UN LIENZO DEL CRISTO DEL RESCATE DE VALENCIA EN TUDELA

Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

En la escalera del palacio de los marqueses de Huarte de Tudela –hoy biblioteca y archivo municipal de la ciudad-, cuelga, junto a otros lienzos procedentes de parroquias y conventos de la capital de la Ribera, una curiosa pintura que narra la historia particular de una venerada imagen del levante español. 

Según inventarios conservados en el Archivo del Ayuntamiento de Tudela, procede del desaparecido convento de San Antón de la misma ciudad, según atestigua una relación de bienes de aquella institución datada en 1791.

Se trata de la historia del Cristo del Rescate que recibió culto secular desde 1539 en el desaparecido convento de agustinas de San José y Santa Tecla y actualmente se encuentra en la parroquia de San Esteban de Valencia.

La pintura (232 x 173 cms.), con evidentes connotaciones de descripción y narrativismo, pertenece a las décadas centrales del siglo XVII. Narra la adquisición de una escultura en tierras musulmanas del norte de África por parte de un cristiano en sucesivas partes a lo largo de la composición. Al fondo aparece una hoguera en la que se iba a destrozar y quemar la talla, en el centro el peso y a venta de la escultura y en la parte inferior los caballeros cristianos Pedro y Andrés de Medina que observan el milagro de la balanza que no admite “ni más ni menos” que las treinta monedas de plata, ya que se había acordado que se les daría el Crucificado a los hermanos Medina por su peso en monedas argénteas.
 

"Lienzo del Cristo del Rescate de Valencia". Siglo XVII
Palacio de los Marqueses de Huarte. Tudela 


 

Una inscripción en parte inferior derecha nos ayuda a identificar el tema y la historia narrada : “POR TREINTA REALES BENDIO / JUDAS A CRISTO SAGRADO / OTROS TREINTA REALES A PESADO / A OTRO JUDAS. QUE QUEDÓ / UN CRISTIANO LE COMPRO / A PESO DENTRO DE ARGEL / PORQUE EN EL FUEGO CRUEL / NO SE CONSUMIESE SU ECHURA / DE CUYA SANTA FIGURA (....) / EN VALENCIA ES SU FIEL”.

Se trata de una pintura muy interesante desde el punto de vista antropológico, exponente de una cultura con una religiosidad exaltada, en la que lo prodigioso y lo maravillosista se unían con los poderes eclesiástico y civil para mantener el principio de unidad religiosa en torno al catolicismo. Al respecto y, aunque en relación con los judíos, hay que mencionar otra curiosa historia, la del Cristo de la Paciencia de los Capuchinos de Madrid, tan divulgada en escritos y en estampas en el Seiscientos.

La escasa calidad artística del lienzo se compensa por los detalles de todo tipo que se dejan ver en la pintura: trajes, actitudes, rostros, peso, tocados y de modo especial en los gorros propios de la figura del “malo” en los verdugos de martirios y en los soldados de Herodes de los belenes. Los paralelismo entre el Judas bíblico y el “Nuevo Judas” quedan patentes en la inscripción que atestitua y da fe de las intenciones adoctrinadoras del cuadro.

El Cristo se conocía en Valencia como el Cristo del Rescate y recibía culto en el desaparecido convento de agustinas de San José y Santa Tecla (hoy en Picasent), hasta que fue trasladado a la parroquia de San Esteban. 

La historia de la imagen del Cristo del Rescate fue muy conocida en su tiempo. Según el relato oral y escrito recogido en la tradición, a comienzos del siglo XVI, los piratas de Argel abordaron en el Mediterráneo un barco que se dirigía a Barcelona apoderadonse del cargamento y de la tripulación. Los tripulantes fueron vendidos como esclavos en el mercado de Argel y entre el cargamento incautado se encontraba la imagen de Madera tallada de un Cristo Crucificado. Los piratas echaron al fuego la talla de Cristo y llenos de sorpresa vieron cómo el fuego no consumía la madera. 

En Argel se encontraban, en aquellos momentos, los hermanos Pedro y Andrés de Medina negociando la liberación de una hermana suya que años atras habia sido raptada en un ataque de piratas en la costa valenciana. Enterados los hermanos del milagro ocurrido con el Cristo, se personaron delante del jefe pirata con la intención de pagar un rescate por la imagen. Acordaron que el precio del rescate sería el peso de la talla en monedas de plata. Colocado el Crucifijo en una balanza, nuevamente se obró un milagro, porque el plato del peso sólo admitía treinta monedas de plata, ni una mas, por lo que el pirata, muy a su pesar, tuvo que entregar la imagen a los hermanos Medina que embarcaron rumbo a Valencia. Aún antes de salir de aquellas tierras se produjo otro milagro y es que el barco que los tenía que conducir de regreso no avanzaba, y es que a la figura de Cristo le faltaba un dedo y sólo cuando recuperaron el dedo y se lo colocaron a la imagen, el barco pudo echarse a la mar. De la hermana de los Medina nunca mas se supo ya que no consiguieron liberarla. La imagen llegó a Valencia en 1539.

Por desgracia, numerosas piezas de este tipo, bien de relatos milagrosos, exvotos o trampantojos a lo divino se han ido perdiendo o destruyendo, privándonos de elementos nada despreciables para comprender el pasado. Una vez identificado el contenido del cuadro falta aún saber cómo llegó a Tudela y otros datos como el hipotético culto que pudo recibir en la ciudad y la ubicación exacta que tenía en el convento de los Antonianos.