CUADRO RELICARIO

Pilar Andueza Unanua
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Esta pieza, perteneciente al convento de las Madres Agustinas Recoletas de Pamplona, es un magnífico exponente de la religiosidad, la fe y las devociones que caracterizaron a la sociedad del Antiguo Régimen. Se trata de un cuadro relicario rectangular con marco de madera negra y apliques tallados con decoración vegetal y policromía dorada (40,5 x 35 x 6 cms.). Su interior, sobre seda color salmón, contiene en el centro una pequeña escultura de marfil de San Sebastián, en torno al que, enmarcándolo, se sitúan las vestigia de cuatro santos: San Prudencio, San Vital, San Claudio y Santa Margarita. Sus huesos, decorados en sus extremos con pasamanerías, lentejuelas e hilos metálicos, se identifican, como es habitual en este tipo de piezas, merced a las vitelas escritas de puño en letra capital con tinta negra. Este cuadro relicario completa su composición, perfectamente simétrica, con cuatro Agnus Dei situados en los ángulos, de los que cabe reseñar su perfecto estado de conservación. Una decoración realizada con técnica y materiales mixtos a base de aljofares, hilos y flores metálicas, pasamanerías, galones y cristales de colores se distribuye profusa y abundantemente, inundando prácticamente todo el fondo, cuyo perímetro queda enmarcado por un galón dorado.

El Agnus Dei es un medallón con forma oval ejecutado en cera blanca, en su origen procedente de cirio pascual, mezclada con los santos óleos y agua bendita, que los Papas emitieron en Roma desde la Antigüedad hasta prácticamente el siglo XX. Vaciados desde el siglo XVII en moldes de dos caras -anteriormente sólo en una-, en su anverso figura siempre un relieve del Cordero de Dios, bien recostado, bien de pie, con cruz y estardarte sobre el libro de los Siete Sellos. Rodea siempre la imagen una inscripción que reza: Ecce Agnus Dei qui tolli pecata mundi, así como el nombre del Papa que lo consagró, acompañado del año en que se hizo, la cronología de su pontificado y su emblema heráldico. Ya en el reverso se sitúa la imagen de un santo o alguna devoción mariana. En el caso que nos ocupa los dos ejemplares de la parte superior muestran su anverso, con el nombre del Papa Clemente VII, en tanto los dos situados en los ángulos inferiores lucen la imagen de la Virgen con el Niño, pues son el reverso.

Su condición de objeto consagrado hizo que los Agnus Dei fueran piezas muy preciadas y codiciadas entre los fieles cristianos dado su carácter protector frente a males que pudieran afectar al alma, al cuerpo o a sus casas. E incluso su valor fue tal que se llegó a su falsificación y comercio ilícito, como lo atestiguan las disposiciones de excomunión promulgadas por varios pontífices.


Cuadro relicario. Conjunto

 

Por su parte la devoción de los cristianos a los santos y en consecuencia hacia sus reliquias hunde sus raíces en los inicios del Cristianismo. No obstante, el Concilio de Trento y su decreto sobre imágenes y reliquias de santos, emanada como respuesta al repudio que de ellas hacían los protestantes, supuso un fuerte respaldo hacia su invocación y veneración por todo el orbe católico. Las reliquias se convirtieron de este modo en elementos sumamente preciados, por lo que los fieles aspiraban a su posesión y tenencia, situación que se acentuó, más si cabe, merced a la mentalidad maravillosista del Barroco. Por ello a las reliquias que custodiaban parroquias, iglesias, catedrales y conventos, vinieron a sumarse las de uso particular. En unas ocasiones las reliquias eran introducidas en pequeños receptáculos que, dotados con una argolla y decorados de manera diversa y cuidada, permitían llevarlas colgadas, convirtiéndose además en joyas devocionales. Pero a esta tipología se sumaron ejemplares como esta pieza: tableros relicarios que, enmarcados, tenían como destino los oratorios y alcobas de casas particulares y conventos, normalmente de clausura. Tanto con los medallones relicario como con estos cuadros relicario, sus propietarios buscaban, encomendándose al santo respectivo, la protección divina. En este caso el carácter protector de esta pieza resultaría triple gracias a la imagen de San Sebastián, las reliquias de los cuatro santos mencionados y los cuatro Agnus Dei.
 

Cuadro relicario. Detalle

 

Dadas las características de la pieza, este cuadro relicario debió de ser realizado por las propias religiosas del convento que, expertas en el llamado "trabajo de monjas", lo habrían ejecutado dando unidad y realce a las piezas devocionales más sobresalientes del conjunto (escultura de San Sebastián, vestigia y Agnus Dei). Probablemente estos últimos objetos habrían sido entregados como dádivas por alguno de los numerosísimos benefactores con los que contó este cenobio, entre ellos familias como los Bernedo, Azpíroz, Lizarazu, Ibero, Elordi, Solchaga, Olagüe y otras muchas, algunas de las cuales tuvieron miembros en altos cargos de la Iglesia e incluso en Roma. 

Debemos situar la cronología de este cuadro relicario en los inicios del siglo XVIII, tal y como nos indican las características estilísticas del marco, una fecha que viene además sustentada por la cronología de los Agnus Dei, que fueron moldeados en el año séptimo del pontificado de Clemente XI (1700-1721), es decir, en 1707.


BIBLIOGRAFÍA:
AYAPE, Eugenio, Monasterio de Agustinas Recoletas de Pamplona. Apuntes para su historia, Recollectio, 5, 1982, pp. 189-291.
SÁENZ RUIZ DE OLALDE, José Luis, Monasterio de Agustinas Recoletas de Pamplona. Tres siglos de historia, Gobierno de Navarra, 2004.
Santuarios de lo íntimo. Retrato en miniatura y relicarios. La colección del Museo Soumaya, México, Telmex-Museo Soumaya, 2004.