EL CAPITEL DE SAN MARTÍN DE UNX DEL MUSEO DE NAVARRA

Francisco Javier Zubiaur Carreño
Museo de Navarra

Los estudios sobre los grandes estilos dominantes en el Occidente europeo reparan en los últimos tiempos en piezas sueltas, fuera de su posición original, que en ocasiones fueron reaprovechadas en nuevas construcciones y menospreciadas por los historiadores por la dificultad de su interpretación. Es el caso de modillones, estelas o capiteles, que se erigen en testimonios de gran valor cuando su cronología puede retrotraerse hasta épocas oscuras de la Historia, donde todo testimonio documental es bien venido para esclarecer el pasado.

Trataremos ahora de un capitel de columna conservado por el Museo de Navarra y expuesto en una de sus salas, que ha pasado sus días, desde que ingresara un 12 de noviembre de 1954, relativamente desapercibido. El haber sido hallado durante unas operaciones de ondalán(plantación de viña) en el término de Santa Cruz de la villa navarra de San Martín de Unx, en torno a 1939, por el vecino Benito Domeño Valencia, explica su origen que ha estado poco claro hasta el momento, por ignorarse el lugar exacto de su hallazgo, que ha podido determinarse gracias a las informaciones facilitadas por el hijo de su descubridor, Jesús Domeño Lerga, con la intermediación de Carmelo Leoz Floristán. El entonces párroco de la localidad, D. Juan Ollo, fue quien aconsejó su entrega a la Diputación Foral de Navarra, que lo guardó en la Cámara de Comptos hasta la apertura del Museo de Navarra en 1956. La inexistencia del Museo en aquella época explica que no se guardaran otros datos de la pieza, por lo que el número de su inventario actual no se corresponde con el de la época de su incorporación. Su cronología se atribuyó entonces al siglo XII, correspondiente al románico pleno.

Se trata de un capitel exento que presenta forma tronco piramidal invertida con los ángulos achaflanados ligeramente cóncavos. Se ha trabajado con talla a bisel e incisión sobre piedra arenisca de grano fino y color ocre de 22 x 29 x 31 cm. Las dimensiones de sus partes son las siguientes: collarín de 1 cm. de altura y 21 cm. de diámetro; tambor de 14 cm. de altura y 75/108 cm. de diámetro; y ábaco de 5 x 29,3 x 31 cm. La profundidad de su relieve oscila entre los 3,5/13 mm. En cuanto al collarín, para ser más precisos, hay que decir que se compone de tres anillos superpuestos de alturas parecidas: uno liso –el ya descrito- de 1 cm., otro sogueado encima de éste y un tercero superior, liso, ambos de 2 cm.


Secuencia del capitel de San Martín de Unx
Museo de Navarra
Fotografías: Jaime Zubiaur Beguiristáin

Fue descubierto al profundizar en tierra unos 70 cm. para convertir un antiguo olivar en viña, sobre un montículo de la finca entonces propiedad de Ignacio Muruzábal. Santa Cruz es un término situado al SOE. de San Martín de Unx, en equidistancia con las demarcaciones de Ujué (E.), Beire (S.) y Olite (OE.), dentro de un área plenamente romanizada en tiempos antiguos. A lo largo del tiempo se han producido en este lugar diferentes hallazgos arqueológicos de época romana, alguno de los cuales, dos aras votivas, fueron trasladadas al Museo de Navarra. El término seguramente estaba comunicado por un ramal secundario de la calzada que procedente de Caesaraugusta (Zaragoza) llevaba a Pompelo (Pamplona) por Segia(Ejea de los Caballeros), Terracha (¿Sádaba?) y Cara (Santacara), importante nudo de comunicaciones a escasos 15 km al S. de San Martín de Unx. Siempre se ha considerado en la villa que el nombre de Santa Cruz podía deberse a la existencia de una pequeña iglesia erigida sobre algún fundus romano de época pagana. Sin embargo, esta posibilidad no ha sido corroborada por las excavaciones arqueológicas realizadas por la especialista en romano María Luisa García, en 1997, ni por las prospecciones de la empresa Olcairum con motivo de la ejecución del Inventario Arqueológico de Navarra, en 2004, ni posteriormente por las que se realizaron en 2010 con motivo del trazado del Canal de Navarra por dicho término. No obstante quedó plenamente demostrada la existencia de una “amplia y lujosa” villa romana cuya cronología debió extenderse entre el siglo I a. de C. (fines del periodo republicano) al III d. C. (alto imperio), con una prolongación del asentamiento humano en época medieval. 

