VISTAS ESTEREOSCÓPICAS DE NAVARRA, DE CELESTINO MARTÍNEZ LÓPEZ-CASTRO 
 

Félix Segura Urra
Archivo Real y General de Navarra


 

La colección de vistas estereoscópicas de Navarra, compuesta en la actualidad por 67 placas de vidrio y dos aparatos de visionado, constituye uno de los conjuntos fotográficos más singulares custodiados por el Archivo Real y General de Navarra. Su pasada celebridad, derivada de los ecos de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, se sintió durante décadas en el vestíbulo de la antigua sede del Archivo, donde los estereoscopios permanecieron expuestos y operativos para divertimento y curiosidad de investigadores y visitantes. A día de hoy, las incógnitas sobre su autoría y la valoración de su encaje en el discurso expositivo del Pabellón de Navarra merecen de unas breves precisiones.

La Diputación Foral designó un Comité para la organización de la participación navarra en la Exposición Iberoamericana en el que confluyeron una serie de ideas, proyectos e intereses intelectuales que situaron a la fotografía como herramienta fundamental para la transmisión de la imagen de modernización, dinamismo y riqueza patrimonial que se pretendía asociar con Navarra. En este sentido, entre las decisiones del Comité, dejando a un lado las más conocidas de tipo logístico, constructivo o expositivo con relación al Pabellón de Navarra, merece destacarse la edición de la Guía Turística de Navarra en 1929, de los blocs de postales “Navarra Artística”, del Catálogo del Pabellón de Navarra o las subvenciones que contribuyeron a la publicación de la Casa Navarra de Leoncio Urabayen y del Libro de Oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Algunos de estos proyectos procedían de un impulso previo protagonizado por el Comité Provincial de Turismo, que desde 1921 venía actuando bajo el patronato de la Diputación Foral.

Este programa icónico ideado por el Comité, de mayor alcance, pudo vislumbrarse en el propio discurso expositivo que, con carácter temporal y efímero, quedó plasmado en el Pabellón de Navarra a través de una variada colección de fotografías de paisajes, monumentos, costumbrismo y trajes de Navarra. La decisión de adoptar la fotografía como elemento expositivo fue una apuesta específica del Comité, en el que cabría valorar la posición de su presidente y de su secretario, el diputado foral Francisco Javier Arraiza y el archivero provincial José María de Huarte y de Jáuregui, respectivamente. Respecto a este último, baste recordar su actuación como secretario de la Comisión del Traje Regional que en 1924 encargó a José Roldán las fotografías para la Exposición del Traje Regional, así como su posterior interlocución con las principales estudios de fotografía barceloneses para la edición de las mencionadas postales –estudio de Lucien Roisin– o incluso en 1932 como secretario del Consejo de Cultura de Navarra para la adquisición de un importante lote de fotografías –Arxiu Mas– que completaron las ya compradas en 1916 en lo que llegó a denominarse el “Repertorio Iconográfico de Navarra”.
 

Sartaguda. Barca en el Ebro
 

Las fotografías destinadas al Pabellón de Navarra en Sevilla, configurado como un auténtico escaparate de la provincia, quedaron expuestas en la segunda de sus tres salas principales. En su interior, la sección dedicada a Agricultura incorporó una breve selección de imágenes costumbristas de José Roldán procedentes de la Exposición del Traje Regional celebrada en 1925. La sección dedicada a Turismo quedó integrada en su totalidad por la colección de vistas estereoscópicas de monumentos, arqueología y paisajes de Navarra encargada a Celestino Martínez López-Castro, originalmente formada por 150 placas de vidrio con sus tres aparatos estereoscópicos.

