EL RETABLO MAYOR DE LA PARROQUIA DE EGUIARRETA 
 

María Josefa Tarifa Castilla
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

La iglesia parroquial de Santa María de Eguiarreta está presidida por un retablo mayor dedicado a San Pedro, de estilo renacentista, una obra mixta formada por escenas pictóricas y tallas de escultura que en 2010 ha sido restaurado gracias a la financiación del Departamento de Cultura y Turismo-Institución Príncipe de Viana, devolviendo al retablo parte de su esplendor originario, recuperando el colorido de las tablas de pintura del siglo XVI, lo que nos ha permitido apreciar con mayor precisión la calidad y estilo pictórico del mismo, si bien tanto en la mazonería como en las tallas de madera se ha mantenido el dorado y policromía que se le aplicó en 1909 por Florentino Istúriz.

El retablo fue documentado en 1966 por Jimeno Jurío, cuya labor de talla y mazonería corrió a cargo de Juan de Landa, ensamblador afincado en Villanueva de Araquil, quien para octubre de 1540 había realizado la arquitectura del mueble, que todavía estaba en blanco. Meses después, el 1 de enero de 1541, se le encargaron seis imágenes de bulto para el mismo retablo, especificando que una de ellas debía de ser de la Virgen María con el Niño. La obra estuvo concluida para 1548, siendo tasada en 162 ducados. A este trabajo de Landa se suman por los mismos años la ejecución de los retablos de Ichaso, Udabe, Beramendi (desaparecido), y Villanueva de Yerri, éste junto a su suegro Miguel Marsal, concluidos para 1545.

Fruto del trabajo de Landa resultó la traza arquitectónica del retablo de Eguiarreta, que se asienta sobre un sotabanco que arranca del suelo, finamente labrado con grutescos sin policromar, al que sucede el banco, tres cuerpos de cinco calles y ático de tres calles, rematada la central con frontón triangular. Los dos primeros cuerpos cobijan bajo hornacinas aveneradas esculturas de San Antón Abad, grupo del Santo Entierrro, Santa Ana, la Virgen y el Niño, y Santa Catalina, sucediéndose en el segundo nivel las figuras de un santo obispo, San Miguel Arcángel, el titular San Pedro en cátedra, San José con el Niño (barroco) y San Pablo, quedando el retablo rematado en la escena central del ático con el grupo del Calvario. Desde un primer momento el retablo incluyó en la traza renacentista del primer cuerpo un espacio en el lateral del Evangelio destinado a sagrario para recoger las Especies Eucarísticas. Con posterioridad, en 1640, de acuerdo a las directrices tridentinas, se colocó en medio del altar un nuevo sagrario realizado por Francisco de Olmos, entallador y Juan y Antón de las Heras, pintores, vecinos de Asiáin, que no ha llegado hasta nuestros días, espacio que en la actualidad permanece vacío.
 

Retablo mayor de Eguiarreta. 
Juan de Landa y Ramón de Oscáriz. Mediados siglo XVI. Foto: Antelan S.L.

 

Una vez concluida la mazonería y parte escultórica del retablo, se encargaron las siete tablas pictóricas que conforman el mismo al pintor Ramón de Oscáriz, vecino de Pamplona, quien por la consulta de los libros de cuentas parroquiales sabemos que ya estaba trabajando para el 5 de noviembre de 1550, frente a la fecha dada hasta el momento de 1551, trabajo que concluyó en 1553, ocupándose también de dorar la arquitectura del retablo, siendo valorada toda su labor en 269 ducados y 3 reales y medio. Por tanto, hasta el momento es la primera obra documentada del autor, que ya fue atribuida a este artista por Pedro Navascués en 1965, y documentada por Jimero Jurío un año después. En lo que respecta a la iconografía de las siete tablas representadas, Oscáriz muestra preferencia desde un principio por los santos y santas emparejados, como San Francisco y Santo Domingo, San Fermín y San Babil, Santa Brígida y Santa Marina, Santa Lucía y Santa Bárbara, a los que suma episodios de la vida de San Pedro y San Pablo, como sus martirios, milagro de ambos ante el emperador Nerón y la escena del Quo Vadis, temas que tratará en otros retablos navarros. 

Ramón de Oscáriz es la figura principal de uno de los talleres pamploneses más importantes de la segunda mitad del siglo XVI, como estudió García Gainza, cuyo estilo pictórico se desenvuelve entre la tradición gótica hispanoflamenca propia del primer tercio del Quinientos y las nuevas corrientes italianas importadas a mediados del mismo. El paisaje es un ingrediente flamenco en la pintura de Oscáriz. En él los primeros términos se pintan pedregosos, salpicados de piedras ovaladas de regular tamaño, junto a las que crecen pequeñas hierbas de variados tipos, como apreciamos en la tabla de los martirios de San Pedro y San Pablo de Eguiarreta, mientras los fondos nos presentan paisajes profundos y verdes con frondosas vegetaciones cubiertos por celajes a base de estratos horizontales que son en su parte más alta nocturnos. 