Por Santa Cruz, situado a una altitud entre 460 y 475 m., se extienden las tierras más feraces del término municipal, zona de pastos, cereal, viña y olivar, habiendo canteras a unos 400 m. al N. con restos de piedra sillar, que ofrecían condiciones de explotación en el pasado. De suyo, según M. L. García, el soporte económico de esta villa romana fue agrícola y debió poseer una zona residencial para el dominus, a juzgar por los restos de basas y fustes de columnas aparecidos. La extensión del yacimiento, situado en ladera, con dimensiones de 350 x 190 m., debió ocupar una superficie de 66.500 m2. Según informa R. Jimeno, el hagiotopónimo Santa Cruz se extiende en la Cuenca de Pamplona, zona no tan distante del lugar del hallazgo, a partir del siglo VI.

La suposición de un templo cristiano sobre este solar pre-cristiano puede haberse confundido con la erección de alguna cruz protectora para conjurar los nublados o mover a piedad. En el propio término de San Martín, existen otros topónimos alusivos al signo cristiano: el lugar llamado Cruz de Piedra y el Alto de la Crucica, señalado con una estela, desde donde los naturales rezan una salve a la Virgen de Ujué. 

El capitel apenas ha contado con referencias escritas hasta ahora. Según J. Gudiol, que lo calificó de “interesante”, este tipo de capitel cúbico con cuatro amplias hojas en los ángulos es un modelo arcaico corriente. “Sus cuatro hojas –escribió en 1944- enmarcan figuras geométricas entre las que apuntan incipientes las simétricas espirales; líneas onduladas, sogueados y sucesiones de triángulos contrapuestos completan la decoración de este capitel que, a juicio de Gómez Moreno, enlaza con Leyre lo decorativo asturiano”. Posteriormente, J. E. Uranga y F. Íñiguez, al sintetizar el arte navarro medieval, lo situaron dentro de lo que llamaron piezas de acarreo, que relacionaron con el influjo asturiano en tierras navarras en cuanto al tipo de decoración ya descrita.

Partiendo de tales supuestos, quisimos confirmar la estimación de estos historiadores buscando paralelos estructurales y decorativos del capitel que confirmaran su adscripción al arte prerrománico peninsular (o “protorrománico” en expresión de M. Gómez Moreno), más específicamente asturiano. Así dimos con ciertas características parecidas en un capitel de San Adriano de Tuñón, decorado con grandes surcos y línea quebrada incisa, en otros de la sacristía de la iglesia de San Salvador de Deva, semejantes en formato y esquematización decorativa, en los de San Salvador de Valdediós y de Priesca con palmetas en sus ángulos cóncavos, o aquellos de Santa Cristina de Lena y Santa María de Naranco, que emplean la estructura triangular con líneas de sogueados para ordenar la decoración. Todos ellos fueron datados entre fines del siglo IX y principios del X, estilísticamente dentro del prerrománico asturiano, pero en comparación con el nuestro carecen de su primitivismo.
Prosiguiendo la línea de investigación marcada, el siguiente paso fue considerar los posibles paralelos con San Salvador de Leire. Las excavaciones arqueológicas dirigidas por F. Íñiguez en la iglesia de este monasterio, situado en el corazón de la Navarra nuclear, han confirmado la existencia en ella de una estructura arquitectónica primitiva del siglo IX, prolongada en el reinado de Sancho el Mayor (1.000-1.035) y culminada a la terminación del reinado de García el de Nájera (1.035-1.054), puesto que como templo se consagra en 1.057, que se corresponde con la cabecera, torre y cripta del conjunto monástico, soportada ésta por grandes capiteles de sencilla decoración, pero evidente diferencia de tamaño. Los de la cripta de Leire están decorados con profundos surcos y volutas arrolladas en espiral, en bajorrelieve, de recuerdo visigótico, que en los capiteles de la iglesia se combinan con triángulos de aspecto igualmente sumario buscando la simetría con ruda ejecución. Este tipo de talla tosca es característica del arte escultórico previo a la difusión del Camino de Peregrinación, protegido y consolidado por Sancho el Mayor, por lo que estaríamos ante un ejecutor de maneras “arcaicas”, según opina J. Gudiol.