Celestino Martínez López-Castro era un fotógrafo aficionado de origen tudelano y de profesión militar. En la época en la que recibió el encargo de la Comisión de Navarra ya era conocido por su importante colección fotográfica privada. Como ocurre con otros tantos fotógrafos aficionados, nunca formó parte del elenco de autores fundamentales para el desarrollo de la fotografía navarra, pero fue un activo partícipe de la misma. La designación de un fotógrafo aficionado para ilustrar la imagen de Navarra pudo deberse a ciertas conexiones personales con los miembros del Comité. Celestino Martínez López-Castro era en aquél momento capitán de infantería del regimiento de la Constitución, pero también lo había sido del regimiento de Cantabria y previamente había pertenecido a la guarnición de Pamplona. No en vano, su interlocutor en todo momento fue el secretario del Comité, José María de Huarte y de Jáuregui, como buen militar –concretamente oficial de artillería– y gran conocedor del coleccionismo privado navarro.

 

Olite. Castillo Real. Vista general 
 

La versatilidad de la colección de Celestino Martínez López-Castro actuó en consonancia con el destino y público al que su exhibición fue dirigida. El conjunto reunía una doble faceta, el testimonio figurativo de la riqueza patrimonial y paisajística de Navarra combinada con el formato de visualización, de carácter interactivo, un verdadero pasatiempo que exigía al espectador implicarse en la puesta en movimiento de los artefactos. Como es sabido, esta técnica reunía en cada placa de vidrio dos imágenes de una misma escena tomadas con un ángulo diferente para cada ojo, de manera que a la vista del aparato estereoscópico las imágenes se fundían en una sola provocando una sensación de relieve. Los aparatos fueron adquiridos a una casa parisina, pero no estuvieron disponibles para la inauguración de la Exposición, que tuvo lugar el 9 de mayo de 1929. Llegaron unos días más tarde, con minuciosas instrucciones de Celestino Martínez López-Castro sobre su manejo y las condiciones lumínicas de visionado.

La colección de vistas estereoscópicas reunieron imágenes de monumentos y paisajes de Pamplona, Sangüesa, Irurzun, el paso de Osquía, la ermita de Eunate, Arteta –50 placas destinadas al primer aparato– Estella, el monasterio de Iranzu, Roncal, Isaba, Tudela, la foz de Lumbier, Gazólaz –50 placas destinadas al segundo aparato– el monasterio de La Oliva, Baztán, Javier, Sartaguda, Puente la Reina, Araquil, Eugui, Erro, Burguete, Roncesvalles, Salazar, Olite y los panteones reales de Nájera y de San Isidoro de León –50 placas destinadas al tercer aparato–.
 

Gazólaz. Claustro románico en la parroquia 
 



Ruinas del Monasterio de Iranzu. Claustro ojival 
Baztán. Cosechando el heno 

La exhibición de vistas estereoscópicas en el Pabellón de Navarra supuso la integración de la fotografía documental y propagandística, revestida por cierto grado de entretenimiento, en la mayor exposición de patrimonio, arte y progreso navarro celebrada hasta la fecha. Una contribución complementaria, aunque sin duda más modesta en cuanto a su finalidad, de los conocidos repertorios fotográficos de significación patrimonial realizados en las primeras décadas del siglo XX y que también habían incluido a Navarra, como el Catálogo Monumental de España con los tres tomos dedicados al Catálogo Monumental y Artístico de la Provincia de Navarra, realizado entre 1916 y 1918 por Cristóbal de Castro –con fotografías de Lacoste, Altadill, Etayo, Roldán, Pliego, Mena, o el P. Pedro de Madrid–, o el coetáneo Catálogo Monumental de España iniciado en 1928 bajo el impulso del Patronato Nacional de Turismo y que en lo relativo a Navarra incluyó fotografías de Arxiu Mas, Lladó, Galle y Mena.

En la actualidad, en el marco de los fondos fotográficos del Archivo Real y General de Navarra, la colección de vistas estereoscópicas de Celestino Martínez López-Castro, pese a su fragmentación, constituye uno de los testimonios de la fotografía no profesional más antiguos que se custodian, junto con el fondo fotográfico de otro ilustre militar y gran fotógrafo aficionado, Julio Altadill.