Muy del gusto del pintor son también las arquitecturas que comparten sin excepción el fondo con el paisaje. Con frecuencia contemplamos una ciudad amurallada con sus almenas y edificios, entre los que aparece una torre circular formada por dos pisos de arquerías y cubierta por un chapitel cónico rematado en afilada aguja, como ejemplifican las escenas del Milagro de San Pedro y San Pablo ante Nerón, el Martirio de San Pedro y San Pablo y la Aparición de Cristo a San Pedro en Roma o Quo Vadis.

La consulta de estampas italianas justifica los marcos de representación con nichales, galerías o patios con arquerías de medio punto y columnas clásicas con las que el pintor obtiene perspectiva, como es buen ejemplo de ello la tabla de San Francisco de Asís y Santo Domingo, en la que Oscáriz coloca a ambos santos sobre un embaldosado dispuesto en damero y enmarcados por una fantástica arquitectura clasicista de fondo, un patio cuadrangular formado por un alto pedestal sobre el que apean columnas marmóreas de fuste rosáceo y capitel dorado clásico, sobre las que descansan arcos de medio punto, que a su vez dan paso a un segundo cuerpo articulado por una sencilla barandilla abalaustrada.

Detalle del martirio de San Pedro y San Pablo. 
Ramón de Oscáriz. (1550-1553). Foto: Antelan S.L

Finalmente, llamamos la atención sobre la tabla que ha sido interpretada hasta el momento como el Milagro de San Pedro y San Pablo expulsando los demonios del cuerpo de un poseído, en presencia del emperador Nerón. A nuestro parecer, la escena representa otro de los episodios de la vida de San Pedro y San Pablo, que también tuvo lugar ante la presencia del emperador Nerón y en la ciudad de Roma, cuando dichos apóstoles se enfrentaron a Simón el Mago por los engaños que éste hacía a la gente. Simón, en venganza y para ultrajar a los cristianos, convocó al pueblo romano para que fuesen testigos de su ascenso al cielo, y tras subirse a una torre muy alta se tiró al vacío y salió volando, todo ello ante la presencia de Nerón. Entonces San Pablo se puso a rezar y San Pedro ordenó a los demonios que soltasen a Simón, quien inmediatamente dejó de estar suspendido en el aire y cayó al suelo falleciendo al instante. Éste es el episodio que a nuestro parecer recoge la tabla de Eguiarreta, con el cuerpo sin vida de Simón en el suelo, dibujando un marcado escorzo que proporciona profundidad a la escena, a la vez que San Pedro y San Pablo dirigen su mirada y señalan a las bestias inmundas posadas en el cielo que todavía hacen el gesto de haber sostenido al Mago, ante la furiosa mirada de Nerón.

En este episodio apreciamos otro de los rasgos característicos del estilo pictórico de Oscáriz de raigambre flamenca, como es el detallismo por las joyas y por los bordados y los aspectos nimios del ropaje. El pintor gusta vestir a sus personajes con ricas telas y pieles, como los brocados, algunos de tonos amarillentos que imitan el oro de los pintores hispanoflamencos, según apreciamos también en el episodio el martirio de San Pedro, similares a las vestimentas que portan los Reyes Magos en la tabla de la Epifanía del retablo mayor de Inza, la escena de la aparición del arcángel San Miguel a San Gregorio del retablo mayor de Cía, o escenas de la vida de San Juan Bautista del retablo de Setuain. 

BIBLIOGRAFÍA
NAVASCUÉS Y DE PALACIO, P., “Ramón de Oscáriz, pintor navarro del siglo XVI”, Príncipe de Viana, nº 98-99, t. XXVI, (1965), pp. 103-106.
JIMENO JURÍO, J.M., “Autores y fechas del retablo de Eguiarreta (Araquil)”, Príncipe de Viana, t. XXXVII, (1966), pp. 227-228.
GARCÍA GAINZA, M.C., “Los Oscáriz, una familia de pintores navarros del siglo XVI”, Príncipe de Viana, t. XXX, nº. 114 y 115, (1969), pp. 5-52.
TARIFA CASTILLA, M.J., “Una nueva atribución al taller pictórico de los Oscáriz: el retablo mayor de Inza”, Príncipe de Viana, nº 244, (2008), pp. 271-310.