Si nos referimos a un contexto geográfico más amplio, los paralelos más significativos se hallaron en las similitudes estructurales del capitel de San Martín de Unx con la de los capiteles de la capilla funeraria de los Santos Fabián y Sebastián en la localidad suiza de Ascona, cerca de Locarno (cantón de Ticino), referidas a la forma tronco piramidal invertida del capitel en inseparable conjunto con su ábaco, y es de destacar también en un capitel de la iglesia de San Martín de Sonvico un caso parecido en cuanto a decoración en forma de capullo del que salen dos volutas cuyos extremos se enrollan en espiral, dejando en el hueco central resultante un triángulo, tal como sucede en las caras de uno de los capiteles de la cripta de San Salvador de Leire –en éste de ejecución más ruda- y en dos lados del de San Martín de Unx, aunque en él la ornamentación tienda a abstraerse. Los capiteles suizos objeto de comparación son estimados por K. Roth-Rubi como de estirpe carolingia y se datarían a mediados del siglo IX o segunda parte de esta centuria. Sin embargo, este esquema decorativo-compositivo es de mayor antigüedad, hallándose en las pilastras de la llamada Tumba de los Relieves Pintados de la necrópolis de Caere Vetus (actual Cerveteri, provincia de Roma), pertenecientes a la cultura etrusca del siglo III a. C.; se pudo rastrear también en el arte paleocristiano copto del Egipto de los siglos V-VI de nuestra era y en el arte carolingio (Oratorio de Saint Germiny-des-Prés, principios del IX) con perduración comprobada en el primer románico, gracias al sincretismo que caracteriza a este estilo que fusiona caracteres de los estilos precedentes, y, en concreto, hereda un tipo de capitel en origen corintio que con el tiempo, a partir del siglo IV, debido a la aparición de talleres locales de libre producción lejos de los modelos oficiales, va perdiendo los referentes de sus cánones originarios.

Si consideramos el contexto del yacimiento arqueológico donde fue hallado el capitel, en tanto no se descubran restos de la hipotética iglesia de Santa Cruz de que habla la tradición, que quizás obligasen a revisar nuestra valoración, hemos de convenir que el capitel que estudiamos pertenece al contexto romano, pues como destaca J. A. Domingo Magaña en su catálogo de capiteles tardorromanos y visigodos de la península ibérica, el esquematismo progresivo de los motivos decorativos resulta tanto más antiguo cuanto más ahondemos en el tiempo. No obstante, es obvio que el capitel de San Martín de Unx comparte las características que M. Bango Torviso atribuye a la escultura altomedieval, como labra a bisel, tendencia del capitel a la forma cúbica y del ábaco al bloque prismático, decoración sumaria –hasta extremos casi abstractos- inspiración ecléctica del ejecutor y fuerza de una tradición local, lo que retrotraería su datación del supuesto siglo XII hasta época altomedieval dentro de una secuencia cronológica que iría desde el siglo IV al IX de nuestra era.

Por consiguiente, no compartimos la expresión de M. Gómez Moreno, reafirmada por J. E. Uranga y F. Íñiguez, de que el capitel de San Martín de Unx “enlaza con Leyre lo decorativo asturiano”, ya que las características formales y decorativas de este capitel no le vienen del estilo prerrománico sino del romano evolucionado, que son las que informarán, junto a otras influencias llegadas del arte paleocristiano, bizantino, visigodo, carolingio, germánico y mozárabe el arte románico pleno, de inspiración cristiana y dimensión europea.

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