protectoras de la orden y que gozaron de gran devoción entre los dominicos, y se distinguen como reina en el caso de Santa Catalina por una corona, y como antigua mujer de vida pública en el de María Magdalena, por la cabellera rubia y suelta y un lujoso manto con brocados. Se dispone de espaldas, con el rostro casi de perfil y porta el pomo de perfumes decorado con flores con el que ungió a Cristo. 


Milagro de Santo Domingo en Soriano
Clarisas de Estella (hoy en Olite) 


 

Este cuadro deriva, como otros tantos del mismo tema en España y América, de un lienzo que pintó Juan Bautista Maíno para el convento dominico de Santo Tomás de Madrid en 1629. Para su composición se basó en una estampa italiana de la Entrega de la imagen, además de en copias de la imagen original de Soriano, traídas desde Calabria por fray Francisco Pinelo el año anterior. La versión del pintor dominico difería de la estampa italiana de la Colección Bertarelli de Milán, en la que son las tres mujeres quienes sostienen el lienzo y son otros tantos frailes los que asisten al prodigio. Como señalan Marías y De Carlos, “los Sorianos de Maíno –de los que se conservan tres- constituyen una pieza importante en el discurso teórico sobre la imagen sacra en el siglo XVII”. Desaparecida asimismo la versión del original que pintó Vicente Carducho para el convento de Santo Domingo el Real de Madrid, la conocemos gracias a un grabado que, a partir de el, hizo Pedro de Villafranca, con una leyenda que lo identifica como “RETRATO DE N. Pe SANTO DOMINGO DE SORIANO…”. En líneas generales repite canónicamente la composición anterior. La popularidad de esta iconografía se refleja en numerosos lienzos de pintores como Francisco de Zurbarán (lienzo del antiguo convento de San Pablo el Real de Sevilla de 1626), Juan del Castillo, Vicente Carducho, el dominico Juan Bautista Maíno, Pedro de Moya, Bartolomé Román, Diego Valentín Díaz, Antonio Pereda o Alonso Cano, entre otros. Repiten este esquema en Navarra con ligeras variantes otros cuadros del siglo XVII como los de los conventos de Santo Domingo en Pamplona (el de mejor factura con el retablo de la Encarnación pintado al fondo), clarisas de Olite y cistercienses de Tulebras y las parroquias de Cárcar, San Pedro de la Rua de Estella, procedente del antiguo convento de Santo Domingo, y Urdániz. 

El carácter milagrero del icono original “que hace Dios por esta pintura del Cielo” –en palabras de F. Pacheco- se extendió a cada una de las copias, aunque diferieran de la imagen de Soriano, creando devociones locales de gran arraigo entre los fieles. Un ejemplo ilustrativo lo encontramos en el convento de Santo Domingo de la ciudad del Ega, en el que en 1688 se nos dice que “La imagen de nuestro padre Santo Domingo, que es imagen del Soriano y la principal del altar mayor, consta por cuadros y velas que están colgados en la capilla mayor, ha obrado muchos milagros, y la devoción que con esta imagen tiene toda la comarca, es mucha”. En realidad, el cuadro relata la aparición de la Virgen y las otras dos santas al lego dominico con la entrega del verdadero retrato impreso de Santo Domingo al fraile del monasterio italiano. Es decir, constituye una síntesis plástica de las dos visiones que se sucedieron en dos días, con la “invención” o descubrimiento del “gran rollo de tela” que llevaba la Virgen bajo el brazo. Frente a los retratos del natural de los grandes fundadores de órdenes de la Contrarreforma como San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús, nos dice P.Civil que los dominicos probaron la autenticidad del retrato de su fundador por el carácter celestial de esta imagen, no ejecutada por mano de ningún pintor.


BIBLIOGRAFÍA
-COLLAR DE CÁCERES, F., “De arte y rito. Santo Domingo en Soriano en la pintura barroca madrileña”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte (U.A.M.), vol. XVII (2005), pp. 39-49.
-MARÍAS, F., y CARLOS VARONA, Mª de, “El arte de las “acciones que las figuras mueven”: Maíno, un pintor dominico entre Toledo y Madrid”, en RUIZ GÓMEZ, L. (ed.), Juan Bautista Maíno, 1581-1649, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2009, pp. 71-74.
-CARLOS VARONA, Mª de y otros, “Catálogo”, Santo Domingo en Soriano, pp. 172-177, nº 31 y 32, en RUIZ GÓMEZ, L. (ed.), Juan Bautista Maíno, 1581-1649, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2009, pp. 71-74.
-GOÑI GAZTAMBIDE, J., “Historia del convento de Santo Domingo de Estella”, Príncipe de Viana, nº 22, 1961, p. 57. Extracto de documentos pontificios, privilegios reales y concesiones particulares al convento de Santo Domingo de Estella.
-CIVIL, P., “Retratos milagreros y devoción popular en la España del siglo XVII (Santo Domingo y San Ignacio)”, AISO, Actas, V (1999), pp. 352-356
-AGÜERA ROS, J. C., “La pintura española foránea del XVII en Navarra: notas para un balance y estado de la cuestión”, Príncipe de Viana, nº. 198, (1993), pp. 30-31. Lo califica de cuadro anónimo de transición entre el manierismo reformado y el naturalismo de las primeras décadas del siglo XVII y de posible procedencia vallisoletana.